Los Diezmos de Olancho

JOSE E DIAZ

I – Canto de la Tierra oprimida
En los montes de Olancho, donde canta el viento,
donde el río murmura con voz de lamento,
se alzó la campana de un viejo tormento:
¡El diezmo injusto, tributo sangriento!

Bajo el sol de Manto y el cielo de Silca,
campesino y labriego con mano sencilla,
hartos de abusos, de peso y rodilla,
se alzaron por honra, por pan y semilla.

II – Los Héroes del machete
No vinieron de palacio ni lucían corona,
eran hijos del polvo, del monte y la zona.
Francisco Zavala, con mirada que entona,
y Bernabé Antúnez, lanza que razona.

Milicianos de antaño, caudillos del llano,
alzaron machetes con firmeza en la mano,
convocando al jornalero, al indio temprano,
al artesano pobre, al hombre soberano.

“¡Basta de diezmos! ¡Basta de cadenas!
¡Hoy grita la tierra y ruge con penas!
¡Hoy lucha Olancho con fuerza de hiena!
¡Hoy cae el tirano si el pueblo se ordena!”

III – La guerra justa
Y ardió el Portillo, y tembló la sierra,
la patria escuchaba el rugir de la guerra.
Cayeron los hombres, pero no la tierra,
que sembraba victoria con cada derrota que encierra.

Pero el fuego enemigo llegó con traición,
y el gobierno aplastó con feroz represión.
A Bernabé degollaron sin redención,
a Zavala lo fritaron en cruel exhibición.

IV – La sangre y la llama
Y Manto lloraba, y Manto ardía,
el presidente, como Nerón, lo decía:
“Que el humo de muertos suba hasta el día,
que sepan los pueblos lo que desafía.”

Mas de entre las cenizas, surgió la memoria,
como un ave que canta y teje la historia.
Los hijos del monte, guardianes de gloria,
no olvidan los nombres que forjan victoria.

V – Legado inmortal
Y hoy canta la loma, y el río lo cuenta,
que hay sangre en la tierra, pero está despierta.
Que Olancho no muere, ni cede ni renta,
pues guarda en su alma la causa más cierta.

Francisco y Bernabé, valientes de acero,
héroes del pueblo, machete y sendero.
No fueron vencidos, no fueron primero,
fueron llama y ejemplo del justo guerrero.

Epílogo del poeta

Y tú que preguntas por ellos, escucha:
en cada injusticia su nombre relucha.
Y cuando el poder con sangre se embucha,
renace Olancho, machete en la lucha.

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