abro los ojos queriendo volver a cerrarlos
cantan pájaros. truenan pisadas. la luz se abre paso inclemente
hago fuerza y ansío sueños
así sean pesadillas
cualquier lugar despojado de materia
pero el esfuerzo es inútil
el corazón pide paz. implora
mientras el cuerpo necesita angustia
se alimenta de ella
es combustible que quema mientras se consume
es la asquerosa razón de ser
insaciable expectativa
me empuja, cruel, a levantarme
a afrontar lo imposible
lloro en silencio y siento su dentadura despedazar mis entrañas
me mata atragantándome de vida
y salgo a la batalla derrotado
apabullado sin recibir el primer golpe
ovejita negra y dulce a tierra de lobos
fruna desvestida a campamento de gordos
me araña me escupe me empuja y me patea
¿qué o quiénes?
nada y nadie
absolutamente todo
y se ríe a carcajadas cuando regreso humillado a mi guarida
con la luna y las estrellas
el frío propio de la noche
la oscuridad acogedora del final
destapo y bebo de mi elixir
y me siento abrazado por las garras asesinas de la vida
cuidado y confortado
agradecido perdedor
despierto pero no del todo
esperanzas que no se saben falsas me toman y me besan
me abrazan me susurran me acarician
y creo poder pelear mejor mañana
temor descansa en los confines más lejanos de mi espíritu
su misión está cumplida
por ahora
e intento no cerrar mis ojos cansados
y bebo y bebo y bebo
y siento y siento y siento
mientras existe, así sea como ilusión
vivo por instantes de trágico optimismo
pero ya no aguanto más
mis párpados se cierran
pienso si quiero asegurarme de ya no abrirlos nunca más
y soñar eternamente
ser humo que queda del incendio
bailar y subir a lo más alto
observando el campo de batalla
pero terco me resisto
y no es por esperanza
por estúpido anhelar
es porque miedo, atento siempre a mi estrategia
se levanta y corre a mi auxilio
y es que ¡se cree bueno el hijueputa!
toma mi mano con paternal tenebrosa dulzura
“tranquilo, tranquilo, pequeño
que ya pronto todo estará mal de nuevo”
– M
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