A veces parece que todo se derrumba. Lo que habías planeado se cae. Lo que cuidaste con tanto amor se termina. Lo que creíste estable se quiebra. Y entonces pensás: “hasta aquí llegué”. Sentís que perdiste, que fracasaste, que no hay nada más del otro lado.
Pero hoy quiero recordarte esto: no es el final… es el umbral hacia algo nuevo.
Dios no cierra capítulos para dejarte vacía. A veces permite que algunas puertas se cierren con fuerza, para que no tengas dudas de que no debías volver ahí. Y aunque el proceso duela, aunque parezca injusto, también es parte del camino que te lleva a lo que realmente fue diseñado para vos.
El umbral no siempre se ve bonito. A menudo es oscuro, incómodo, incierto. Pero es justamente ahí donde la fe se activa. Donde elegís seguir caminando, aunque no veás claro. Donde confiás no porque todo tiene sentido, sino porque sabés que Dios no te trajo hasta aquí para dejarte sola.
Lo nuevo no siempre llega con aplausos. A veces llega después del silencio, del duelo, del desprendimiento. Pero llega. Y cuando lo hace, entendés que aquello que dolía tanto no era una tumba… era un parto. Que no estabas perdiendo, estabas naciendo otra vez.
Así que si sentís que algo se terminó, no tengas miedo. No es tu final. Es el comienzo que todavía no podés imaginar.
«He aquí, yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz. ¿No la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.»
Isaías 43:19
OPINIONES Y COMENTARIOS