TÙ, MI CUENTA CUENTOS

Había una vez una señorita a la que le gustaba leer muchos cuentos. Le llamaban especialmente la atención aquellos que narraban el rescate de las princesas, y aún más si describían tan bien a los príncipes que podía enamorarse de ellos. Ella realmente los idealizaba tanto que soñaba con encontrar a uno de esos príncipes.

Este joven no tenía los ojos celestes; tenía los ojos negros como la noche. Sí era alto, pero no medía 1.90 m, así que muchos podrían creer que no cumplía con los estándares físicos de los príncipes de los famosos cuentos. Sin embargo, había magia en él, en su forma de ser, y esa magia era amor.

Ella tenía mucho amor para entregar y deseaba recibir amor de ese chico. Ambos se dieron cuenta de que el sentimiento era mutuo, y por ello junio se volvió el mes favorito de los dos. Sin embargo, muchas veces a ella aún la embargaba el hecho de sobrepensar las cosas, por lo cual algunas noches se hacían largas.

Él era una persona que deseaba acompañarla de todas las formas posibles. Así, una noche en la que eran aproximadamente la 1:00 a. m. y ella no podía dormir, le envió un mensaje pidiéndole que le contara un cuento para tratar de descansar. Recibió un audio de aproximadamente tres minutos con un cuento parecido a los que tanto le gustaban, de esos en donde al final la princesa vivía feliz para siempre. Ella sintió tanto amor al escucharlo que le dijo:

—Más que el cuento, que me encantó, me enamoré una vez más de tu linda voz.

Así, cada noche, ella recibía un cuento. Él una vez le dijo:

—Déjame ser tu cuentacuentos personal.

Y ella anheló tanto que solo él lo fuera para siempre.

Lo que ella no sabía era que, algunos días, ese joven le enviaba cuentos escritos por él mismo, ya que compartían el mismo gusto por la literatura y también disfrutaban escribir historias en sus tiempos libres.

Ella hizo una colección de los audiocuentos que él le envió durante más de un año, tiempo en el que mantuvieron aquella historia tan linda. Pero actualmente, por “motivos del mundo real”, él ya no le envía más esos audios. Ella ya no puede escucharlos como antes, y solo algunas veces, cuando la noche se vuelve larga, los reproduce en volumen bajito.

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