La vida es cuesta arriba, pero la vista… es genial

La vida es cuesta arriba, pero la vista… es genial

Albina Morinka

27/06/2026

Quizás…


De repente, sin aviso, el dolor volvió. El cuerpo comenzó a temblarme, las manos me sudaban, pero solo sentía un frío abrazo de la noche, solitario.

Un vicio me atrapó y por un minuto me sentí en el limbo entre la vida y la muerte. Cuando pude volver a respirar con calma, ya era demasiado tarde; mi rostro yacía en las lágrimas, lágrimas que me arrebataban aire otra vez…

¿Cómo lo controlo? Mi cuerpo y mi cabeza no parecían estar conectadas como si no encajaran una con la otra. Pero de eso depende el cómo me ve el resto; ¿Qué puedo hacer? ¿Cuándo aprenderé? No quiero ser como soy, no quiero. Pero… ¿Cómo quieres que desaparezca en una noche, lo que provocaste toda una vida?

Muchos viven experiencias que cambian el curso de su vida y aprenden de ello, yo porque no.

Ya no quiero seguir perdiendo; es difícil competir con un monstruo que tú misma creaste y tratar de ganar. Quizás doy por hecho que voy a perder y no me esfuerzo un poco más.

Quiero mi vida devuelta; siento un vacío sin fin que emana de mi interior, me consume, me lastima; poco a poco siento como me asesinan aún estando viva.

Siento que no respiro, como si ya no hubiera más oxigeno en todo el mundo, y me congelo. Es como flotar en la nada, pendiendo de un hilo sin fin que cada vez me aleja más y más de todo lo que importa y el resto que lo rodea.

Sabes que es lo peor de sentirte solo… No importa de nada lo que te rodea; da igual si hay 100 personas a tu alrededor; nunca dejas de sentirte así; te consume al punto de robar todas tus fuerzas, como si de la nada algo te desconectara.

Muchas veces me pregunto como serían las cosas si yo no estuviera. Pienso que todo sería mejor, así todo sería fácil, ¿no? Aunque es algo que desconozco, ¿Cómo podría estar segura de algo que jamás pasó? Sé que solo, quizás, el conocerme ayuda o alegra a alguien el saber de mí. Solo quizás…

No sé si realmente sea de ayuda escribir todo esto; si ayude a sentirme mejor con mi chispa interna, poder aceptar cada parte de lo que me hace ser yo, el llegar a saber más de mí, eso quiero. Quizás puede que sirva, aunque sería simple parafraseo decirlo tan anticipadamente.

Solo espero poder tener el valor para lograrlo y quedarme hasta el final sin importar lo que tarde. Desearía tener el valor de alguien más porque el mío aún no lo recupero… No del todo.

Lo difícil no es sentir, lo difícil es que sea correspondido. ¿Cómo saber si está bien o no? Sería más fácil no sentir que de 10 veces 9 mandara tu cabeza y no tu corazón. Duele.

Pero somos masoquistas con todo lo que nos rodea. A pesar de que sabemos que hace daño, pareciera que somos incapaces de soltarla. Vivimos aferrándonos a algo (o alguien) que sabemos nos lastimara, pensando que algún día eso cambiará, tratando con todas nuestras fuerzas de encontrar un futuro sin importarte como de destrozar en el presente. Te preocupas encarecidamente que no tenga un mal día; aunque no seas tú quien se lo alegre, no importa cuanto lo intentes; es como si mientras más lo intentes, más fallas.

De pronto sientes que ya no puedes más y quieres alejarte para tratar de romper ese vínculo que solo tú sientes. Pero… ¿Por qué no lo haces?… Porque en el fondo sabes que no le importará y eso te hace sentir peor. Esa necesidad de buscar en otro lugar lo que no tienes dentro te hace crear una dependencia emocional que no sabías que podías tener. Lo peor no es lo que te hace sentir, sino lo que tú mismo puedes sobre pensar.

El problema es que da igual cuanto trates de mejorar, el dolor es inevitable, y aunque te cueste aceptarlo te hace crecer y avanzar. El dolor te hace fuerte, una vez que aprendes de él.

Porque ahora (en esta etapa) estás ciego, puedes pero no quieres y no hay peor ciego que el que no quiere ver lo que está frente a él. En el momento que te quitas esa «venda de azúcar» sabrás que es hora de seguir tu propio camino… Solo.

Muchos ven la soledad de una manera triste, negativa o dañina; lo que no logran entender es que (de cierto modo) esa soledad te ayuda; es como si la vida te estuviera dando un momento para pensar, sentir, entender todo lo que estás pasando.

(Para una persona que está acostumbrada a estas en soledad, lo último que pediría sería ayuda, pues creen que sería darle al resto una molestia o una carga que no tienen por qué soportar).

Y es difícil, pues a pesar de todo te callas; sin darte cuenta te acostumbraste a creer normal el batallar en silencio y reprimir todo lo que estás sintiendo por un mal hábito formado en tu pasado. Déjame romper esa burbuja, pues es algo que desde ahora hay que aclarar para poder continuar como se debe. No estás hecho de acero. NO ESTÁS VACIA. No estás solo.

Y claro, toma tiempo entender eso, es complicado. Pero la mejor parte no es cuando termina (por lo que sea que estés pasando), la mejor parte es cuando miras hacia atrás todo lo que haz avanzado y te das cuenta que haz tenido el valor de no rendirte para afrontarlo. Si alguna vez pensaste en tirar la toalla, y no lo hiciste, te felicito porque quizás no quieras que el resto se entere de tu dolor; lo lograrás. No mentiré, será muy duro.

La vida es cuesta arriba, pero la vista… es genial.

Hay un dicho: «El valiente vive». «Hasta que el cobarde quiera». Pero qué pasa si eres tú batallando contra ti mismo, ese arrebato de adrenalina que te da cuando sientes que se te escapará todo eso que quieres decir, pero tú mismo te frenas, ¿es confuso, no?

(junio 21/2:12am)

Nunca (desde que tengo memoria) he sabido como expresarme (en todos los sentidos). No soy buena con las palabras, no sé dar una explicación sin trabarme al hablar, no ser sutil, delicada, sociable o comunicativa; no logro entender a los demás que están a mi alrededor. Todo sería más fácil si pudiera leer la mente, saber qué piensan, poder entender el porque detrás de sus acciones o palabras, pero no puedo…

Ni siquiera logro entenderme a mí. Quisiera poder decir cómo me siento realmente o poder actuar como es «debido», ser más «normal». No logro entender la capacidad que tengo para poder hacer que las personas se alejen de mí, como si yo misma quisiera sabotear todo el tiempo. Es muy doloroso sentirse así de sola.

Aunque no puedo culpar al resto por algo que yo sola provoque, se me hace muy difícil poder controlar ese impulso involuntario de alejamiento, y no saber cómo expresarlo es aún peor. Pero tengo miedo, miedo de volver a sufrir.

Tengo mil defectos y fallas, pero la verdad es que (específicamente tú) no quiero que te vayas. No te quiero lejos; eres todo eso que no sabía que necesitaba. Aunque muchas veces pienso que sería más fácil no habernos conocido, no me arrepiento de haberlo hecho.

Eres quien me altera de toda forma posible, haces que mis nervios exploten pero a la vez me traes tranquilidad, puedes lograr que mi corazón se acelere y detenga al mismo tiempo, no quiero estar 100% en tu mente, pero quiero ser parte de tu vida (quiero que tú quieras hacerme parte de ella). Sé que tienes metas grandes que cumplir y no quiero detenerte o hacer que pongas esas metas en pausa. Quiero ser quien te apoye en el camino, ser tu compañera de vida, tu confidente, tu mejor amiga, quiero ser quien anime tus días malos, ser con quien te sientas seguro de hablar de cómo te sientes sin temor a ser criticado o juzgado, quiero ser el hombro donde puedas descansar y buscar consuelo si lo necesitas. Quisiera ser tu lugar seguro, donde puedas escapar del exterior, donde te sientas a salvo. Si tan solo supieras lo que siento… o si tú sintieras lo mismo que yo.

(junio 23/2:36am)

Quédate, sé que es difícil o más bien que yo soy difícil, pero quédate. Suena muy cliché, pero es así: quiero tenerte en mi vida, quiero ser parte de la tuya. No dejo de tener miedo. Quizás el día de mañana te levantes y estés seguro de querer estar solo. Desearía que no fuera así.

Hay muchas razones por las cuales decir que no, muchas como para contarlas. Ojalá me vieras como yo te veo. Quisiera que me conocieras, que lograras ver lo bueno en mí, más allá de todo lo que alguna vez te haya hecho querer alejarte.

Y no te culpo, sabes, no soy quien para decidir ni pensar por ti. Y lo que crees es mejor para tu vida; no puedo decirte cómo ni qué sentir. No cambiaría el hecho de haberte conocido, pero sí cambiaría el cómo fui yo. No puedo juzgar el por qué de cómo eres ahora, porque desconozco tu pasado y los eventos que te hicieron ser así en el presente; solo quisiera la oportunidad de conocerte para el futuro. No digo que seas perfecto (pues nadie lo es en realidad), la perfección está sobrevalorada, y la mayoría de las personas que fingen ser «perfectas» no logran comprender que en sus imperfecciones está lo que los vuelve perfectos.

Quiero que seas tú mismo, que seas real, auténtico, que me permitas conocerte más de lo que he visto hasta hoy (lo que me has permitido ver de ti). NO QUIERO QUE TE VAYAS. Pero no puedo obligar a quedarte. Tienes esa visión que me hace falta, eso de lo que por mucho tiempo intenté escapar. Tu seriedad y firmeza, tu manera de ver más allá, tus ganas de querer mejorar.

Si tan solo pudiera decirte todo esto sin sonar absurda, patética o exagerada al hacerlo…

Ojalá quisieras estar conmigo, ojalá me quisieras como yo a ti.

(junio 28/8:20pm)

Odio no poder odiarte, odio no poder abrazarte, tomarte del brazo en la calle, no poder estar cerca de ti cuando quiero. Odio cuando tus ojos brillan por alguien que no soy yo; odio el hecho de saber que detrás de esa puerta hay muchas otras que se te gustarán más que yo, que son más lindas, más graciosas, sociables, femeninas que yo… Odio que a pesar de todo no pueda odiarte.

Quisiera saber qué pasa por tu mente cuando me vez, o cuando hablamos; cuando estoy cerca, quisiera saber cómo me veo a través de tus ojos. Ojalá pudieras verte a través de los míos.

Eres todo lo que me desespera, pero aun así quiero mantenerte cerca todo el tiempo, porque sí, hay muchas diferencias entre tú y yo. Pero no es algo malo; en realidad, está más que claro que no hay persona perfecta. Ojalá entendieras que esas cosas que nos diferencian son lo que nos hace ser un complemento para el otro. Antes quería ser más parecida a lo que te rodea (lo que es parte de tu círculo). Pero después lo entendí; no tengo que convertirme en ti, si no que tengo que convertirme en mí. Saber y tener claro que quizás el día de mañana tomemos caminos diferentes y aún así poder tener la capacidad de sentirme completa. No quita el hecho de que (por ahora) seguimos en la misma línea, claro que con metas diferentes. Sí, el día de mañana ya no estás en mi vida ni yo en la tuya. Solo quiero decir gracias.

Gracias por llegar cuando era hora de un cambio, en el momento justo sin darte cuenta. Dicen por ahí que las personas llegan a tu vida no cuando quieres, si no cuando lo necesitas. Y, carajo, ahora veo que necesitaba (pero no quería) alguien como tú, en el momento que creí/querí tener que apartarme de todo y de todos. Conocerte en ese entonces, y aprender a ver un poco más allá en ti hasta hoy, me ha enseñado mucho sin darte cuenta. Como si dos mundos totalmente opuestos chocaran y que poco a poco se fue formando un ecosistema tan exótico como complementario.

Solo espero que el día que nos separemos, me recuerdes, porque yo no me olvidaré de ti y de todo lo que viví mientras te tenía en mi vida… Así que (y con mucho dolor lo digo), si algún día tomamos caminos diferentes, no me quedará nada más que darte las gracias. (Dicen por ahí que cuando dos personas están destinadas a estar juntadas, el destino de una manera u otra se encarga de juntarlos, pero si al momento de separarse sus caminos no se topan es porque no se pertenecían en realidad y solo que su historia como un recuerdo más)…

ODIO NO PODER ODIARTE.

(Julio 2/8:47pm)

«Los pensamientos son pasajeros», «nada es para siempre», los sentimientos son parte del camino y la conexión, si es sincera, durará toda tu vida. ¿Será posible lograr esa conexión entre nosotros? No quisiera ser parte de tu olvido, ni ser una más (insignificante) en tu presente.

Quisiera que llevaras una parte de mí contigo, que pienses en mí y tener un pequeño espacio en tu memoria… Sin necesidad de ser invasiva en tu final. Sin forzar nada, que quieras estar cerca de mí.

Lo triste es que me paso pensando en cómo serían las cosas en un futuro, dejando que se me escape el presente y llenando páginas de «quiera», «ojalá», «desearía», simples palabras sin acciones; tal vez por eso no concreto nada, pero qué ganaría actuando… Simplemente lograría que te alejaras y no es algo que quiero. Si dijera todo lo que escribo, probablemente te asustes pensando quizás que estoy dramatizando o exagerando, pero mientras más guarde y reprima esto que siento, solo será más doloroso para mí, cosa que no cambiaría mucho si lo digo, pues tu reacción (que podría imaginar de muchas maneras cual sería es desconocida para mí) también provocaría dolor.

Ya no voy a pretender ser algo que no soy (aunque para ser sincera sigo descubriéndome), pero no puedo mostrar mi verdadero yo del todo. Espero poder alcanzar a conocer cada faceta de mí y lograr vivir más de una contigo. Si el tiempo me lo permite.

(Debí haber comenzado a escribir esto desde que te conocí, pero, en ese momento, no sabía lo importante que te volverías en mi vida, así que comencé cuando ya no podía seguir guardándolo. Así que todo lo que he no te he podido decir en persona).

(Julio 7/9:54pm)

Estás raro, lo puedo sentir, cada día un poco más distante que el anterior, como cuando tratan de suavizar un golpe o la toma de una decisión, así, preparando el terreno. No me gusta, no me gusta cómo se siente; cualquier lugar se comienza a sentir cada vez más frío y silencioso; no me gusta.

De todas las veces que pensé en el día en que ya no estarías, el dolor no se le compara al que estoy sintiendo ahora. Ya no quiero que continúe creciendo.

Lo peor es que en algún momento inconscientemente supe que esto pasaría tarde o temprano y aún así decidí seguir adelante. Eso es masoquismo en todo su esplendor.

Está bien, de cierta manera yo provoqué todo esto, pues te permití pasar esa barrera que le pongo al mundo.

(Julio 12/ 2:46am)

Al parecer ya te decidiste… pensé que podía dejar de lado esto que siento (que ilusa fui). Sentir duele; duele mucho, en especial si no es correspondido, pero podría ser por mi culpa. Dentro de mí hay algo que me dijo todo este tiempo que no llegaría el día en que tú y yo estuviéramos juntos.

Pero es difícil no quererte con mi estúpido, estúpido corazón. Ante la gente siempre he dicho que el amor es un engaño, una ilusión, que es básicamente una droga que libera tu cerebro cuando conoces a alguien y provoca una sensación de encandilamiento que te hace creer que estás «enamorado». Sin embargo, mientras más ocultas o niegas lo que sientes, solo se intensifica más, y en mi caso está pasando así. Mientras más callo, más siento. Y no quiero sentir; quisiera poder desconectar mi corazón y mis emociones, poder controlarlas y que solo mi cabeza tenga el control. Verte como una persona más y solo eso.

Duele ver como solo soy tu diversión (porque así lo siento), como si fuera un simple juguete que tomas cuando estás aburrido y nada más.

La verdad, no sé cuantas veces más tenga que escribir que quiero ser más que eso en tu vida. Lo pienso cada día y ojalá tuviera el valor para decírtelo en vez de solo reprimirlo cada día.

(Julio 18, 6:35pm)

Tal parece, yo no aprendo o simplemente no quiero aprender; me siento tan tonta. Cada día me recuerdo de no quererte más porque sé que me hace daño. Y hay sigo de mensa, así que decidí poner un frasco. Cada que comience a «sentir las mariposas en el estomago», ese cosquilleo en las manos, sentir que el corazón se saldrá de mi pecho, pondré una moneda en ese frasco. (Por muchas dudas personales me aseguré que fuera un frasco lo bastante grande, en caso de…).

Es tiempo que le ponga un alto a esto. Cada vez que trato de analizar los pros y contras de toda esta situación, teniendo en cuenta que son más contras que pros, me sigo aferrando a una idea que no se hará realidad. En serio, quisiera no quererte y pasar de ti como todos los demás a mi alrededor; honestamente creo que todo esto terminaría y podría «liberarme» si me lograra acercar a ti sin nervios y decirte todo esto (o simplemente que leyeras todo lo que me calla ante ti), pero soy cobarde.

Desde muy pequeña le he tenido miedo al rechazo y es porque involuntariamente hice crecer una coraza a mi alrededor y me comencé a alejar de todos. Pues, siempre he pensado que mientras menos gente dejes entrar a tu vida, menos oportunidades tendrás de hacerte daño, ¿no?

(Julio 26/9:23pm)

A pasado cuando mucho una semana y en el frasco hay más monedas de las que recuerdo poder contar. Quizás el día que rompa ese frasco tendré dinero suficiente para irme lo bastante lejos y comenzar de nuevo y solo concentrarme en mí, ¿por qué no puedo hacer eso desde ya?…

Solo quiero detener esto que siento.

(Agosto 6, 4:18 am)

Cosas como estas son las que me confunden de ti. Estos últimos días he tratado de alejarme, ser neutral, y de la nada te da por ser atento y gentil. Y luego, cuando logras notar (creo yo) que baje solo un poco la guardia, vuelves a comportarte frío y distante nuevamente, me haces sentir muy mal y haces parecer que ni siquiera te importa. No entiendo por qué eres así conmigo, lo único que he tratado es que estés a gusto en este lugar y no parece importarte cómo me siento en absoluto. ¿Por qué eres así conmigo?, ¿Qué fue lo que hice?

(Agosto 10 / 8:47pm)

He notado que me has estado observando más de lo normal; no he dicho nada porque en serio ya no quiero seguir agregando «monedas al frasco». Y no es ignorarte, pero ya no dejaré que mis sentimientos sigan creando imágenes ficticias de algo que no pasará. Sí, aún siento las mismas cosas que sentí en un comienzo. Pero no dejaré que el sentimiento me gane; puedo con esto; es una batalla interna que no voy a dejarme ganar.

Pero es curioso, si haces algo y tienes algún «gesto» hacia mí y reacciono como tú lo haces conmigo, parece agradarte en cierto modo porque es como si te incentivara a seguir así; más cuando lo hago yo y eres indiferente a mí, vas a hacer que la cabeza me estalle.

(Agosto 27, 7:22pm)

No lo entiendo, ¿por qué te comportas así? Estos días parecería que te esfuerzas por buscar momentos para compartir o querer estar cerca de mí, pero en cuanto tocan la puerta me tratas como una más del montón y cuando ya es hora de decirle adiós a las visitas vuelves a ser atento conmigo como si no hubieras cambiado tu manera de ser frente a los demás. Actúas así como si nada.

Lo gracioso es que, la única vez que pregunté ¿Por qué hacías eso?, te alteraste alegando que yo estaba exagerando cuando solo hice una simple pregunta que, al perecer de saco de tu centro, para no seguirte incomodando, me fui a la estancia. Fuiste por mí. ¿En serio crees que todo se resuelve con un «lo siento»?

De qué te sirve pedirme disculpas si lo vuelves a hacer; lo que me da a entender es que tus disculpas no son por lo que acabas de hacer, sino que están destinadas a tu próximo «error» y es básicamente un aislamiento de que volverás a actuar del mismo modo.

Es definitivo; al parecer, no soy la excepción, soy la regla. Y no quiero eso.

(Sept 1/1:54am)

Con justa razón, la indiferencia duele más que hacer o reaccionar a lo que sea. Es muy controvertido todo esto; actúas de un modo, pero dices algo totalmente opuesto. Ahora que estás lejos, pensé que sería más fácil el no pensarte siquiera, pero erre.

Vivo y me desvelo pensando si estarás bien. Tengo la necesidad de hablarte y preguntarte cómo estás cada día. Pensé que se acabaría (claro, no de la noche a la mañana, pero creí que se iría este sentimiento).

(Sept 4/6:25pm)

Ni siquiera mis noches me ayudan, si no te pienso, te sueño… no es justo; tal vez tú no pienses en mí y yo aquí pensando cómo hacerte feliz incluso estando lejos.

(Sept 9, 2:20 am)

Aún siento lo mismo; me atrevería a decir incluso que un poco más.

Es muy cierto, el amor es lindo… cuando es correspondido.

(Sept 11/10:49pm)

Supe que te quería, cuando me abrazaste… y por dentro estaba deseando congelar el tiempo para que ese abrazo fuera eterno.

Hay un dicho muy común y escuchado, dicen por ahí: «la fe mueve montañas» y para ser sincero no sé si será cierto. Quizás ese dicho lo inventaron solamente para que las personas tuvieran algo en lo que creer, para que no perdieran la esperanza, ¿no? Pero qué voy a saber yo (es muy curioso como puede funcionar el cerebro y las reacciones hacia la acción misma).

Debe ser muy común el miedo al cambio, pero en este caso, le temo a lo que pueda descubrir de mí.

Necesito ocupar mi mente en algo, algo que no me recuerde a ti. Estás en todo, en todas partes.

¿Cuándo acabará esto?, las emociones no son lo mío; personalmente creo que es un tema muy complicado de tratar y explicar. Y expresarlo es aún peor de complicado, ósea… como saber si está proyectando la emoción correcta, en el momento y lugar adecuados.

Debería existir un manual para todo esto.

He visto por ahí y he leído también más libros de los que recuerdo. Sobre cómo saber que sientes, cómo adecuarte, cómo saber si te ama, o si lo que sientes es amor, etc.

En realidad me confunden aún más, pues todos tienen puntos de vista muy diferentes unos con los otros; la palabra que justamente ahora describiría cómo me siento es… confusa.

(Sept 13/11:38pm)

Ese frasco sigue llenándose cada día un poco más, y de alguna manera el verlo me hace sentir mal conmigo, y como una persona irracional que creo ser, hice lo que creí mejor en ese momento de arrebato: cubrí el frasco dejando solo a la vista la pequeña rendija para las monedas (aunque, pensándolo bien, ¿por qué lo compré transparente?, qué ilógico, ¿verdad?)

(Sept16/2:11am)

Espero que esta costumbre de quererte en silencio algún día se detenga. (Querer que sea a viva voz sería muy improbable de pasar, además de ser muy pretencioso de mi parte pedir algo así.) En serio, me encantaría ser lo suficientemente valiente como para verte de frente y decirte todo este, o como yo le digo (de una manera muy bizarra o explicita) tener un vomito verbal.

Sin temer de tu respuesta o reacción, más bien, sin tener miedo al rechazo (que en cierto modo imagino que así será).

(Sept 20/12:00am)

No las veo, pero las escucho al caer. Pero a eso no le tengo una solución lógica o coherente (¿existirán los frascos a prueba de ruido?… hmm, que tonta pregunta).

La razón y el sentimiento deberían venir unidos desde el primer momento. Para que así (creo yo) fuera un poco más sencillo sobre llevar cada día las nuevas experiencias que se te presentan.

(Sept 27, 10:07pm)

Podría decirte tantas cosas… pero si te fijaras en mis ojos, en la manera de mirarte, si le prestaras atención, deberías saberlo todo. (En una manera más romántica de decirte lo que me provocas), y es que eres lindo, y no me refiero a físicamente hablando, si no que eres una bonita persona (cuando no actúas como un tonto), no de esas que se acercan y te roban un suspiro; eres de esas personas que cuando están lejos sientes que te falta aire. Así me siento.

(Oct 2/3:27am)

Tengo que dejarte ir; si no te nace hacer algo por mí, no puedo pedírtelo, sería como someterte a algo involuntariamente.

Obviamente no existe una persona perfecta (pero sí creo que las personas, dentro de todo lo que las hace ser como son, no necesitan ser perfectas, si no complementarias). Yo no soy de expresarme hablando, no es lo mío. Y claro, siempre habrá alguien que te prometa cruzar el océano por ti, bajarte la luna, o regalarte las estrellas. Pero también habrá alguien que se lanzará al agua y nadará para alcanzarte; te hará sentir en la luna que esas estrellas se reflejaran en su mirada al verte a ti.

Esa es la diferencia; palabras todas, pero acciones, muy pocas.

(Oct 6/6:34pm)

Poco a poco voy aceptando el hecho de que no podremos estar juntos, pero sabes que…

No tienes la menor idea de cuanto te extraño porque aún quiero que seas tú. Aún quiero que seas la última persona en mi vida; estar juntos, pase lo que pase. Buenas, altas, malas, bajas y hasta en las peores.

Ser tu apoyo y tú el mío, completarnos a pesar de ser diferentes. (Qué mal que no todo es como uno quiere, y que hay veces que los caminos al separarse, si solo uno lo intenta, son en vano).

Es difícil correr por alguien que quizá ni está caminando por ti.

(Oct 10, 7:42pm)

Es duro el dejarte ir; es más duro el hecho de que tengo que hacer y no quiero. Tú sigues con tu vida, ¿por qué yo no puedo? En momentos como este es cuando pienso que solo fue de mi parte el haberme encariñado contigo…

Si tan solo fueras claro y conciso (sin ser tan contradictorio).

(Oct 17/11:57am)

Hablar contigo es una de las cosas que más extraño hacer; en estos días he tenido muchas cosas guardadas que decirte; creo que no me siento bien. Se me han presentado muchas ocasiones donde he visto tu rostro en repetidas ocasiones o creo verlo, y es verdad, todo me recuerda a ti. Apareces en todas partes.

¿Acabará en algún momento?

Siento una tortura constate dentro de mí; mi solo subconsciente me traiciona.

(Oct 20/ 7:38pm)

Una pequeña parte en mi interior quiere que sea real esto que estoy sintiendo, que también tú sientas lo que yo.

En este punto me di cuenta de que no está mal sentir. Lo que sí es malo es forzarte a vivir con tus emociones en cautiverio y fingir que no las tienes. Es peor vivir con una agonía interna que pasar por una situación que solo dolerá un momento.

¿Tienes miedo? ¿Temes quedarte solo? ¿Qué al final nadie te recuerda? Está bien, es normal pasar por momentos de temor; si no sintieras temor no serías humano, pero no tiene nada de malo tener emociones, es parte de ti; creo que ya lo he repetido las veces suficientes. Pero si es necesario lo seguiré diciendo.

Está bien no estar bien.

Repite eso en tu cabeza las veces que sea, las que creas necesarias, hasta que termine grabado en tu memoria. Han pasado días que no he puesto mis pensamientos en papel, y créeme que he tenido muchos sentimientos encontrados este último tiempo, pero lo afronté, fui directamente y lo confesé. Y en realidad sí me ayudó bastante poder decirlo. Al principio, no niego que me dolió el resultado, pero quizá eso necesitaba ser lo que me hacía falta para liberarme de ese dolor.

(Probablemente nunca leas esto, pero te agradezco por todo lo que hiciste y por lo que no te nació hacer, por ayudarme inconscientemente a poder finalizar una etapa que, como ya lo dije, solo yo viví; ahora entiendo que solo una ilusión de mi parte; a pesar de tus señales tan contradictorias y confusas, entendí que no debo preocuparme por lo que no puedo controlar y eso también está bien. Te agradezco).

(Nov 6/23:57 pm)

Cada vez es un poco más complicado escribir esto. Siempre digo que dejaré de hacerlo y que la anterior es la última página, pero vuelvo a escribir. ¿Estaré formando un círculo vicioso?

Creo que ya perdí la cabeza, pero si me doy cuenta de eso, debe significar que no estoy tan loca como creo, ¿verdad?

En fin, no seguiré divagando en esto; fuiste parte de un capítulo en mi historia que creo deber cerrar de una vez. Tú no quisiste que fuéramos un todo, y no puedo forzarte a eso. Te quiero lo suficiente para no rendirme, pero no me perteneces, y es en serio, si tan solo me dieras un indicio de que no fue una simple ilusión… Aunque pedir que eso pase solo haría que me siga engañando a mí misma. Ya entendí que no somos del mismo radar, e intenté que fuera así. Quise con tantas fuerzas hacerte ver que me importas que tal vez sin querer hice que te alejaras más. Tú quieres comerte el mundo y me encanta que siempre quieras aspirar a más, que te esfuerces por conseguir tus metas a futuro, que inconscientemente quise ser parte de ello y a un lado tuyo en ese carril hacia el mañana, que me perdí.

De mil maneras te di afecto e interés, que tal vez ese fue mi error. Traté de comenzar algo sin saber si realmente sentías lo que me hacías creer, y ahora estoy haciendo justamente lo contrario, queriendo terminar algo que nunca comenzó.

(Nov 10/12:24 am)

Hoy te pensé todo el día, como una dulce melodía pegada en mi memoria, y no entiendo por qué. No te he visto últimamente como para pensarte tanto; debe ser mi cerebro jugándome una mala broma, espero.

Supuestamente, cuando piensas mucho en alguien, es porque esa persona también se está acordando de ti, pero en este caso lo dudo. Ahora pienso que ese tipo de cosas son simples palabras endulzadas para disfrazar la realidad en un lindo engaño, que tal vez parezca inocente, pero que si no lo controlo, me traerá más ilusiones a futuro y ya no quiero seguir teniendo ilusión de nada que se refiera a esto o a ti…

Tengo que despertar; he pospuesto esto tanto tiempo que me parece una eternidad, que le he dado más importancia de la que debería. Y quisiera saber por qué lo hago, pero no lo entiendo. No sé si seré pasional o intensa a la hora de querer a alguien, pero no creo que esté bien, o al menos en este caso. Quizás no encaje en tu estándar de belleza exterior y si no paso esa barrera tuya, muy difícil podrías haber averiguado si internamente te parezco bella, dentro de mi imperfección. mejor dicho, dentro de mi abstracta belleza.

(Me siento una hipócrita conmigo misma, como si llenara páginas y páginas de nada, que todo esto que escribo sea una simple vía de escape para todo lo demás en mi vida.)

(Nov 21/6:35 am)

Tiene que ser una mala broma; otra vez no puedo dormir porque, incluso cerrando mis ojos, te veo…

Me sigo repitiendo lo mismo una y otra vez. (solo es mi imaginación, solo es mi imaginación…) ¿Qué otra cosa puedo hacer? Ya me estoy quedando sin ideas para dejarte ir de todos los modos posibles, y es bastante controversial lo que hago, pues quiero borrarte de mi memoria, pero mientras más lo intento, más me esfuerzo para no lograrlo; eso me mata. 

(Nov 27/4:43 am)

Hoy bebí en nombre de tu ausencia; alzando mi trago al aire, brindé por ti. Pude hacerlo, pues no había nadie aquí conmigo. Me gustó recordarte sin sentir melancolía.

¿Qué es el amor? Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.

Creo que es una descripción bastante limitada para algo que genera tantas emociones latentes a flor de piel. Es cierto que debería haber un manual para esto, pero de qué serviría guiarse por algo que te diga cómo hacer o sentir. El amor es por mucho una de las sensaciones más vivas y bellas que experimentar en la vida; sin embargo, navegar en ese amplio océano sin rumbo y sin saber tripular lo hace un camino tan confuso como doloroso.

Y sería muy poco humano desear poder desactivar sus emociones con un simple interruptor.

Los hombres y las mujeres pueden experimentar el amor de manera diferente, pero esto no significa que uno sea mejor que el otro.

Las mujeres necesitan recibir atención, comprensión, respeto, devoción, validación y seguridad. Los hombres necesitan recibir confianza, aceptación, aprecio, admiración, aprobación y aliento

amar de formas diferentes no es malo, son esas diferencias las que hacen el complemento perfecto, ¿no?

Cuando te enamoras perdidamente, la sensación de seguridad y bienestar es invaluable. Cuando te demuestran ese mismo amor a través de afecto, como muestras de cariño y contacto físico, es aún más vivida esa emoción.

¿Quién diría que todo eso es provocado por un químico tan pequeño como la dopamina, que hace su trabajo activando un circuito de recompensa y haciendo así del amor una experiencia placentera?

Y sí, hablar de amor es una cosa, todo bien con eso, pero hablar de un amor que sientes o sentiste es muy diferente a como lo pintan. Ahora el amor es transgresor: convierte a los enamorados en cómplices que trabajan por la justicia. Somos muchos más que dos. Decir “te quiero” es un acto subversivo en un tiempo en el que, se nos enseña antes a odiar y a ser indiferentes que a amar.

(Ene/04 22:50pm)

Han pasado casi 3 semanas desde que dejé esta ilusión en el «olvido», y claramente no dio resultado. Mayormente, mientras más ocupaba mi cerebro en cualquier tipo de actividad, lo único que pensaba es que serían más divertidas hacerlas con su compañía. Y siento que ya es demasiado repetitivo continuar con la misma historia; es como entrar en un bucle.

Necesito dejarlo ir, tengo que hacerlo.

Hoy volví a ver tus fotos y publicaciones; al parecer, me he vuelto masoquista contigo. Sé que me hace daño porque tú continuaste tu vida y yo, a pesar de que he cambiado muchas cosas en la mía, sigo pensando en ti.

(¿Acaso no es suficiente?)

No pensé que diría esto, pero… tengo dependencia emocional de ti. Y no me gusta. 

…no puedo decirte qué hacer, ni obligarte a encajar en un espacio que quizás ya no sientes como tuyo. Sería egoísta de mi parte pedirte que te quedes a ordenar un desastre que yo misma provoqué.

Un silencio pesado inunda la habitación, interrumpido solo por el tic-tac del reloj que marca las tres de la mañana. Me quedo mirando la pantalla del teléfono, con el cursor parpadeando al final de este texto que parece más una confesión que una simple nota. Mis dedos tiemblan sobre el teclado. Escribir todo esto se siente como desnudarse bajo la lluvia: frío, vulnerable, aterrador.

Me doy cuenta de que, durante mucho tiempo, busqué que tú fueras mi salvavidas. Quería que tu presencia silenciara al monstruo en mi cabeza, que tus manos sostuvieran las mías cuando el mundo se congelara. Pero el vacío no se llena con otra persona. La dependencia es un hilo invisible que te amarra al fondo del océano esperando que el otro aprenda a bucear para sacarte. Y eso no es justo para ti. Ni para mí.

Cierro los ojos y respiro profundo, forzando al oxígeno a entrar en mis pulmones. Esta noche no voy a borrar lo que escribí. No voy a reprimir el impulso de sentir. Si la soledad es un maestro, entonces me toca sentarme a escuchar la lección, por más dolorosa que sea. Acepto mi miedo. Acepto mis mil defectos y este hábito maldito de sabotearlo todo antes de que me lastimen. Pero también acepto que sigo aquí. No tiré la toalla.

Guardo la nota. Bloqueo el teléfono y lo dejo sobre la mesa de noche. Me acuesto de lado, abrazándome a mí misma mientras el frío de la noche empieza a ceder ante el cansancio. Mañana el dolor volverá a la carga, lo sé, la mente volverá a pelear con el corazón. Pero por ahora, en este instante de penumbra, decido que voy a empezar a recuperar mi valor. Aunque sea de a poco. Aunque me tome una vida entera.

La vista desde la cima me espera, y pienso caminar hacia ella, incluso si me toca dar los primeros pasos en absoluta soledad. 

No te mueres por falta de aire; te mueres porque el aire que entra quema. Hay una línea muy delgada entre estar vivo y simplemente ocupar un espacio en el mundo, respirando por inercia. Yo cruzaba esa línea todas las noches a las dos de la mañana, cuando el ruido del día se apagaba y me tocaba  quedarme a solas con el único enemigo al que nunca he podido ganarle una discusión: yo misma. 

El dolor no avisa. No es como una tormenta que ves venir en el horizonte; es un terremoto interno que te quiebra los cimientos sin que se mueva un solo pelo de tu cabeza. Por fuera , eres una persona normal que compra café o sonríe por compromiso: por dentro, eres un edificio en demolición. Esa desconexión entre el cuerpo y la mente es la peor forma de locura. Es sentir que tu cabeza va a mil kilómetros por hora mientras tus extremidades pesan toneladas, atrapadas en el barro de un pasado que insiste en no ser olvidado. 

Me obsesionaba la mirada del resto. Vivía actuando, montando un personaje perfectamente funcional para que nadie me preguntara que había detrás de mis ojos apagados. Por que si preguntaban, no sabría que responder. ¿ Como le explicas a alguien que le tienes miedo a tu propia sombra?¿Como confiesas que el monstruo que te persigue tiene tus mismas facciones y habla con tu misma voz?

(Ene 7/3:14 am) 

Hoy me mire al espejo durante diez minutos y no me reconocí. me toque las mejillas, el cuello, buscando algo que se sintiera mío, pero loso encontré una piel fría. Me da pánico darme cuenta de que me he convertido en una experta de la desaparición física estando presente. 

Estoy tan cansada de ser la persona que siempre lo entiendo todo, la que siempre perdona, la que siempre justifica el desprecio de los demás con un «es que el/ella es así». ¿Y yo que?¿Cuando me toca a mi ser la prioridad? Siento una rabia sorda en el estomago. Una rabia que no sale en forma de grito, sino de nausea. Nos enseñan a ser buenos, pero nadie nos advierte que ser demasiado bueno en un mundo roto es una forma lenta de suicidio emocional. 

(Ene 8/1:45 am)

Es ridículo como nos aferramos a la gente que nos hace daño solo porque el dolor que nos causan es un dolor conocido. Le tenemos tanto a la incertidumbre de la soledad que preferimos morir a pausas en brazos de alguien que no nos quiere, o que nos quiere a medias. Y el amor a medias no es amor; es una migaja que aceptas porque crees que tienes el estomago vacío. 

Hoy quise escribirle. Tuve el teléfono en mi mano, borre el mensaje tres veces. El texto decía: «Por favor, mírame». Que maldita vergüenza sentir que tu vales depende de que otra persona decida responderte un mensaje de texto. Tengo un vacío aquí, justo debajo de las costillas, que parece un agujero. El peso de la Dependencia.

La dependencia emocional es una droga limpia. No te deja marcas en los brazos, pero te pudre el juicio. Te convierte en un mendigo de afecto. Pasas los días calculando tus palabras para no molestar, modulando tu tono de voz para resultar agradable, anulándote por completo con tal de que esa persona no confirme tu mayor temor: que eres perfectamente reemplazable. Lo mas doloroso de este proceso de crecimiento no es descubrir que la otra persona no te quiere como tu quieres. Lo verdaderamente devastador es darte cuenta de que tu tampoco te quieres. Que te has abandonado en el camino para ir a rescatar a alguien que ni siquiera te había pedido ayuda. Es un sabotaje inconsciente. Nos alejamos de las personas que cuándo empezamos a sentir algo real porque el miedo a que nos destruyan es mayor que el deseo de ser felices. 

Preferimos romper el juguete nosotros mismos antes de que venga otro y nos lo quite. Es un mecanismo de defensa estúpido, cruel y dolorosamente efectivo. 

Pero llega un día en el que la «venda de azúcar», esa mentira dulce que te cuentas para sobrevivir al presente, se disuelve con las lagrimas. Te miras las manos y ves el desastre. Ves las noches en vela, los silencios tragados que se convirtieron en gastritis, las humillaciones disfrazadas de «malentendidos». Y ahí, en el punto mas bajo del pozo, entiendes que el dolor tiene una función biológica y psicológica: obligarte a moverte. 

El dolor no esta aquí para destruirte, aunque se sienta exactamente así. Esta aquí para quemar todo lo que no sirve. Para arrasar con las falsas expectativas, con las relaciones toxicas, con la versión sumisa de ti misma que ya no puede sostenerse en pie.

La soledad, esa palabra que tanto nos aterra de niños, empieza a cambiar de forma. Deja de ser una celda y se convierte en un santuario. Un espacio donde nadie te exige nada, donde no tienes que ser la versión perfecta de nadie, donde finalmente puedes llorar sin tener que pedir perdón por el desorden. No estas vacío. Estas lleno de cosas que te dan miedo mirar. Estas lleno de un pasado que no has procesado, de heridas que cubriste con parches rápidos en lugar de coserlas con paciencia. Crecer duele porque implica desaprender. Implica aceptar que la persona que fuiste ayer ya no cabe en el futuro que te mereces.

Te puedo obligar a quedarte en un lugar donde el aire te pese, o donde mi inestabilidad termine por asfixiarte.

El cursor parpadea en mi teléfono; 3:14 am muestra la pantalla, parece que no quiere terminar nunca. Borro la ultima frase. La vuelvo a escribir. la destruyo otra vez. Que ironía tan amarga: pase paginas enteras felicitándome por entender el valor de la soledad, por quitarme la «venda de azúcar», y basto un pensamiento sobre ti para devolverme de golpe a las rodillas, suplicando en silencio que no te vayas. 

Ahí esta el monstruo otra vez. Mi propio monstruo. Ese que creé alimentándolo con cada migaja de atención que me dabas, el que me susurra que si te pierdo, me quedo vacía.

Aprieto los ojos, me duelen de tanto llorar en la oscuridad. Miro mis manos, que aun tiemblan un poco, y por primera vez en mucho tiempo no intento esconderlas debajo de las sabanas. las miro fijamente, son mis manos, no las tuyas. Son las que escriben esto, las que sostienen mi propio cuerpo roto cuando la ansiedad me quita el oxigeno. 

Me doy cuenta de algo que me desgarra el pecho, pero que necesito aceptar: te pedí que fueras mi lugar seguro, pero la verdad es que intentaba usarte como un escudo para no tener que salvarme yo misma. Te ofrecí mi hombro, mi calma, mi confidente, dispuesta a desangrarme con tal de que tu estuvieras bien. ¿ Cuando me va a tocar a mi preocuparme por no tener un mal día?

No vas a contestar este mensaje… por que nunca te lo voy a enviar.

Este texto no es para ti. Nunca lo fue , aunque mi mente adicta a tu recuerdo intente convencerme de lo contrario. Estas líneas son la autopsia de mi dependencia. Es el dolor vivo de saber que quererte me sale natural, pero que quererme a mi me cuesta la vida entera.

Dejo mi teléfono sobre la mesa de noche, boca abajo. La habitación queda en completa penumbra. El frio de la madrugada sigue ahí, pero el vacío en mi pecho ya no se siente como un abismo sin fondo; ahora se siente como un espacio limpio. un espacio blanco que, aunque hoy duela y queme por la ausencia, mañana tendré que empezar a llenar conmigo misma.

Me acuesto y me cubro hasta los hombros. Respiro hondo. El aire entra difícil, raspando la garganta, pero entra. Estoy viva. Mañana será otro día cuenta arriba, y se que voy a tropezar con tu recuerdo un millón de veces mas. Pero hoy, por primera vez, decido no ser la cobarde que se sabotea. Decido ser la valiente que empieza a soltar, aunque las manos le sangren por el esfuerzo.

(Ene 12/3:32 am)

Todavía me duele. Pero ya abrí los ojos.

(Ene 15/2:47am) 

Me diste la peor clase de ausencia: la de alguien que esta, pero ya no para mi. Hoy te vi sonreírle a la pantalla de tu teléfono exactamente de la misma forma en que antes me sonreías a mi. Se me congelo la sangre. Sentí el impulso violento de gritar; de reclamarte, de pedirte que me devuelvas el aire. Pero me frene. Tuve que tragarme el nudo en la garganta porque entendí, con una claridad que me destrozo por dentro, que no tengo ningún derecho. 

¿Como se le reclama fidelidad a un fantasma?¿Como se llora por una ruptura que solo existe en mi? Lo nuestro nunca tuvo un titulo, nunca fue oficial. no fuimos novios, no fuimos nada. Y eso es lo que mas me quema; que me estoy muriendo por un luto que el resto del mundo considera una exageración. Para ti fue un juego, una distracción de verano, un «vamos a ver que pasa». Para mi fue la vida entera. Estoy rota por alguien que ni siquiera sabe que me rompió. Siento la humillaciones corriendo por mis venas, recordándome que creé un castillo de naipes sobre tus promesas silenciosas, y ahora me toca recoger los pedazos yo sola, en el suelo, sin que nadie me pregunte porque lloro. 

(Ene 20/4:10 am)

Hoy dolió el doble. Tu indiferencia es un cuchillo silencioso. Me respondes con monosílabos, tres horas tarde, como si atender mi existencia fuera una tarea obligatoria en tu agenda. Y lo peor no es tu desinterés; lo peor es que mi cuerpo sigue esperando esa maldita notificación como si fuera agua en el desierto. Odio esta versión de mí. Odio revisar tu última conexión. Odio justificar tus desplantes pensando que «estás cansado» o «tienes metas grandes». No estás ocupado; simplemente no te importo. 

Qué dolor tan ridículo y tan real es este amor no correspondido. Es el masoquismo puro del que escribí hace semanas. Sigo buscando tu mirada en una habitación llena de gente, rogando internamente por una señal, una migaja, cualquier cosa que me haga pensar que no estoy loca. Pero no hay nada. Tus ojos me esquivan. Me convertí en un paisaje invisible para ti. He pasado toda la noche abrazando la almohada, temblando, deseando con rabia poder arrancarme este órgano del pecho que insiste en latir por alguien que ya me enterró en su olvido. Me da miedo no saber cómo salir de este bucle. Me da miedo pasarme la vida esperando a alguien que jamás va a llegar.

(Ene 28/11:30 pm)

Hoy di el primer paso. Borré nuestro chat. No lo archivé, no lo oculté: lo eliminé para siempre. Cuando el dedo flotaba sobre el botón de confirmar, sentí que me faltaba el oxígeno otra vez. Sentí que si borraba esas palabras, borraba la única prueba de que alguna vez significó algo para ti. Pero lo hice. Ver la pantalla limpia y vacía me provocó un llanto desgarrador, un llanto de esos que te dejan el pecho adolorido y la garganta seca. Lloré por la ilusión que dejé ir, por la chica que se arrastró buscando amor.

Fui al baño, me moje la cara con agua helada y me mire al espejo. Mis ojos estaban hinchados, rojos, cansados de tanta miseria autoinducida. Me costo reconocerme. Pero en medio de usa ruina, sentí un chispazo muy pequeño, casi imperceptible. No morí. El mundo no se detuvo porque borre tus mensajes. Todavía respiro. Es una libertad amarga, que pesa y asusta, pero es el inicio de algo. Por primera vez en meses, la noche no se siente como una condena, sino como un lienzo en blanco.

(Mar 8/10:15 pm)

Ha pasado mas de un mes desde aquella madrugada de enero donde sentía que me asesinaban viva. No voy a mentir diciendo que ya no te extraño; a veces tu recuerdo me asalta en una canción o al ver el cielo despejado, y todavía se me oprime el pecho. Pero ya no me muero. El dolor mutó; ya no es un monstruo que me asfixia, ahora es un rio que simplemente corre y me acompaña sin ahogarme.

Hoy salí a caminar sola. Compré un café, me senté en una banca del parque y miré a la gente pasar. Nadie sabía que llevaba el corazón remendado. Nadie sabía la batalla que gané en silencio. Y por primera vez, la soledad no se sintió como un vacío o un castigo; se sintió como paz. Disfruté del sol en mi cara, del viento. Entendí que mi chispa interna no dependía de que tú la miraras para que brillara. Siempre estuvo ahí, apagada por mi propia sombra. Me queda un camino largo para aprender a no buscar afuera lo que me falta dentro, pero hoy ya no quiero el valor de alguien más. Estoy empezando a construir el mío. La vista desde aquí arriba está empezando a aclararse.

(May 14/11:45 pm)

Hoy el universo decidió ponerme a prueba. El cruce de caminos ocurrió en una pequeña cafetería del centro, un lugar ruidoso y lleno de extraños donde busqué refugio de la lluvia. Entré apurada, sacudiéndome el agua del abrigo, y cuando levanté la mirada, te vi. Estabas sentado en una mesa al fondo. Se me congeló el pecho. Por un segundo milimétrico, el viejo monstruo de la dependencia intentó despertar en mi estómago, recordándome el pánico de junio, el frío en las manos, las madrugadas sin aire. Mi corazón dio un vuelco salvaje, el clásico flechazo que antes me derribaba. Pero esta vez, todo fue extrañamente diferente. La escena dio un vuelco que jamás, ni en mis peores o mejores pronósticos, habría imaginado. 

Me viste. Tus ojos se abrieron de par en par, reflejando una mezcla de sorpresa y algo parecido a la culpa. Te levantaste de prisa, dejando tu taza a medio terminar, y caminaste hacia mí. Tu lenguaje corporal ya no era el del ser distante e inalcanzable; estabas nervioso. Me saludaste con una voz que temblaba sutilmente, preguntándome cómo estaba, por qué había estado tan perdida. Y mientras hablabas, buscando desesperadamente mi mirada, ocurrió el verdadero milagro. Te miré. Te miré de verdad, sin la venda de azúcar. 

Por primera vez, ya no vi al gigante mitológico que controlaba mi felicidad. Vi a un chico común, asustado, que intentaba llenar sus propios vacíos con mi atención pasada. Me di cuenta de que todo este tiempo no estuve enamorada de ti, sino de la idea de salvación que te había colgado encima. Ya no tenías poder sobre mí. Tu indiferencia ya no podía herirme porque mi valor ya no dependía de tu aprobación. Me pediste que me sentara contigo, tu mirada me suplicaba que volviera a ser el hombro donde descansar, el lugar seguro que tanto te idealicé. Buscabas a la chica que se conformaba con tus migajas.

Le sonreí. Una sonrisa real, limpia, sin rabia ni dolor. Le dije: «Gracias pero tengo prisa. Que bueno verte bien». Di la vuelta y salí a la lluvia. Cuando la puerta de vidrio se cerro detrás de mi, no llore. Respire el aire humedo y frio, llenando mis pulmones al máximo. El hilo invisible que me ataba a ti se había cortado para siempre, y descubrí que no caí al vacío. Volé.

Jun 5/2:14 am)

He vuelto a escribir de madrugada, pero el motivo ya no es la desesperación. Es el arte. 

Después de aquel encuentro en Mayo, me quedó un silencio residual en la cabeza, una especie de zumbido que queda después de que una gran tormenta se apaga. Sabía que había ganado la batalla principal, pero los escombros emocionales seguían ahí, flotando en mi interior. Fue entonces cuando la música me encontró, o mejor dicho, cuando decidí dejar de usarla como ruido de fondo para mis lamentos y empecé a escucharla como un mapa de rescate.

Desempolvé una vieja guitarra que mi padre me regaló hace años y que yacía olvidada en el rincón del armario, acumulando la misma culpa que yo cargaba. Al principio, mis dedos torpes no recordaban la presión de las cuerdas. Me salían ampollas, me dolían las yemas, y el sonido que emitía el instrumento era áspero, desafinado, idéntico a cómo me sentía por dentro. Pero persistí. Había algo profundamente terapéutico en el acto físico de obligar a mis manos a coordinarse, en conectar mi cerebro con la vibración de la madera contra mi pecho.

Cada vez que el fantasma del «hubiera sido» intentaba colarse en mi mente —recordando cómo solías ignorar mis mensajes o la humillación de no ser correspondida—, yo respondía golpeando una cuerda. Convertí mi frustración en ritmo. Si mi cabeza empezaba a sobre pensar, yo obligaba a mis dedos a aprender un acorde nuevo, un acorde menor que doliera, pero que liberara. La música se convirtió en el único lenguaje capaz de traducir el caos que las palabras escritas ya no alcanzaban a sanar. Empecé a entender que no necesitaba leer la mente de los demás; solo necesitaba escuchar la melodía que estaba naciendo dentro de mí.

(Jul 12/1:00 am)

La música tiene una forma hermosa y cruel de desmantelar tus defensas. No puedes mentirle a una melodía. Durante semanas, me dediqué a escuchar álbumes antiguos, canciones que antes me hacían llorar porque me recordaban tu ausencia. Pero ahora las escuchaba con otros oídos. Analizaba la estructura, el lamento del violín, la fuerza de la batería. Me di cuenta de que miles de personas antes que yo habían sentido este mismo vacío devorador, esta misma desconexión entre el cuerpo y la cabeza, y lo habían transformado en algo eterno.

Comencé a componer mis propias líneas. No son canciones perfectas, a veces me trabo al cantar de la misma forma en que me trabo al hablar, pero ya no me importa ser «normal» o sutil. En el papel pautado derramé toda la bilis de junio: la falta de oxígeno, las noches de sudor frío, el monstruo que yo misma había alimentado. Cantar sobre el dolor fue como extraer el veneno de una herida abierta. La primera vez que logré cantar la frase «¡Como quieres que desaparezca en una noche lo que provocaste toda una vida?» acompañada de tres acordes firmes, sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. No era tristeza. Era poder.

El dolor ya no me controlaba; ahora yo lo controlaba a él, lo moldeaba, le ponía ritmo y lo obligaba a sonar hermoso. La música me devolvió la respiración que tú me habías arrebatado. Cada vez que mi voz subía de tono, sentía que recuperaba un trozo del valor que creí haber perdido para siempre. Ya no era la víctima de una historia de amor que nunca empezó; era la autora de mi propia redención.

(Jul 23/11:50 pm) 

Miro hacia atrás, a las primeras páginas de este diario escritas en junio, y me cuesta creer que la persona que imploraba «quédate, yo soy difícil» comparta el mismo cuerpo que yo. La música terminó por curar lo que estaba carcomido. Me enseñó que la soledad no es un silencio sepulcral ni un castigo divino; la soledad es un espacio acústico perfecto donde finalmente puedes escuchar tu propia voz sin las interferencias del resto del mundo. El vacío sin fin que emana de mi interior ya no me consume, ahora lo entiendo como una caja de resonancia. Cuanto más grande es el vacío, más fuerte y profundo puede resonar el arte que ponga dentro de él.

Ya no compito con ningún monstruo. Lo abracé, le di una guitarra y lo puse a cantar conmigo hasta que se cansó y se volvió pequeño. Hoy ya no busco en otro lugar lo que no tengo dentro, porque dentro tengo una orquesta entera dispuesta a sonar con fuerza cada mañana. He aprendido a aceptar cada parte de lo que me hace ser yo: mis trabas al hablar, mis impulsos de alejamiento, mi sensibilidad a flor de piel. Todo eso que consideraba «defectos» son en realidad los matices de mi sonido. Ya no me congelo. No me falta el oxígeno. Si miro hacia atrás, la cuesta arriba ha sido empinada, dolorosa y llena de noches en vela, pero la vista… Dios mío, la vista desde aquí es verdaderamente genial. Estoy tocando mi propia melodía, voy a quedarme hasta el final sin importar lo que tarde, y esta vez, estoy completamente segura de que voy a ganar.

El proceso de sanación dejó de ser un registro de madrugadas rotas en mi cuaderno para convertirse en mi propia realidad física. Mi metamorfosis no ocurrió de la noche a la mañana, sino en la repetición constante de nuevos hábitos con los que sustituí mi antigua adicción por tu validación. El primer gran cambio visible fue el uso de mi tiempo: las horas que antes pasaba revisando mis redes sociales, esperando tus notificaciones vacías o sobre pensando tus silencios, las transformé en horas de estudio musical, ejercicios de respiración y lectura. Comencé a asistir a talleres locales de composición y canto. Al principio, mi impulso involuntario de alejamiento y el miedo a ser juzgada me hacían sentarme al fondo del salón, oculta tras mi guitarra. 

Mi timidez y mi dificultad para expresarme con palabras habladas seguían ahí, pero descubrí que el entorno artístico era un espacio seguro donde nadie me exigía ser «normal» o sutil. La música me permitió comunicarme sin necesidad de articular discursos perfectos; me bastaba una secuencia de acordes menores para que el resto de los músicos entendiera exactamente la profundidad de mi tormento pasado. A medida que las yemas de mis dedos se endurecían por el roce constante de las cuerdas metálicas, mi carácter también cobró una nueva firmeza. Dejé de ser la espectadora pasiva de mi propia destrucción. Mi desarrollo como artista corrió a la par de mi crecimiento psicológico: entender la estructura de una canción —saber cuándo una melodía necesita tensión y cuándo necesita resolver— me enseñó a gestionar mi propia ansiedad. Cuando el pecho se me oprimía, ya no me congelaba en la nada; ahora tomaba aire, apoyaba el diafragma y proyectaba el dolor hacia afuera en forma de vibración acústica. 

Mi primer concierto en un pequeño foro cultural de la ciudad marcó el clímax de mi redención pública. Ya no era la chica invisible que buscaba una mirada tuya en una habitación llena de gente. Ahora, bajo la luz tenue del escenario, el público me miraba a mí. El vacío que antes me carcomía por dentro se convirtió en la caja de resonancia que llenó todo el lugar. A mitad de la presentación, con la respiración tranquila y los ojos fijos en el fondo de la sala, presenté la canción que había resumido los meses más oscuros de mi vida. Un tema donde combiné la melancolía de una herida que aún recuerdo con el aire victorioso de haber logrado salvarme a mí misma.

Eco en el Vacío (Acústico)

(Estrofa 1)
El segundero corre a la par de mi ansiedad,
las manos sudan frío en esta oscuridad.
Construí un altar para un Dios que no pidió mi fe,
y me quedé descalza en el invierno que inventé.
¿Cómo borro en una noche el mapa que trazaste?
¿Cómo sano las espinas del abrazo que me diste?

(Pre-Coro)
Me callo, me hundo, batallo en el silencio,
creyendo que mi peso era un error del universo.
Pedía tus migajas como agua en el desierto,
muriendo por un lazo que siempre estuvo muerto.

(Coro)
Pero rompo la venda de azúcar y sal,
no soy de madera, no soy de metal.
El vacío en mi pecho que me iba a matar,
ahora es el eco que me hace cantar.
Cuesta arriba el camino me quita la voz,
pero miro hacia el frente y ya no somos dos.
Me salvé de las garras del monstruo que crié,
me dolió soltarte… pero me encontré.

(Estrofa 2)
Qué ridículo luto de lo que nunca fue,
las horas que perdí esperando un «quédate».
Buscaba en tus ojos mi propia identidad,
volviéndome paisaje de tu fría voluntad.
Hoy paso por tu lado y ya no siento el temblor,
el arte fue el lenguaje que adoptó mi dolor.

(Puente – intensidad emocional)
No estoy vacía, nunca lo estuve,
era mi chispa oculta bajo la nube.
Me costará la vida aprender a quererme,
pero prefiero el caos antes que perderte…
a ti, no… ¡a mí!
Ya no me pierdo a mí.

(Coro Final)
Porque rompo la venda de azúcar y sal,
no soy de madera, no soy de metal.
El vacío en mi pecho que me iba a matar,
ahora es el eco que me hace cantar.
Cuesta arriba la vista es genial al final,
mi propia marea curó mi canal.
Me salvé de las garras del monstruo que crie,
me costó soltarte… pero me encontré.

(Outro)
(junio ya se fue…)
Ya respiro el aire.
El hilo se cortó.
Y la música… se quedó.

El aplauso que siguió a mi ultima nota no fue para ti, ni para la dependencia que me encadeno; fue el reconocimiento puro a la nueva artista en la que me convertí, alguien que logro transformar el masoquismo en maestría y el silencio en mi propia sinfonía de superación.

Cuando la última vibración de la cuerda de mi guitarra se apagó en el aire, el silencio del foro se sostuvo por un segundo entero, suspendido, como si el público también hubiera estado conteniendo la respiración conmigo. En ese instante exacto, mientras miraba los rostros fijos de los extraños en las primeras filas, sentí una oleada de calor que me subió por el pecho; la última línea del coro definitivo seguía latiendo en mis sienes, ya no como un grito de auxilio, sino como una declaración de victoria absoluta ante el monstruo que por fin dejé ir. 

Entonces, estallaron los aplausos. El ruido era ensordecedor, un oleaje de manos y voces que celebraban mi dolor transformado en arte, un eco que llenó por completo aquel vacío que antes me asesinaba viva. Cerré los ojos, asimilando el impacto, y por primera vez en mi vida no sentí ganas de esconderme ni de sabotear el momento; me permití habitar mi propio triunfo, entendiendo que toda esa gente no aplaudía a una víctima, sino a la artista que construí sobre mis propias ruinas.

Bajé los tres escalones del escenario con las piernas firmes, cargando la guitarra como quien lleva un escudo ganado en batalla. Al cruzar la puerta trasera hacia el callejón del foro, el aire frío de la noche me golpeó la cara, pero esta vez no me congelé. Me apoyé contra la pared de ladrillos, exhalando un suspiro largo y limpio que desvaneció los últimos restos del junio que me destruyó. Miré la pantalla de mi teléfono por pura inercia y vi que no había notificaciones tuyas, pero al guardarlo de nuevo en el bolsillo, me di cuenta de que mi corazón no se aceleró, ni dolió, ni esperó nada. 

Ya no importaba si estabas o no, ni si me veías como yo te veía; me bastaba con mirarme yo misma, con saber que me quedé hasta el final y que la vista desde aquí arriba es, verdaderamente, genial.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS