En un amanecer contigo.
Los días, todos, empiezan igual.
Tu olor, reconfortaba mi alma, pero he
de dejarte machar.
Te vestías, con tu misma camisa,
aquella que recogía lo que eras.
Podía sentir como eras.
Y te dejaba marchar, un día más.
Tú seguías ahí, parecía que no
padecías, que no sentías.
Querías que te viera?
No! Ahora se que no! Que ni siquiera
pensabas que lo haría.
Y te vi, día a día.
Y te dejaba marchar, escuchando tus
pasos, que se alejaban, y hoy me hacen daño.
Te deje marchar tantas veces, que lo
único que puedo sentir por mi hoy es asco.
Con cada paso que escuchaba a lo lejos,
me hice tan fuerte como tú, y por eso hoy no puedo verte.
Eso hoy, eso, es lo que me hace débil y a
la vez tan fuerte.
Busco dentro de mí, el momento en que
te pido que no te vayas, para no tener la lucha que hoy por dentro me
mata.
Hoy, no me puede curar nada. Soy yo, y
mi lucha, contra la nada.
Ya no puedo hacer nada, solo puedo
esperar que se asiente mi alma. Me duermo, y esos pasos que ayer se
alejaban, quiero que vuelvan, mañana.
No te lo diré nunca, nunca te diré lo
que te amaba.
Mi madre! Te seguiré amando, aunque a
veces pueda no decirte nada. Tú, yo, el vacío y la nada.
Cómo puedo hacerte saber, que te llevo
en el alma.
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