Hoy la vida me ha dicho: «párate». Esa detención, muy característica de los caprichos del destino ocurre cuando nuestra vida no tiene un rumbo concreto y es necesaria para tomar una decisión. Hoy, ¿hacia dónde quiero dirigirme, adónde quiero ir? La respuesta a esa pregunta es indispensable para seguir viviendo una vida con sentido. A veces es complicado encontrar esa respuesta, pero, a pesar de eso… Espera, no pierdas la fe, levántate cada día con ganas de encontrar eso que tu corazón anhela. Aprende a descansar en los brazos de la vida, a reposar, a recostar tus vanos esfuerzos en su lecho. Ríndete, no luches absurdamente contra las vicisitudes del destino… Es tan caprichoso a veces… Es cierto que no lo comprendemos y que la mayoría de las veces ocurre que lo que él nos tiene preparado supera con creces nuestros pequeños caprichos: un coche, una casa, una pareja, una familia, un niño…. Aprende a adaptarte a sus tiempos, a confiar como un niño pequeño y descansarás… Encontrarás aquél reposo que tanto anhelas. Deja de vivir acelerado, pregúntate antes de acostarte: «hoy, ¿he amado lo suficiente, he dicho esas pequeñas, (que de pequeñas no tienen nada) esas palabras de amor a la gente que quiero, he soñado, he querido?» No temas la respuesta que encuentres en tí, sé sincero contigo mismo y levántate al día siguiente pidiéndole a la vida esa valentía, esa pequeña dosis de locura necesaria para sobrevivir en este mundo tan «normal».
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