Esta noche fría de invierno he estado reflexionando sobre la soledad… Un estado del que huye todo el mundo, sin embargo, halagado y exaltado por la mayoría de intelectuales del mundo… Lo primero que me gustaría plantear en este microensayo es… ¿Por qué escapamos, huimos constantemente de la soledad? Y, ¿cuál es su propósito? Todo en este mundo tiene un proposito, a veces, oculto a nuestros ojos tras el velo del misterio pero accesible para todos los que lo quieren descubrir sinceramente y ponen todo su empeño en eso. Es cierto que muchas de las veces que experimentamos soledad podemos atribuir la causa a ser diferentes. Piensa en la mayoría de filósofos, pensadores, artistas, poetas… Suspiraban por un amor, lo alababan en sus obras, y, a pesar de eso, su vida estaba repleta de una soledad abrumadora y pesada… Es decepcionante descubrir como por la verdad, por perseguir algo más en esta vida nos sentimos solos. Sentir que el mundo en el que vives no es para tí, sentir que, en el fondo, no encajas. Es algo muy contradictorio, porque, a pesar de descubrir dentro de tí un mundo oculto y bello a los ojos de los demás, te sientes frustrado al ver la incapacidad de comprensión de la sociedad. Cuantas veces he querido compartir mi visión del mundo, encontrar a alguien que vea en el su belleza, su verdad, su pureza, y, sin embargo todos esos intentos han acabado con un profundo rechazo, achacando mi forma de ser a la «intensidad»… A veces, los que más aman son llamados a ser heraldos del amor y contempladores de su belleza, mientras él mismo nos rechaza la entrada y nos condena a ser sus profetas sin experimentarlo. Llevar una vida condenada a profetizar algo que los demás son incapaces de ver… Esta situación me recuerda a la vida de un filósofo muy célebre, cuyo gran admirador soy, llamado Soren Kierkegaard… Llevó una vida repleta de injusticias y sufrimientos, pero el mayor golpe de su vida fue comprender que nunca podría estar con la persona a la que tanto amaba, comprendiendo, que ese amor que él sentía por ella nunca sería comprendido, y que estaba condenado a sacrificarlo por la verdad. No podía renunciar a ser él mismo por alguien… Igualmente, otro personaje de la Biblia, el profeta Jeremías, sufriente proclama: «me decía, no pensaré más en él, no hablaré más en su nombre. Mas en mi corazón, había un fuego ardiente, que corría por mis huesos». Sentía sobre sí el peso de haber sido elegido por Dios, llámalo esta vida, universo, destino, según la preferencia de cada uno, de haber sido elegido para ser el portador de la verdad. Soren Kierkegaard llamaba y denominaba a la gente que vive por la comodidad y el placer gente «estética» que solo se complace en los placeres efímeros de la vida, incapaces de comprender su más profundo designio. No tengamos miedo de acoger esa soledad, hago un llamamiento a toda esa gente que se siente sola a causa del amor, del verdadero amor… Estamos sólos, sin embargo, tenemos un propósito: hacer ver a este mundo que existe algo más allá… Un alma elevada no puede rebajarse solamente por no estar sola, debe resignarse a la forma de existencia a la que ha sido llamada, sintiéndose orgullosa de los celos ardientes del universo por la belleza de su alma. No renuncies a tu ser profundo solo para ser aceptado en esta sociedad. Siéntete diferente, sé como eres. No tengas miedo, el amor, la verdad te acompañan, y todas esas bellas almas ocultas entre el mundo como luces para alumbrar sus tinieblas.
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