Mientras la ciudad dormía

Mientras la ciudad dormía

Nuria De espinosa

23/02/2024

Durante el anochecer caminaba por las calles de la ciudad a la espera de que alguien se fijase en mí, por lugares donde transitaban brazos lujuriosos que inquietos bordeaban los oscuros callejones en busca de su presa. 

La luna parecía una enorme órbita de cristal, que no cesaba en su persecución. En cada paso que daba su rostro seguía mi camino, como si estuviera al acecho. No sabía por qué me había elegido, pero estaba enormemente convencida de que no era mera casualidad.

Cada anochecer, allí, estaba observando, expectante, intuyendo que saldría de nuevo al amparo de la oscuridad. Algo me decía que debía cesar mi actividad, que mi profesión, la más antigua del mundo, tocaba su final, pero siempre me resistía. 

El clima nocturno permanecía templado y la luna brillaba cada vez con más intensidad, como si una aureola de luz blanca la envolviese. 

Escuché el sonido de un automóvil que se acercaba. Me giré y se paró junto a mí, al borde mismo de la acera. De pronto la puerta se abrió y alguien tiró de mí hacia el interior del vehículo, pero tuve el tiempo justo de ver con claridad cómo la luna, sonreía maliciosa.

Cuando al amanecer me devolvieron al rincón de la ciudad desde donde me secuestraron, todo parecía distinto; las calles aparecían solitarias con una extraña neblina que rodeaba los callejones. No se oía el claxon de los automóviles ni se veía ninguno parado impaciente en el semáforo. 

No se escuchaba el canto de ningún pájaro ni el revoloteo de las golondrinas. Ni siquiera aparecía como cada mañana el quiosquero preparando el puesto de venta de sus diarios. 

¡Tampoco había abierto la churrería! 

¿Qué estaba pasando? 

Permanecí durante varios minutos mirando a mi alrededor. Era como si todo el mundo hubiese desaparecido. Y entonces me di cuenta de que el sol, en realidad, no era el sol, sino la luna, brillando más que nunca y mirándome directamente a los ojos a la vez que sonreía. Temblé aterrorizada. Justo en ese momento, la ciudad explotó y la vida desapareció. 

Nuria de Espinosa

( imagen tomada de internet)

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