Cuando el amor se va!

¿Qué es el amor sino una ilusión que nos ciega y nos hace creer que somos el centro del universo de otra persona? ¿Qué es el amor sino una esperanza que nos alienta y nos hace soñar un futuro compartido con la mujer amada? ¿Qué es el amor sino una pasión que nos consume y nos hace sentir que nada ni nadie nos puede separar?

Pero ¿qué pasa cuando ese amor no es correspondido? ¿Qué pasa cuando esa ilusión se desvanece, esa esperanza se frustra y esa pasión se apaga? ¿Qué pasa cuando la mujer amada no nos determina, no nos elige, no nos quiere?

Entonces el dolor se apodera de nuestro corazón y de nuestra alma. Un dolor que nos hiere y nos hace sangrar. Un dolor que nos ahoga y nos hace llorar. Un dolor que nos aísla y nos hace sufrir. Un dolor que nos destruye y nos hace morir.

¿Cómo superar ese dolor? ¿Cómo sanar esa herida? ¿Cómo respirar ese aire? ¿Cómo secar esa lágrima? ¿Cómo romper ese silencio? ¿Cómo vivir esa vida?

No hay una respuesta fácil ni una solución mágica. Cada uno tiene que encontrar su propio camino, su propia cura, su propia fuerza. Pero quizás lo primero sea aceptar la realidad, reconocer el fracaso, asumir la pérdida. Quizás lo segundo sea perdonar el daño, liberar el rencor, soltar el apego. Quizás lo tercero sea valorar lo que somos, lo que tenemos, lo que podemos. Quizás lo cuarto sea abrirnos al mundo, al cambio, a la posibilidad. Quizás lo quinto sea volver a creer, a soñar, a amar.

Quizás así podamos superar el dolor que se siente cuando la mujer amada no nos determina. Quizás así podamos encontrar un nuevo sentido a nuestra existencia. Quizás así podamos ser felices de nuevo.

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