La mitad del cielo estaba desvestido de nubes y la otra mitad arropado de gris. Una especie de bipolaridad que Julián comprendía a la perfección. Él
mismo vivía esa dualidad cerebral todos los días, solo que por esta
ocasión la naturaleza atmosférica le daba la razón. La razón,
tener derecho a decirse correcto en acción y pensamiento, una cosa
difícil de conseguir en estos días. En estos tiempos adversos en
los que el necio desea imponer con osadía su ignorancia y el
inteligente esconderse detrás de la cortina de la intelectualidad.
De entre estos dos individuos, quién peca más; el necio bocón o el
inteligente mudo. No lo sabemos y no queremos entrar en los detalles
que seguramente usted ya intuye.
Volviendo con
Julián, este hombre ni tan viejo, ni tan joven, siempre fue
aficionado de contemplar el cielo. Consideraba que el cielo era un
enorme espejo en el que solo algunos se podían ver, por no asegurar
que muy pocos y al ser pocos, no es de extrañar que la mayoría
considerara esta tarea algo propio de ociosos, risueños o locos. El
cielo y Julián, Julián y el cielo, ¿a dónde van a parar?
Seguramente a ningún lugar, Julián en manos del tiempo envejecerá
y morirá y el cielo desaparecerá con su último mirar. El cielo se
quedará en sus recuerdos, en esa mente que todos deseamos sea
trascendental, que más allá de la decadencia de la carne se
conserve en algún lugar. ¿qué lugar? No lo sabemos y mientras no
sepamos es mejor, así la esperanza y la ilusión no desaparecen,
mientras no desaparezcan todavía hay razones para aquellos que en la
vida material no encuentran respuesta a sus preguntas y Julián nunca
encontró respuesta en lo material, ni siquiera en el mismo amor
carnal, porque para Julián la vida siempre tiene que ser algo más
que esta simple existencia material domada por la emocionalidad
material.
¿Qué sabe Julián
del amor, de las emociones que nos hacen humanos? Y qué les digo yo,
habría que preguntarle a Julián y no le voy a preguntar a cuántas
se ha follado, de cuántas se enamoró, a cuántas engañó, cuántas
lo engañaron y sobre todo, cuanta gente rompió sus ilusiones,
porque estoy convencido de qué es mucha gente que el pobre Julián
seguramente no quiere recordar.
Julián, el niño
sin padre, criado por la madre como lo haría una fiera solitaria,
esa que desea trascender a través de la cría, que desea dejar
huella en el mundo en el hijo que parió con dolor. Dolor, eso es lo
que sintió la madre de Julián cuando le dijeron que su pequeña
cría era diferente, diferente no en el cuerpo sino en la mente y
esta sociedad criminal no perdona a aquellos con una mente diferente,
con una comprensión de las cosas más allá de las mismas cosas. Así
es Julián, así creció, él sabe más de lo que un estudioso puede
repetir a fuerza de memorizar, pero esa gran cualidad no sirve en
esta sociedad y cuando algo no sirve en la sociedad, le pasa lo mismo
que a Julián.
Lo mismo que a
Julián y a otros más, que por una u otra causa no pueden cuadrar, y
si no cuadras, te desechan y desechado, no hay otra cosa por hacer
que clavar los ojos en el cielo esperando que alguien más pueda
mirarse en ese enorme espejo y entender que el universo nos invita a
cruzar más allá del polvo estelar.
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