Dos cuadras la separaban de recibir o no sus noticias.

Dos años pueden parecer mucho tiempo, pero en realidad los días, las semanas y las horas, se habían volado.

Sintió que era necesario hacerle saber que, después de tanto andar, tantas idas y venidas, tanta agua debajo de su puente, en el fondo, y pasado el tiempo, en verdad agradecía que se hubiera ido.

Ese era el fin del tan elaborado mensaje, marcar un final definitivo.

Las cosas pasan por algo, pensó…

Y las que no pasan, también ha de ser por algo, pensó…

Al finalizar las dos cuadras dejó salir el mensaje… no esperó.

Seis minutos corrieron a toda velocidad. Seis minutos que dieron para recorrer en imágenes la historia que los tuvo juntos por más de dos años, casi tres.

Su celular vibró.

Un mensaje recibido.

Abrir:

“Te extraño”

No era por cierto la respuesta que esperaba, no lo era…

Tres minutos de marcha detenida entre las ganas de saber más y la necesidad de ya no saber más nada.

No era tiempo de retroceder ni un solo casillero, porque a pesar del temblor que produjeron esas palabras, ella en verdad agradecía que él se hubiese ido así.

Respiró hondo, escribiò… y en medio de una especie de abrazo imaginario presionò, 

Enviar:

“Ya va a pasar. Todo pasa”

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS