Simplemente increíble. Que, ¿Qué es increíble? las nuevas formas que tenemos para comunicarnos en el mundo digital. Pero me gustaría decir mejor que «comunicar»: compartir. Porque se me ha metido en la cabeza esta idea loca de que comunicar es un mero acto de compartir. Porque se trata de dar algo al otro, que no es cualquier «algo», sino uno que tiene que ver con el relato… siempre con el relato, con palabras y principalmente con el corazón que a la vez es el fuego de la escritura. Tampoco es a cualquier «otro» al que se le da, sino al que tiene hambre de descubrir.
¿Es el lector un filósofo? No lo sé. Pero se asemeja mucho a un arqueólogo aventurero. Es por tal motivo que mantengo una postura en cuanto al acto de comunicar en lo digital y planteo la siguiente diatriba: ¿Debemos ser demasiado flexibles sobre la sencillez en las palabras o podemos usar de antemano la complejidad? Les cuento que me ha funcionado ser sencillo y darles algo a mis lectores que les pueda servir en su día a día y eso es superior a escribir para mí o en difícil, cosas que solamente yo comprendo. Y no necesariamente requiero de mucha producción audiovisual, simplemente, ser considerado con los otros. Así lo podemos constatar en mis dos redes sociales más activas: Twitter e Instagram, en donde más interacciones tienen los contenidos que dan algo bueno y positivo al mundo, que las quejas, las propuestas profundamente teóricas o la política nacional.
No obstante, para ahondar solo un poco más en este bello tema, queridos lectores, les compartiré una pequeñísima historia:
Hace algún tiempo atrás, diría unos cuatros años, yo solía escribir en el Diario de la localidad y no conocía las bondades que podrían tener herramientas para poderme comunicar, bueno, poder compartir de mejor manera enseñanzas, experiencias, anécdotas o simplemente algo de información. Pero vaya que sí me gustaba escribir, ser publicado y leído. Esto último que va acompañado por las grandes críticas, elogios o agravios, es parte del oficio. Pero lo que escribo, quisiera decirles que una vez publicado, ya no me pertenece. Escribir, así sea un acto íntimo; así sea en un medio digital o en una vana red social… siempre es para otro. El texto es un ave que queda en libertad . Escribir es en medida poiesis, porque somos parte de la humanidad.
Lo diré mejor así:
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De esta manera puedo demostrarles con hechos y argumentos dos cosas: que no importa dónde hayamos publicado una narración o dicho sea de paso, un acto comunicativo, se trata de la conjugación del verbo compartir. Y desde aquí es que se desglosa la segunda conclusión, debe ser de utilidad, caracterizarse por ser claro y amigable con las personas lectoras.
Espero que este pequeño ensayo, anécdota, narración o como le deseen llamar, sea para ustedes de mucha utilidad 🤗.
Carlos Silva Koppel
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