Crecieron las llamas,
aquellas que,
desde la más incipiente chispa, 

alimenté con el firme propósito de mantenerlas activas.
Fue labor de infatigable constancia,
pero, a la vez,
una esperanzadora visión de futuro abrigaba mi propósito,
pues sobre madera noble vertía mi esfuerzo y apostaba alto sin temor a equivocarme.
El tiempo, inexorable e incontenible,
otorgó razones y trajo recompensas,
y hoy, embriagado de una placentera satisfacción, agradezco el acertado instinto de elegir dónde depositar mi fe,
pues las llamas siguen activas y jamás volverán a apagarse,
y si mi premonición es desacertada y la flama aminora su crepitar,
seguirá mi lucha mientras quede entre las cenizas el más ínfimo rescoldo.

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