El corazón gritó más fuerte, y su grito retumbó en los montes más altos y traspasó las fronteras más distantes,
Se fue abriendo caminos por fiordos, quebradas, llanuras y ríos,
hasta llegar a lo más alto de las nubes brillantes.
Se nutrió y tomó fuerzas con los vientos del norte y se reencontró nuevamente consigo mismo, desde donde se inició.
Con la fuerza del grito, nacieron las flores del mirto y la de los jacintos del estanque, con su calor se derritió el ventisquero y en tempano quedó.
El corazón gritó desde la cima más alta del pecho, y de ese modo fue arrasando y aniquilando la cobardía y el miedo.
Terminó con la inseguridad y los celos, con el orgullo y los desvelos.
Cuando me dejo embriagar por este grito, puedo volar con él y me alimento de su energía, puedo superarlo todo.
Puedo vivir de él, puedo morir por él, porque eso es que lo vale, y su tú vas de mi mano, sé que no caeré…
Deja que tu corazón también grite, porque un corazón solo grita AMOR…
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