Sexo, uniformes y otras cuestiones

Sexo, uniformes y otras cuestiones

Artica Alva

07/07/2022

Recuerdo mi primera vez. Quería tener sexo, sentía que no tenía nada más que dar, sentía que todo lo demás era secundario, pero sobre todo sentía curiosidad. No entendía el alboroto de mis amigas y su gran odisea buscando al caballero merecedor de entregarle aquella flor de pétalos delicados protegida en un cofre de oro; hasta la fecha no lo entiendo. pero éramos jóvenes y estúpidas, no digo que ahora no lo seamos pero ahora por lo menos las hormonas nos dieron tregua.

Lavirginidad era de lo que todas hablábamos en aquel entonces, lo susurrabamos,incluso lo decíamos así todo pegado Lavirginidad, como si fuera una sola palabra que todas bajabamos la voz, nos acercabamos más y nos estremecíamos en nuestras faldas a cuadros reglamentariamente debajo de la rodilla; “Que si supiste que fulanita la perdió” “Dicen que duele mucho””La prima de mi amiga sangró tanto que la tuvieron que internar”. Como dije, éramos jóvenes y estúpidas y si me permito ser sincera vanas, pero por alguna razón siempre faltó algo en mí, nunca sentí esa excitación colegial que veía en mis compañeras.

Muchas veces pensé en tomar a algún bastardo del bachillerato de sociales que me pareciera lo suficientemente atractivo, llevarlo a un cubículo del baño de niñas y ver que era lo que se escondía detrás de todo ese tema de “lavirginidad” que me parecía tan mojigato. No me excitaba la idea del sexo en si, sino la idea de ser descubierta, el poder que podría ejercer sobre él, contenerme y contenerlo a él de hacer cualquier sonido, dejarle alguna marca ligeramente visiblepara probar si lo descubrian. Claro que nunca admitiría eso en voz alta ¡Por dios! sería una puta solo por pensarlo, tan siquiera por conciderar en llegar a segunda base con alguien que no fuera el amor de mi vida.

El día que perdí aquella flor tan maravillosa recuerdo que estaba acostada desnuda mirando al techo y el pedazo de vástago que tenía al lado estaba resoplando. Fue todo muy teatral de su parte y me atrevería a decir descarado preguntarme “¿llegaste?” cuando estaba tirada boca arriba mirando facebook. Fue increíblemente decepcionante que lo que más me preocupara ese día no fuera la sangre de mi inexistente himen roto, sino que al tipo le diera una convulsión porque le pareció adecuado confesarme que era epileptico durante el camino y todo el tiempo pensaba enlo bochornoso que sería llamar a una ambulancia al motel, de modo que me sentí tremendamente decepcionada.

Él siguió buscándome, yo seguí con mi vida, pero aquella inquietud había desaparecido y de alguna manera me sentía libre de continuar con mi vida.

Luego él se obsesionó conmigo y me permito confesar que omití detalles bastante turbios de la historia, pero así fue como aprendí a vivir

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS