No suelo decir la verdad, el problema son mis ojos, son los que no mienten, para bien o para mal muestran lo que estoy sintiendo. Con el tiempo aprendí que si mantienes a la gente ocupada mientras dices una mentira con una mirada rápida y sostenerla un momento basta para que la compren.
Soy bonita, más que el promedio diría muchos, también yo. Desde cierto punto esto es algo bueno, pero me dí cuenta muy tarde del poder que tengo sobre las personas y eso solo significaba que otras personas tenían poder sobre mí, mas que nada hombres… hombres que siempre querían algo, aparte de querer algo todos tenín algo en común, creían que era estúpida.
Recuerdo muy bien el día anterior a empezar mi segundo semestre de preparatoria. Había pasado mi primer semestre en un colegio mediocre y pseudocatólico a donde iban los hijos problemáticos de pequeños políticos y aquellos que reprobaban en el colegio en el colegio al que estaba regresando (el cual era mi caso). En ese entonces tenía 16 años, el paso del tiempo en mi cuerpo produjo cambios que si otros los llamarían pubertad, yo, viéndolos en retrospectiva ahora los llamo inclementes. Durante mi estadía en aquel colegio dejé de prestar atención a mi cuerpo, por los comentarios de mis “amigas” me había quedado más que claro que era todo menos atractiva, mientras tanto en casa la aprensión de mi señora madre aumentó. Me hacía usar doble pants cuando usaba ropa deportiva, no podía quedarme después de la escuela, estaba prohibido el maquillaje y no se me permitían las amistades masculinas. Todo este torbellino de señales opuestas era increíblemente confuso para mí, aparte de sentirme sola me sentía aturdida siendo ahogada por el único y sofocante anhelo de ser deseada. En la escuela no todo era tan mal, había un rayo de amabilidad en mi vida, T.
T y yo nos hicimos amigas casi de inmediato, solíamos vagabundear por la escuela ya que ambas compartíamos horas libres por estar en clases avanzadas de las cuales la escuela nunca se preocupó por conseguir maestro. T y yo éramos demasiado inteligentes para esa escuela y de alguna manera lo sabíamos, pero al mismo tiempo éramos tan opuestas que eso nos hacía congeniar. Para empezar a T el hecho de ser un pez en un estanque pequeño no le molestaba para nada, incluso parecía disfrutarlo, por el contrario, eso era algo que a mí me deprimía todo el tiempo. T era bonita pero siempre creí que su encanto provenía de su confianza y atractivo un tanto descuidado mientras yo podía pasar horas examinándome y autocriticándome, siempre tuve una mirada más dura que ella. Mientras sus padres eran increíblemente liberales los míos eran sofocantemente sobreprotectores, pero creo que nuestra amistad realmente nacía de que ambas sabíamos lo que era estar solas.
A veces me platicaba sobre novios que había tenido o sobre como fumar mota incluso me enseñó a fumar, pero veía la tristeza detrás de sus ojos y detrás de su extroversión, la veía y la reconocía porque yo misma la sentía. Al salir del colegio me la encontré 5 años después con su novio, se veía con la misma tristeza, pero feliz. Nunca nos volvimos a hablar y no la he vuelto a ver.
Volviendo al día anterior a mi segundo semestre, recuerdo que era domingo, íbamos todos en el carro regresando de comprar algo y llevaba puesta una lusa rosa neón con la palabra “LOVE” que en ese momento hubiera jurado que era lo más cool del mundo y en ese entonces no tendría ni una tercera parte de las cicatrices que tengo ahora. Iba callada cuando mi papá me dijo “hija, eres una mujer muy guapa y ahora que vas a entrar a la prepa debes saber que hay muchos cabrones y muchos se van a querer aprovechar de ti” me sorprendió porque mi papá nunca hacía comentarios sobre nuestra apariencia así que solo respondí “ya sé, papi. No necesitas decírmelo” y el solo me dijo “sí necesito decirte. Tu cuerpo está cambiando y eres muy llamativa. Solo te digo que te pongas lista, evítate problemas y a la chingada lo que no sirve, así de fácil”.
“Mujer llamativa” “A la chingada lo que no sirve”, son dos cosas que marcarían el resto de mis años.
Como “una mujer muy llamativa” sería lo más amable que usarían que para describirme en los siguientes meses, teniendo 16 años, teniendo 17 años.
“A la chingada lo que no sirve” fue un consejo que empecé a poner en práctica hasta muy tarde en mi vida
Cosas malas te pasan y no puedes hacer nada al respecto, pero cuando te pasan personas malas en tu vida te culpas porque sientes que es algo que pudiste evitar, que debiste evitar y si no te puedes proteger tu misma ¿quién puede?
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