Y sin pensarlo estaba ahí de nuevo, cansado, rodeado de sentimientos confusos, percibiendo cómo se creaba un vacío en mi pecho, agobiado, triste, desolado, mientras un vacío del pasado dejaba de serlo, el color se desvanecía y lo desvanecido se convertía en arcoiris.
El día se apagaba, se consumía y se vestía de negro, sin embargo, bajo aquellas penumbras resplandecía una enorme luna que cambiaba todo el panorama, que me mostraba que a pesar de las sombras había un suspiro que alternaba el rumbo del camino, la luna era el camino… y caminé en silencio.

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