La vida es demasiada aburrida estando en la cárcel, recuerdo cuando vivía en las calles, ganándome la vida como cualquier persona. Trabajaba en mi barber shop, era muy visitado por jóvenes, adultos y niños con sus padres.

Me gustaba ver cómo me entregaban su confianza, a mí, un desconocido que en cualquier momento podía rebanar sus gargantas con mi navaja de afeitar; Fantaseaba con ellos cada vez que les cortaba

El cabello. Sonreía con solo pensarlo, algunas veces echaba una carcajada y al ver sus caras de idiotas sonriendo más me hacían reír, no tenían idea de lo que quería hacerles.

Para mí ellos no significan nada, eran basura. Llegó unos días en dónde no tenía tiempo de seguir fantaseando y planeando cómo hacer realidad mis fantasías. Mi negocio creció demasiado, ya no daba abasto para atender a tanto cliente. Los días eran agotadores, solo llegaba a mi casa a dormir. La gente es fácil de ganar, es solo tener una cara amable y una sonrisa hipócrita y te ganas su confianza totalmente. Tenía un sueño recurrente, en dónde había un hombre y él me decía que me matara, lo veía lleno de sangre en todo su cuerpo, su risa me contagia de una maldad que llena de paz mi ser.

Pasaron varias noches con el mismo sueño. Al principio no le presté atención, pensé que era producto de mi cansancio o de mis fantasías; mis días seguían y esa risa malévola no salía de mi cabeza, sentía que oía la voz de aquel hombre, sentí que me veía, era algo aterrador y a la vez hacía que me sintiera acompañado. Empecé a beber demasiado porque me relajaba, estaba tranquilo; la voz de aquel hombre ya no solo la escuchaba en mi mente sino de forma física, las palabras que decía no se entendían, solo escuchaba balbuceos, nada tenía sentido.

Mi soledad cada vez era más grande, mi ansiedad se hacía más insoportable, mi refugio era el alcohol. Recuerdo una vez un niño se escabulló sin que nadie lo viera y entró al baño, se cortó un pedazo del dedo índice con mi navaja personal, sólo se escuchó el bramar del mocoso; la sangre corría por chorros, al verla sentí un deseo enorme por pegarme de ese mutilado dedo y chuparlo, corrí a coger el pedazo de carne antes de que el padre la botara, me encerré en el baño fingiendo que lo iba a desechar, sin pensarlo me lo llevé a la boca y saboree su carne y su sangre, fue un momento de éxtasis, aún no sé por qué lo hice, pero ese momento lo llevo conmigo y crecen las ganas de volver a sentir la carne humana y su sabor. Me parece excitante ser dios, tener el poder de hacer con un cuerpo lo que quieras, lo que te venga en gana. Mis erecciones son tantas al imaginar en comer y profanar un cuerpo, violarlo tantas veces como quiera y después comer su carne o viceversa. Eyaculo solo con imaginarlo.

No se turbe al escuchar mi relato, pues a eso vino ¿no?, no seamos hipócritas si le encanta el morbo de mi historia, tampoco me mire con su cara de buena persona o tratando de imaginar el porqué de mis actos, sé que usted y sus compañeros harían lo mismo si tuvieran la oportunidad, también sé que han hecho cosas iguales o peores a la oscuridad de la mirada de una sociedad indolente y vacía. No me mire con su cara de moralista cuándo sabemos que somos iguales. Continúo mi relato.

Llegó a mi puerta un hombre en busca de empleo, era un tipo bien parecido, alto, cabello castaño claro, con barba abundante, de estatura era 1.80; un tipo callado, con una mirada profunda que te deja sin aliento. Un poco enigmático. Era callado, pero me gustó su forma de ser, no sé pero me sentí atraído por él, sin pensarlo le di empleo en mi barbero shop. No pasó mucho tiempo para que se hiciera conocido, era excelente en su trabajo, cada vez nos llegaban más y más personas. Yo veía cada uno de ellos como mis potenciales víctimas, seguía imaginando cómo asesinarlos y después jugar con sus cuerpos a mi antojo. Pero reconozco que solo me quedaba ahí no sé si por miedo, inseguridad o falta de oportunidad.

Hay cosas que no las recuerdo, por más que trate de recordar no puedo; hay personas que me acusan de cosas que no sé si las hice, y créanme que algo así no olvidaría, porque sé que las disfrutaría tanto… ¿Otra vez con cara de asombro, oficial? Vamos, vamos, no sea ridículo que cosas como esas estás acostumbrado ver ¿no es así?, ¿entonces por qué la cara de escrúpulo?, no dice nada, ja, ja, ja, ¿el ratón se le comió la lengua?, me la hubiera dado a mí, JA, JA, JA, JA.

  • Por favor cállese y continúe con su confesión.

  • ¿Confesión?, ah, o sea que eres como mi guía espiritual y vienes a redimir mi alma condenada, eres como un “santo cura”, ja, ja, ja, ja. Te llamaré “padre Roberts”, ¿te parece?

  • Señor Lee, no sea sarcástico y tenga respeto por la autoridad.

  • Perdón, padre Roberts.

En mi mente hay vacíos de tiempos largos, solo tengo presente las cosas que hice, de las que habla la gente no, y no tengo idea por qué mi mente las borró, en fin.

En ese tiempo no paraba de beber y eso hizo que ya no fuera a mi trabajo, le dejé todo a Mason, no sé pero le tenía confianza.

  • Mason, ¿quién es él?

  • No prestas atención padrecito, eh.

Mason es el hombre que llegó a mi puerta, ¡ya lo había dicho! ¿Qué pasa?

  • Ya, tranquilo, lo siento. Siga por favor. No volverá a pasar.

  • Eso espero, otra estupidez como esta y me voy, ¿entiende?

Él no solo iba al trabajo sino que también iba a mi casa a embriagarse conmigo, la pasábamos muy bien, era mi alma gemela; como yo él tenía el gusto por la sangre. Sentía gran complacencia con su presencia, ya no debía fingir, la máscara se caía con él. Era otro maldito como yo, era otro desterrado, exiliado por una falsa sociedad que te dice cómo vivir pero que no cumple las reglas que imponen; gente como usted padre Roberts, que visten de traje de 50 dólares o más y creen que por eso tienen la razón de todo, ¿pero sabe qué?, No saben nada, no entienden nada, y por eso se merecen toda la mierda del mundo.

Entre tertulias de horas, confesamos las ganas que teníamos de matar, de ser dioses y decidir quien vive y quién no, aunque la verdad, nadie merecía vivir, ja, ja, ja, ja. Disfrutamos imaginando cómo los matábamos, cómo íbamos a jugar con ellos, no importaba si eran grandes, pequeños, todos eran iguales, eran basura. Nuestra amistad fue creciendo con los meses, al año éramos como hermanos, así lo consideraba yo, hasta que el maldito me abandonó.

  • ¿Cuándo empezaron los asesinatos, señor Pete?

Los asesinatos empezaron a los cinco meses de empezar nuestra amistad; una mañana muy lluviosa entró un anciano a refugiarse de la lluvia, solo estaba él con nosotros. Mason cerró la puerta, aquel hombre estaba totalmente mojado, ambos ya sabíamos lo que iba a pasar. Le ofrecí una toalla para que se secara, el muy tonto confió, es tan fácil engañar a la gente, ¡ja! Lo llevé a la parte trasera de mi barber shop, había un pequeño cuarto, le dije que ahí la tenía, entró sin más conmigo a ese lugar. Dio dos pasos delante de mí y lo agarré por la espalda, le puse mi navaja en el cuello y de un solo movimiento le abrí la garganta; la sangre recorría como cascada por su pecho mientras me miraba asustado y la vida se le apagaba en su mirada. Ese momento fue épico, sentí una corriente de energía por mi cuerpo, la sensación de éxtasis que viví fue algo que no pude repetir jamás. Al verlo morir hizo que tuviera el mejor orgasmo de mi vida; probé su sangre caliente mientras veía sus ojos abiertos aun con la pregunta, por qué. Perdí el control y tomaba su sangre mientras mordía también su rostro; me comí la nariz y sus dos ojos. Cuando volví en sí, ahí estaba parado Mason lleno de sangre como yo, él devoró las mejillas y dedos de la mano derecha, no me pregunte en qué momento entró e hizo eso porque no lo sé, como dije hay cosas que no recuerdo.

Envolvimos el cadáver en unas bolsas que tenía hacía tiempo en ese cuarto, también tenía un cambio de ropa, ya que había pensado esto hace largo meses atrás. No sé cómo Mason se cambió, al parecer tomó mi ropa y la trajo, no me sorprendí en nada. Salimos a seguir con nuestra labor, fue un día en paz, el sabor de la sangre del anciano no se quitaba de mi boca, era algo delicioso. Después de aquel asesinato, empezamos a planear cómo realizar el próximo. El segundo fue un niño o un adolescente, no recuerdo. Entró con Mason, se lo llevó para aquel cuarto atrás del negocio, entré y lo tenía completamente desnudo, estaba amordazado; lo tenía amarrado de pies y manos, fue algo satisfactorio ver este joven así. Yo ya llevaba mi navaja; abrí su pecho y la sangre empezó a brotar, sus ojos reflejaban el dolor que sentía y eso avivó mis ganas de seguir cortándolo. La sangre salía con más fuerza y perdí el control nuevamente. Recuerdo que saqué sus entrañas y comí algunas de ellas; saqué su hígado y su corazón, guardé un poco de ambos para llevar para la cena en casa. Al estar extasiado completamente vi que Mason se había comido nuevamente las mejillas y los dedos de la mano derecha, también ojos y nariz. Su rostro estaba lleno de sangre y se saboreaba, al ver esto, me excité y violé el cadáver.

En esta ocasión mi orgasmo fue grandioso pero no superó el primero. Mis ganas por la sangre y la carne humana se aumentaban con los días, solo pensaba en volver a probarlas. Cada vez matábamos con más frecuencia, no nos importaba nada pero me sorprendía lo cuidadoso que era Mason con los cadáveres que dejábamos en el cuarto, al volver en la mañana ya no estaban, él se perdía por horas y después llegaba como si nada y empezábamos a beber hasta quedarnos dormidos.

La voz que escuchaba cesó cuando empecé mi amistad con Mason. Cómo tenía clientes antiguos conocía sus direcciones, en tantas conversaciones me decían en dónde residían. Fui a visitar sus residencias, quise entrar a robar un niño pero mi compañero me detenía, me decía que había que ser más cautelosos, más prácticos; debía aprovechar la confianza que me tenían de tiempo atrás.

Así que una tarde, me encontré con dos gemelos de 8 años, eran encantadores. De cabello rubio, ojos grises y piel muy blanca, se les veía las venas y eso me excitaba. Los convencí de ir conmigo a tomar un helado y en camino su padre los estaba esperando en el parque, los ingenuos lo creyeron y se fueron conmigo. Manejé y esos dos pares de ojos grises me miraban por el espejo con una inocencia tierna, yo quería robar eso, lo quería hacer mío. Conduje hasta llegar a mi lugar favorito, ya saben. Ellos buscaron con sus ojos a su padre, no lo vieron, antes de que dijeran algo los golpeé y encerré en el cuarto. Con ellos no quise hacerlo rápido como con los otros, quería tomarme mi tiempo. Desnudé sus cuerpos hermosos, rodeé con mis manos cada parte de ellos, eran perfectos. Esperé a que despierten; estaba sentado al frente de ellos esperando ver la expresión de terror en sus ojos, soñaba con eso.

Llegó el momento que despertaran, sus miradas eran de miedo, y no entendían nada. Les pregunté quién nació primero, del terror no contestaban, así que los golpeé tan duro que sangraban mucho, sentía un placer enorme por hacerlos sufrir. Volví a preguntar quién fue el primero, hasta que uno señaló al otro, les dije que todo lo que les iba hacer era por orden de su natalicio.

Lloraban cada vez más duro y eso para mí era música.

Por favor padre, no me mire así, ¿otra vez la mirada acusadora con empatía por ellos? ¡Por favor, no eran nada suyo, por qué sentir dolor por los niño? Tranquilo.

  • Usted es un monstruo

  • Me halaga, gracias. ¿Puedo seguir o todavía siente dolor por los niños?

  • C… continúe.

El mayor al sentirme cerca de él hizo un gemido de terror, fue un grito de auxilio ahogado por el llanto, quería que su padre apareciera y lo rescatara; el segundo tenía los ojos abiertos, tan abiertos que podía ver a través de ellos. Era un momento único, disfrutaba de todos los ruidos que hacían y aún no los lastimaba. Con solo pensar en todas las delicias que quería hacer, eso hizo que tuviera múltiples orgasmos.

Tomé al mayor, lo senté en mi regazo, empecé a tocarlo muy fortísimo, sollozaba de dolor, esto por supuesto me encantaba; rodeé su cuello con mis manos, y comencé a presionar cada vez más fuerte, su rostro iba a cambiando de color; al verlo, me llene de adrenalina y esa sensación de poder divino, de ver que tenía en mis manos aquella pequeña vida, de ver como se le apagaba la mirada, de ver su cara completamente morada, fue apoteósico. El otro pequeño estaba aterrado, fue tanto su miedo que ya no hacía ningún ruido, parecía un cachorro asustado; fue amargo su dolor al ver a su hermano muerto, con su cuerpo lleno de hematomas; seguí contemplando ese ser inerte, era tan lozano en ese estado, era completamente mío, no existía quien pudiera quitarme esa felicidad. El menor lo cogió e hizo lo mismo que a su hermano, experimentó las mismas emociones y sentimientos, el mismo júbilo; la expresión de dolor y miedo en sus hermosos rostros es algo que atesoro en mi memoria.

Dejé los cuerpos en mi lugar favorito y me fui para mi casa, me sentía cansado, necesitaba pensar y vivir aquello nuevamente en mi cabeza; Mason no estuvo conmigo en esos hechos, solo sé que lo vi lleno de sangre, se estaba saboreando de una manera morbosa, me enfureció al verlo, le pregunté qué había hecho, solo me sonreía irónicamente, hizo que más me enfureciera con él.

Nuestra relación se quebrantó a partir de ahí, ya casi no lo veía, sentía rencor hacia él, sabía que hizo lo mismo con los gemelos, los puso al nivel de los otros; no entendió que para mí ellos eran diferentes, no quería esta vez su sangre ni carne, simplemente eran hermosos así como los deje. Ahora el olor de su sangre me persigue y el sabor de su carne también, no entiendo porque.

  • ¿No sabe por qué? No sea descarado señor Pete, usted sabe perfectamente lo que pasó con los niños y las demás víctimas que dice no recordar.

  • De qué habla, no sé de qué me acusa la gente, dice que maté a muchos y no recuerdo, no entienden que fue Mason, no me creen. Me confunden, eso me irrita, ¿acaso no sabe usted que no me importa decir a cuantos mate, no sabe que no siento culpa ni remordimiento por ellos, para mí no eran nada, entonces por qué me dicen esas cosas? ¡No sean absurdos! Fue él quien cometió los asesinatos y lo que me ofende es que no me invitó, siempre pensé que éramos un equipo, una unidad, él era mi hermano.

  • Déjeme comprender esto, dice que no fue usted quien cometió los tres asesinatos, pero hay testigos que lo acusan, testigos que lo vieron solo a usted en el lugar de los hechos y de esos tres hay un sobreviviente. Fue este quien lo denunció y por lo mismo lo tenemos en este lugar. Mire a su alrededor, y dígame en dónde estamos, ¿en la cárcel o en un hospital mental, en donde señor Lee?

  • No lo sé, solo sé que fueron a mi casa y me trajeron a este lugar.

  • Así fue, lo encontramos borracho y sucio, fuimos a ese maldito lugar de muerte y lo encontramos en los desechos humanos en ese cuarto, estaba inconsciente por el alcohol; créame cuando le digo que quise meterle un tiro, quise acabar con usted en ese momento, pero no puedo porque soy la ley. Lo encontré en ese sitio junto a los cuerpos destrozados de los gemelos, usted maldito bastardo no solo los asesinó sino también comió de ellos, ni a un animal se trata de esa manera tan cruel. Usted mató a dos mujeres, las secuestró de su casa, eran vecinas suyas, una de ellas tenía quince años, la otra solo 9 años. Eran hermanas. Se las llevó para ese lugar, las violó y… volvió hacer los vejámenes que tanto se jacta con esa sonrisa que me dan ganas de arrancarle. Quiero matarlo, pero no puedo.

  • Vaya Padre Roberts, le saco el maldito que lleva dentro, ¡qué bien!, me da gusto que así sea. Acabe con mi vida, hágalo, y vas a ver lo delicioso que es ser dios. Máteme, hazlo de una vez, pero eso sí, antes de hacerlo quiero que traigan al bastardo de Mason y lo maten primero a él, quiero verlo morir por traidor y después haga conmigo lo que quiera.

  • Sigue hablando del tal Mason, él no existe, solo es un invento para desviar la investigación, acepte que solo fue usted, no hubo nadie más. La tercera víctima fue una joven de 17 años, ella luchó por su vida y pudo escapar, nos habló de usted y nos llevó a ese lugar, allí pudimos encontrarlo, maldito perro. Las familias habían denunciado las desapariciones de sus seres queridos, al principio no sabíamos qué camino coger, no había indicios de nada, teníamos las manos atadas, hasta que varias personas lo vieron rondando los lugares en donde desaparecieron los niños.

Usted era una persona respetada por su comunidad, un hombre solitario pero trabajador; su negocio creció con el tiempo, pues era el mejor en lo que hacía, un año atrás empezó a faltar mucho, ya no era el mismo de siempre, bebía en exceso y esto hizo que su negocio fracasara. Efectivamente las desapariciones empezaron hace 5 meses, donde a usted se le veía ebrio, huraño, ya nadie quería volver donde usted, pasaba horas o días en ese maldito lugar, solo se le veía ir a su casa, con otro tipo de ropa. Aún no sabemos cómo secuestró a los niños sin que nadie lo viera. Es usted un tipo muy astuto e inteligente, supo escabullirse y no ser atrapado, pero empezó a ser desorganizado, a no prestar atención en lo que hacía, y lo que dice que Mason desecha los cuerpos porque no volvía a verlos es mentira. Usted solo los botaba en la parte de atrás de su local, los metía en bolsas y ahí los desechaba. Solo guardó los cuerpos de los niños, pero el del adulto lo boto por partes en el basurero, el olor a podrido fue otra alerta por la comunidad, fue una casualidad que al mismo tiempo de la denuncia por el olor fétido y la de la niña que pudimos dar con usted. Me arrepiento de no prestar atención a las llamadas que se quejaban de su apariencia, solo pensé que era un tipo con mala suerte. Hay muchas llamadas de este tipo y no son importantes, pensé que era un caso más. Esta culpa me perseguirá por el resto de mis días. No soy quien para decirle lo que usted sufre, pero sí sé que es un bastardo que merece estar todo su vida encerrado comiendo de su propio estiércol, merece no volver a ver la luz del sol y podrirse en vida en ese lugar donde va a estar recluido, solo voy a vivir para asegurarme que nunca salga por ningún motivo, eso se lo puedo asegurar.

Le informo que estamos en una clínica mental, lo encontramos en tan malas condiciones, parecía un animal, a pesar de que pudimos bajarle la borrachera no era el hombre con quien estoy hablando, era otro y efectivamente se presentó como Mason, nos contó que siempre ha estado con usted, que lo ha visto toda su vida ser alguien que no es y él le ayudó a quitarse esa máscara de hipocresía . Nos dijo que él fue quien raptó a las menores, quien comía los cuerpos incluyendo a los gemelos.

  • No ponga esa cara de imbécil señor Pete, ahora soy yo quien me rio de usted, ahora es usted quien pone cara de asombro, ¿Qué no sabía que tenía un tipo manipulándolo en las sombras?

  • Por favor señor Roberts, no confunda más al paciente, solo limítese a lo que le corresponde.

  • ¿paciente? Es un criminal que merece lo peor, Doctor.

  • Es mi paciente y respeta mi autoridad o tendré que sacarlo.

  • Disculpe.

  • ¡Ya callasen todos! No soy ningún paciente, ¿Dónde está Mason?

  • ¡Mason, Mason! ¿en dónde estás? Ven y diles que somos hermanos, no me abandones por favor, no lo hagas tú también.

  • ¿Quién lo abandonó el señor Pete Lee?

  • ¿Quién es usted, quien habla?

  • Soy el doctor López, soy quien lo va a tratar.

  • Este criminal no merece trato alguno, solo pudrirse en un cuarto oscuro, así como a él le gusta.

  • Ya basta Roberts o tendrá que abandonar la habitación.

Déjeme explicarle Pete, usted sufrió un trauma muy fuerte, algo que hizo desestabilizarlo mentalmente y se agravó con la bebida alcohólica. Dígame por favor a quién perdió.

Perdí a mi esposa en un accidente, ella murió y no pude salvarla aunque intenté, ella era mi mundo. Entonces doctor, ¿Quién es Mason, porque el padre Roberts me dice que no existe? Si lo he visto, he tomado con él, lo he escuchado y eso no puede ser una invención de mi mente. Explíqueme por favor. Él fue a pedirme trabajo y yo se lo di, hubo personas quien lo vio, eso no puede ser mentira.

Pete, esa persona no era Mason, eras tú. Seguiste yendo a tu trabajo pero con otra personalidad, tus clientes vieron este comportamiento extraño en ti, les preguntamos y nos decían que eras más callado, más serio; tu comportamiento era extraño, ya no eras simpático sino huraño. Esto hizo que muchos no volvieran. Mason no existe, tienes un trastorno de identidad disociativo, todas las cosas que te acusan las hiciste tú, pero hay falta de memoria porque solo recuerdas las cosas hechas por Pete, no por Mason, pero al final eran una sola persona.

Como eres un paciente mental no puedes estar recluido en una cárcel por tu seguridad y la de los demás reclusos, por eso, vamos a tenerte en este lugar para estudios porque nunca hemos visto un caso como el tuyo; deje que el detective Roberts te interrogará porque necesita dar fin a esta investigación y dar respuestas a las familias, pero tiene razón al decir que nunca saldrás de este hospital. Todos te estamos viendo y escuchando, este es tu juicio y tu sentencia es vivir en un pequeño cuarto y solo saldrás cuando vayamos a hacerte estudios. Por favor enfermeros llévense al paciente Pete Lee a la habitación número 502.

Podrán encerrarme como un animal pero tengan presente que siempre estaremos ahí vigilándolos, acechando cada día sus vidas, nunca sabrán quién los va a matar.

  • ¿Quién habla?

  • Averígüelo usted, doctor.

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