SICARIO

En una esquina del barrio se ve yacer a un hombre que en sus brazos lleva a un niño; el niño cubierto de sangre con un tiro en su frente.

Esa fue la muerte que causó dolor entre el gentío, sólo se escuchaban sollozos e insultos para el hombre que había cometido tan horrible hecho.

En esa misma acera estaba otro niño que nadie miraba ni se daban cuenta de su existencia. El niño impávido e inmóvil sólo veía cómo la madre cogía a su hijo en sus brazos y le lloraba, con un llanto que hacía eco en el barrio. Todos comentaban en medio de susurros sobre los difuntos, unos con voz de rabia, otros comentaban el por qué habían matado aquel hombre con su hijo, otros sólo se quedaban a escuchar lo que se decía… así pasaron los días y cada quien fue olvidando aquel hecho que tiñó aquel día de un lúgubre color.

Aquel niño que nadie se dio cuenta de su presencia se fue para su casa. Él lloraba sin gesticular palabra, sólo ríos de lágrimas corrían por su rostro, sólo un perro lo acompañaba. El niño llegó a su casa ahogado en llanto. Su vieja casa apartada de todo lo demás.

El tiempo pasaba y todos seguían su vida sin que nada turbara su tranquilidad, nadie pensaba que algo como lo que pasó hace un tiempo volviera a pasar… Una tarde cuando el sol estaba en su lecho gris se escucha una ráfaga que ensordeció a todo aquel que estaba a más de 3 metros del sitio. En este caso nadie lloró, nadie preguntó qué pasó, simplemente cada quien se fue para su casa, y los que estaban en ella sólo cerraron sus puertas. Un hombre fue a ver qué había pasado, al llegar sólo vio a un hombre sobre la acera con un balazo en su cuerpo. Lo que sorprendió al hombre fue ver un niño llorando y con un perro al lado, pensó que era su hijo y se fue.

Ya las personas estaban asustadas de pasar por aquella esquina de la muerte, era así como la llamaban. No pasó mucho tiempo para que hallaran otro muerto, éste sólo tenía un disparo. Todos se quedaron sorprendidos por éste muerto, todos decían: cómo era posible que mataran a este señor si era tan buena persona y ayudaba a todo aquel que de él necesitara. Nadie sabía quién era el hombre que había cometido estos asesinatos y su motivo para cometerlos. Una mujer que estaba afectada por la muerte de este hombre sólo dijo que escuchó llorar un niño y el ladrido de un perro, en ese momento nadie prestó atención sobre lo que dijo esa mujer… la madre del niño muerto dijo que el día que habían matado a su esposo había visto un niño con un perro, el señor que vio al segundo hombre asesinado dijo que también vio a un niño con un perro y pensó que era el hijo porque lloraba sin consuelo y su perro le ladro y se fueron. Todos se quedaron callados por un momento, hasta que alguien preguntó cómo era ese niño, la madre del niño muerto dijo que era un niño de unos 9 años, cabello negro, blanco y flaco; estaba vestido de un jeans desgastado y una camiseta blanca con un dibujo verde. Una señora exclamó un grito y dijo – No puede ser él, no puede ser el hijo de… todos la miraban estupefactos esperando que ella dijera de quién se trataba. Ella empezó a contar la historia de Lucía, una mujer que vivía en rancho en ese baldío con su pequeño hijo y su perro. Una tarde, a punto de caer la noche Lucía desapareció con su hijo, sólo se escuchaban los ladridos del perro y el llanto del niño. Nadie salió a ver qué era lo que estaba pasando, nadie preguntó nada, sólo se quedaron en su casa. Nunca volvieron a ver a aquellas personas, la casa siempre permaneció sola, nadie se atrevía ir porque decían que siempre parecía que había alguien ahí.

Todos decidieron ir a la casa de Lucía. Cuando llegaron encontraron todo perfectamente ordenado, como si nadie nunca se hubiera ido. Se quedaron atónitos, nadie se atrevía decir nada. Empezaron a buscar entre las cosas y no encontraron nada fuera de lo normal. Hubo alguien que encontró encima de la cama una foto del niño y Lucía; el niño estaba vestido exactamente como lo habían visto, todos seguían sin decir nada, cada vez esto les parecía más extraño y aterrador. Una niña que estaba en esos momentos se agacho para ver debajo de la cama y encontró un anillo y dos fotos, sólo una de ella sabía de quién era. En esa foto estaba el hombre muerto con su hijo, su esposa echó a llorar no comprendía por qué la foto de su esposo e hijo estaba en esa casa; lo mismo se preguntaba la esposa del último muerto, por qué el anillo de matrimonio estaba ahí si su esposo dijo que se lo habían robado. Eran preguntas que nadie sabía responder. Siguieron buscando y se escuchó un gemido de la parte de atrás de la casa, todos fueron corriendo y encontraron un hueco y en él estaba Lucía, su hijo y el perro, todos ellos con un tiro en sus cuerpos.

Nadie sabía qué hacer, ni que decir; sólo un sentimiento de culpa los golpeaba al pensar que esa tarde nadie fue a ayudar aquellas personas al escuchar los gritos de auxilio que pedía aquel niño.

Todos comprendieron que esas muertes las había cometido el hijo de Lucía. Vengó la muerte de su madre y la suya. Todos entendieron que esos hombres fueron los causantes de sus muertes y él sólo volvió a cobrar venganza.

Se escuchó abrir la puerta y que un niño lloraba, todos fueron a ver y era el hijo de Lucía.

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