OBSESIÓN

“Nunca vi a alguien tan sencillamente hermosa, tan apetitosamente besable”, pensó Charly mientras veía a una humilde muchacha que miraba el mar con sus majestuosas olas golpeando las rocas. “¿Cómo se llamará? ¿Será que tiene novio, marido? No creo que tenga novio ni marido porque aún es muy joven; entonces, podré cortejarla, no me podrán decir que no ya que soy de muy buena familia y por sus ropajes es pobre esta bella muchacha.” Se fue lleno de orgullo y petulancia, pensando que podría tener aquella chica ya que estaba acostumbrado a tener todo lo que él quisiera.

Charly Benifeather era hijo del banquero del pueblo. La gente lo conocía por ser un muchacho revoltoso, que todo lo que quisiera lo conseguía sin pensar en los demás, sólo pensaba en sí mismo. Pasaron los días y Charly seguía pensando en aquella bella chica. Decidió volver aquel sitio que la vio por primera vez, con la esperanza de volverla a encontrar… Para desdicha de ella, sí la vio y su obsesión por ella creció en ese momento. Estaba más bella que nunca, sus cabellos rojizos bailaban con los rayos del sol y el viento era esclavo de su vestido que lo alzaba y ella luchando con el mismo. Su piel blanca y sus labios rojos carmesí hacían que su pasión por ella creciera más. En ese momento ella se dio cuenta que alguien la observaba; él al sentirse que ya lo habían visto le habló.

– Hola, soy Charly Benifeather, ¿cómo te llamas? –La muchacha no le dijo nada y dejó la mano extendida de Charly y se fue. Para él eso fue la más grave ofensa, ya que no estaba acostumbrado a que le hicieran desplantes. Se fue lleno de rabia y planeando cómo enseñarle a esa pobre diabla que a él nadie lo deja con la mano extendida. Lo que no sabía Charly es que esa pobre chica era sorda y muda, por eso se fue así porque no entendió lo que él le decía.

Pasaron los días y ella no volvió aquel sitio, su rabia y obsesión crecían más por ella. Hasta que una noche llegó borracho y la vio sentada observando el inmenso mar… estaba más bella que nunca. Se le acercó por detrás, la agarró y no tuvo tiempo de reaccionar, cuándo se dio cuenta ya Charly la llevaba lejos y la internó en un bosque. El miedo se apoderó de ella, lloraba sin consuelo, viendo que estaba en un sitio que no conocía. Mirando como ese chico le alzaba las manos y la estrujaba y no entendía qué estaba pasando y por qué la tenía ahí.

Benifeather al ver que ella no dejaba de llorar ni entendía lo que él le decía, su desesperación se hizo más grande. Las horas pasaban y se escuchó que unas personas llamaban a la chica, se veían luces muy cerca de dónde estaban ellos… le tapó la boca para que no hiciera ruidos, era tanta la desesperación y el terror de ella, al sentir las manos opresoras y el aliento repugnante de ese hombre en su cuerpo. Al darse cuenta que ya no estaban las personas que la buscaban y pensar en lo que había hecho, el miedo se apoderó de él, ya no sabía qué hacer con ella, pero tampoco la podía dejar ir; podría contar a sus padres lo que él le hizo y su estricto padre le quitaría todo. Pasaron unas horas y la noche moría, ya el alba rayaba los árboles inmensos. No había retorno, tenía que hacer algo con ella; en ese momento la miró de nuevo, estaba sucia pero aun así se veía más hermosa y un deseo recorrió su cuerpo y se le fue como bestia. Dañó con tanta violencia su vestido, sus manos recorrían su cuerpo con tanta furia y el dolor que le provocaba era desgarrador. Lloraba y lloraba sin parar, el llanto no lo detuvo, al contrario, hacía que con más ganas destruyera su inocencia y vida de aquella pequeña. Cuando terminó su abominable hecho, extasiado de deseo y excitación, volvió a mirarla ya con una mirada de rechazo y odio, ella lo miraba aún con esa expresión de por qué le había hecho eso. Sacó de su bolsillo una navaja, cuándo ella vio eso supo que su vida llegaría a su fin, cerró sus ojos y sintió un fuerte dolor en su pecho, que se repitió varias veces. Ya sin alientos ni fuerza, veía que su verdugo la llevaba cargada, su sangre bañaba su cuerpo y el dolor se hacía menos. El sol se hacía más poderoso y notó que estaba en el sitio que a ella le gustaba estar. Aquel cobarde la dejó ahí tirada mientras ella se desangraba. Murió mirando el inmenso mar, las olas ya no eran majestuosas y el viento ya no pasaba entre su vestido.

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