​Espíritu de robot

​Espíritu de robot

Luis Catalan

17/02/2018

El viento marciano aquella noche de marzo era gélido, las cúpulas donde habitaban la novena generación de colonizadores vibraban intensamente. El señor Robert Smith había llegado hace ya treinta años al planeta rojo, y era el ingeniero a cargo del mantenimiento de los robots de exploración. Había formado familia con una joven que conoció en la sección medica del domo cinco, la muchacha se llamaba María Ivanov y era de origen Ruso, era una Doctora espacial graduada con honores en la prestigiosa Universidad de Moscú.

A los pocos años se casaron y tuvieron a un niño llamado Dimitri, el pequeño acompaña siempre a su padre a las misiones de reparación de robots. Ellos le resultaban muy interesantes de explorar, había aprendido a comunicarse con ellos de una forma muy poco habitual, los trataba como a personas de carne y hueso. Los padres al ver las dinámicas de comunicación de su hijo con los robots, se sintieron muy preocupados.

Muchas veces sorprendieron al robot llamado M66 oculto bajo su cama, era una unidad de recolección de energía solar pero había sido desechado como obsoleto, hace ya algunos meses. El muchacho le había insertado un software de comunicación muy avanzado que había sido desarrollado por la compañía Electronic inc, era sorprendente lo mucho que había aprendido el niño en esa temprana edad.

Un incidente ocurrido en el sistema de ventilación del domo causó una rara enfermedad entre algunas personas de la comunidad marciana. Una fatiga en la zona de las piernas se manifestó en unas nueve personas, en las que se incluía el pequeño Dimitri que por orden del personal médico quedó en cuarentena total. No podría salir del aislamiento por un tiempo indeterminado, hasta que se encontrara una cura para tan rara enfermedad.

Los padres procuraron llevarle todos sus juguetes para que el niño no se deprimiera por aquella situación tan adversa, pero el niño no quiso recibir ninguno de los juguetes que le llevaron aquel día. Les había dicho que ya no le interesaban esas figuras de plástico que ahora deseaba jugar con artefactos de metal, en particular deseaba que le llevaran a su amigo M66 al que llamaba Mike.

Los padres no pudieron cumplir el deseo del niño ya que no era permitido llevar robots a esas instalaciones, aunque le trajeron un intercomunicador neuro-óptico para que pudiera conversar con su metálico amigo a una distancia segura. Esa tecnología consistía en una operación ambulatoria que se le realizaba a los niños a las pocas semanas de nacidos, y posteriormente se insertaba en un puerto de entrada la pequeña capsula de titanio, el aparato podía servir como un medio de comunicación a largas distancias.

El niño se comunicaba todos los días con su amigo robot por el aparato neuronal, la unidad solar le platicaba de todo lo que estaba pasando dentro del domo marciano, y le hablaba además de las últimas noticias ocurridas en la Tierra. Los padres habían estado preocupados por la información que el robot le proporcionaba al pequeño; le había contado de guerras y pandemias ocurridas por esos días en la Tierra. Habían pensado en cortar la comunicación con el muchacho pero habían analizado la situación y decidieron que ya era hora que el niño supiera la verdad de lo que estaba ocurriendo en aquel mundo ya en vías del caos total, por si en algún momento tendrían que viajar a la Tierra.

Dimitri no pareció afectado por la información que le narraba su amigo M66, decía que esas cosas son normales en todos los mundos y que la tierra no sería la excepción. El niño nunca había vivido en la tierra a diferencia de sus padres y no sentía aprecio alguno por aquel planeta que solo había visto en películas.

La enfermedad de la fatiga duró años y el niño creció entre médicos e inyecciones muy dolorosas, se había vuelto muy inteligente gracias a la constante comunicación con el robot al que llamaba su Mike. Los padres por asuntos de trabajo habían tenido que viajar a la Tierra por algunos meses. Dimitri no pareció afectado por la momentánea separación de sus progenitores, estudios médicos recientes habían demostrado un aumento considerable en su coeficiente intelectual, todos creían que eso era a causa de la neuro comunicación constante con la máquina de recolección solar, que fue adaptada por el mismo chico para sus fines personales.

Si bien en un comienzo la comunicación era más bien lúdica, con el paso del tiempo ambos seres se comunicaban para hablar de temas profundos sobre la tecnología robótica y el futuro de la humanidad fuera del planeta Tierra. Más que un amigo el robot se convirtió en una parte del muchacho, no era posible imaginarlos sin el uno con el otro, se podía decir que el robot era el alma misma del joven.

Cerca de la víspera de navidad llegaron los padres junto a un equipo nuevo de robots de exploración y recolección solar, el joven se mostró muy feliz por el regreso de sus padres. Les hizo miles de preguntas sobre el acontecer del planeta Tierra, le contaron que las guerras habían comenzado a terminar gracias a la intervención de una alianza entre las 5 súper potencias; que eran lideradas por China y Rusia.

Le contaron que habían sido seleccionados para preparar en la Tierra a los nuevos colonizadores, y que dentro de dos meses partirían todos a vivir al país natal de la madre y que se establecerían para siempre en ese lugar, el chico se sintió abrumado por la noticia puesto que el consideraba a Marte como su único hogar y preguntó que si podría llevar a su amigo M66. Le dijeron que no era posible llevarlo con ellos ya que el robot sería reparado como unidad de recolección solar, y que partiría en una semana a una de las lunas de Jupiter llamada Europa para trabajar con un grupo de robots que prepararían unas instalaciones para un grupo de astronautas que vivirían ahí unos años.

La tristeza del joven fue absoluta no podía concebir su mundo lejos de su amigo, en unos días estarían serados para siempre. Aunque le prometió que no lo permitiría de ningún modo, encontraría la forma de vivir juntos para toda la eternidad y nada ni nadie lo iba a impedir.

Una mañana todo el personal médico se encontraba alarmado por la baja abrupta en los signos vitales del joven, los padres acudieron de inmediato al llamado del jefe del área que les comunicó que la condición era de gravedad absoluta, había sufrido ataques cardiacos por la mañana y había sido inducido a un estado de coma. Los padres lloraron desconsoladamente junto a la cama de su único hijo que súbitamente había caído en ese estado de muerte inducida, ya no podrían viajar juntos a la Tierra y vivir felizmente en ese hermoso planeta. El joven sólo había conocido el mundo artificial y árido en el que se encontraban.

Una triste noche bajo la vigilia de sus padres, el cuerpo del joven dejó de existir en eso que llaman la vida humana y emprendió un largo viaje a una de las lunas de Jupiter. Ahora era el alma de un robot.

FIN

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