Al final del mundo, Junio 2020, contexto Pandemia, tu funeral…
Desde la tarima, frente a todes, miré… Fue buena idea haber escrito, pensé, lo que compartiría con esa veintena autorizada de seleccionados familiares y compañeres… mientras cientos no pudiendo participar nos colmaron de buenos deseos y cadenas de oración. Entre sollozos y pausas pude despedirte:
“Es un dolor indescriptible, es como si me arrancaran del cuerpo, algo que en sí mismo es mucho más grande que todo mi ser y me desgarra lentamente…Un dolor que si algo lo calma momentáneamente, son lagrimas que brotan a borbotones y me desbordan.
Pero junto al dolor surgen recuerdos, imágenes de Mauricio y su paso por esta nuestra historia.
Elisa tiene a su Dios y sabe que sí se lo quitó, es por algo, es para mejor…Entonces para ella, más allá del dolor, tiene esa tranquilidad de saber que Mauricio tiene méritos, para ser llamado a sembrar el cielo de amor…
Sí tú estás bien, yo estaré bien, le decía a Elisa…Y no sé si tiene sentido estar bien cuando la pérdida es tan grande, inexplicable, como dolorosa…Así que he optado por lo único que tiene sentido…llorar, llorar. A diferencia de Elisa, desde muy niño, no solo me declaré ateo, luego también hereje. Serlo no me impidió conocer y compartir con ese gran cura, un cristiano de verdad. El Cura Pepo Gutiérrez, quién una de esas veces que estuve muy grave, después de haberme entregado la extremaunción (y él antes de morir, no por culpa mía, supongo),me dijo: Creer o no en Dios, no es lo más importante! Lo que importa es que serás juzgado por tus actos…Entonces sí eso fuera así, no me cabe duda que Mauricio entrará por la puerta ancha.
Mauricio Fernando, a su nombre hizo honor y merece el reconocimiento de aquell@s sembradores de sueños, que luchan. Fue y es un imprescindible, un hombre de acción, pocas palabras, reservado…Siempre pensé, que en algo andaba y fui cómplice de su silencio…Nunca pregunté…él debía elegir (como yo lo hice) su camino y su destino…y me sentí siempre orgulloso de una vida de entrega, disciplinada…Hermoso, generoso, respetuoso, modesto, consecuente…Valores, actitudes necesarias de cultivar si queremos construir una sociedad más justa, libre y llena de humanidad…
A nombre de Elisa y en mío propio, agradecer a todas y todos los que hicieron posible que Mauricio llegara a ser lo que fue: Gracias, a sus amigas, amigos, amores, compañeras, compañeros, a Nadia y Macarena sus hermanas, a Valentina, a Darío su hijo, su continuidad y que esperamos cuando crezca, conozca y nunca olvide lo que nuestro hijo le deja como legado”.
Después de estas mis palabras, un joven, con rostro cubierto…mientras proyectaban en las paredes fotos de nuestro Mauricio trabajando para ese nuevo futuro, intervino…mi mente voló lejos…Era el mismo, que previamente me pidió autorización y reserva, para despedirlo con honores…
Disparos rompieron el silencio
Un día como tantos…
Dos pequeñas y dulces lágrimas rodaron…
El recuerdo, su imagen, timidez y sonrisa se hacen presente, reemplazando, su dolorosa ausencia.
Elisa su madre, pregunta sorprendida: que te pasa?, estas llorando?
Nada, no te preocupes, sigue durmiendo…respondí
Sencillamente no pude evitarlo, un sollozo me denunció nuevamente…
Sí, estoy llorando… me acordé de Mauri…reconocí.
Me abrazó, me dejé abrazar, nos abrazamos en silencio, lloré desconsolado hasta que el sueño se hizo cargo de mí…
Antes que el sol se hiciera presente y Elisa despertara, otras imágenes y recuerdos se sucedieron acompañadas de otras muchas lágrimas deslizándose presurosas por mis mejillas…Pareciera ser la forma que se rebalsa mi dolor…Comprendí, que así como no eran las primeras de muchas, las habría de derramar cada vez que su imagen y recuerdo, en solitario me visitara, y pensé: ha de ser así, hasta el último de mis días…Lloro con frecuencia, aún en presencia de Elisa…Ella me ayuda no preguntando… A veces lloramos juntos, en silencio…
La muerte se hizo presente…Sabía que sería capaz de sobrevivirte, más nunca necesité dar explicaciones mágicas o de fe y al igual que tú , sabía que tenía motivos para seguir viviendo, pero mi gran preocupación pasó a ser Elisa…Sentí que yo podría con mi dolor, pero mi gran temor era que ella no fuera capaz de soportarlo, de ser así nos hundiríamos…abrazados, pese las manos extendidas de tus hermanas…Mi preocupación surgía porque Elisa, declarándose “católica a su manera”, pudiera no resistir y su fe no fuera suficiente para “soportar esta injuria”, pero una vez más nos sorprendió, dando cuenta de esa fuerza interior que le es propia, que ya había demostrado y de la cual nunca hace gala…Debo reconocer que no solo sufrió como sufren las madres al perder sus retoños, pero sabiendo que nuestro Mauri, estaba con su Dios, y junto a su padre bajo esa lápida siempre con flores…para siempre.
Me veo con frecuencia acariciando su grueso cabello. Téndido en nuestra cama, en medio de Elisa su madre y yo, diciendo…rásquenme, ya pues!, rásquenme!… A veces como una orden, otras como una petición o una súplica, con tal de conseguir su objetivo… y lo cierto es que también yo disfrutaba, en particular este entregarse de Mauri, para ser acariciado…considerando que era más bien esquivo, tímido, reservado…Tenía a quién salir…Y yo, nunca lo hice mejor…
La muerte no me era extraña…Se hizo presente y evidente desde mi tempana adolescencia interrumpida, cuando el fascismo terminó a sangre y fuego, el 11 de septiembre de1973, nuestros ingenuos sueños por construir ese Chile más justo, y hacer la revolución a la chilena, “con empanadas y vino tinto”, como decía nuestro compañero presidente Salvador Allende…
En septiembre 25 de 1974, a los 16 años fui detenido, durante largos 4 días y 4 más largas noches, en la Academia de guerra en Valparaíso, centro de detención y tortura de la armada chilena, mal llamado Palacio de la risa, donde no fue más grande mi temor a la tortura y la muerte, que el temor a no resistirla…
Detención por participar en una simple actividad de propaganda y resistencia, al cumplirse el primer año de la dictadura cívico-militar…
Siempre pensé que me encontraría con ella tempranamente y viví o traté de vivir en consecuencia, intensamente… y las veces que estuvo cerca no fueron pocas y en una de las que me visitó, fue tan evidente que el Cura Pepo Gutiérrez, me entregó la extremaunción.
Estuvo conmigo, cuando estudiante de medicina, procedía a realizar prácticas de anatomía, con cuerpo de fallecidos NN, a los que escaso o ningún respeto (vistos con los ojos de hoy) procedíamos a abrir, cortar, extraer órganos, a estudiar sin preguntarnos las más de las veces quienes eran y por qué no habían tenido derecho siquiera una digna despedida de este mundo…
Luego las pasantías como interno de medicina, por los diversos servicios, y el ejercicio de la profesión, permitió tomar contacto con la enfermedad, el dolor y a veces la muerte…
Siguió sin detenerse la vida y se hizo a ratos vertiginosa…Llegó el año 80 y ya no pude, como muchos jóvenes, seguir regalando y regalándome flores y poesía…y en ese ambiente, casi burbuja, donde la letra fue necesaria consigna, la música sones de resistencia, la pintura murales colectivos, las opiniones gritos de libertad y justicia, Elisa fue y se convirtió en ese bálsamo, cable a tierra necesaria y me inspiro ese deseo superior irresistible de soñar con ese día siguiente, por el que vale la pena y le da significado vivir la vida a concho, como si fuera el último día, para volver a ver sus ojos hermosos, negros de tristeza…
A Mauri le gustaba saber que su nombre era en honor a dos extraordinarios compañeros y creo junto con sentirse orgulloso de mí por un pasado limpio y reconocido en la lucha contra la dictadura, creo que sentía una mayor responsabilidad de ser merecedor de llamarse Mauricio Fernando y aspirar siempre a la altura de ser revolucionario
A Elisa le amé tanto como mi corazón lo permitía, pero al lado de su capacidad de amar y demostrarlo, el mío era pequeño…A diferencia de ella, mi amor no traspasó los límites que el deber me exigía…, amé tanto la vida, que estuve dispuesto a entregar la mía, por terminar con ese régimen de muerte y dolor…
Tu carta a Darío, confirma que presentías tu partida…
Y no sabes cuánto me duele no haberte abrazado, después de responder a esa tu última pregunta y me imagino ahora, haciéndolo como lo hubiera hecho, de haber sabido, que no habría otra oportunidad para hacerlo…
Era junio del 2020…contexto Pandemia. Todo había comenzado, solo semanas antes, con un simple llamado inesperado, desde tu lugar de trabajo, muy lejos de casa, para relatar síntomas que obligaban a tener que orientarte a consultar urgente…Consultas, exámenes, traslado y una evolución inesperada…y luego nuevos exámenes, PCR negativas y un diagnóstico probable que se fue abriendo paso tan rápido como fueron aumentando nuestros temores…
Tu pregunta me sorprendió, pese a que me había preparado los últimos días, para responderla…en caso que te atrevieras a realizarla…
Cuando la hiciste y la forma de hacerla, me trajo al presente la imagen y el dialogo con mi padre (quién junto a mi madre vivieron la represión del traidor González Videla) en su lecho, años atrás, previos a su partida:
¿Es muy grave lo que tengo?, dijo…Sí respondí.
¿Hay algo que se pueda hacer? No…
Y ahí estabas con tus veinte y seis años felizmente vividos, preguntándome, haciendo un esfuerzo, como buscando las palabras correctas y con dificultades para expresarte verbalmente, a consecuencias de esta extraña y maldita enfermedad, pero esperando y sabiendo que te respondería con la verdad y yo sabiendo que no tenía alternativa…
Con los ojos de hoy, cuando ese día en la clínica, te decidiste a hacer la pregunta, sentí que sí bien albergabas una esperanza vaga que la respuesta fuera otra, ya lo presentías… Para Darío tu hermoso tesoro de tres años, un sereno mensaje.
Yo por el contrario, guardaba la esperanza y un deseo intenso que todo fuera un mal sueño, sabiendo que no lo era…
Pudimos vestirte junto a tu madre, como tantas veces lo hicimos cuando eras pequeño…
Pudimos besarte, abrazarte, mirarte y tenemos la seguridad de que en ese ataúd que acompañamos a tu última morada, efectivamente eres tú.
Hasta en eso la vida nos ha tratado como privilegiados. Hasta la muerte maldita, indeseada y cruel nos ha tratado con deferencia
A mi hijo Darío Joaquín:
“Me imagino que ya habrás preguntado el significado de tus nombres, y espero los entiendas, quería empezar con esto porque a mí me tocó algo similar, y sin dudarlo (compartiéndolo) intente incorporar su significado a mi práctica… a mi vida.
Te escribo esto con el simple objetivo de satisfacer una necesidad personal me imagino, por no haber podido aportar más a tu crecimiento, pero lo cierto es que creo, y que te digan que no si no ( jaja), que lo di todo por ti, incluso sacrificando tiempo juntos para irme a trabajar al norte a Calama, una ciudad fea.. Pero con muy lindas personas.
Si algún día te interesa saber sobre mí (lo digo porque no sé, querer conocer a alguien que no conociste puede ser raro, no?) creo ser una persona simple (pero muy compleja y a veces incomprendida para esta sociedad), muy práctico en todos los sentidos, comprometido al punto de ser medio obsesivo, leal, desconfiado, a veces medio “pillo” y prudente, nunca me gusta perder jaja ni equivocarme mucho (aunque lo hago harto), capaz de anteponer el bien común antes que el propio (que estoy seguro que me lo habrán de recriminar y culpar un poco de alguna manera a eso de mi enfermedad, de que no existe el super militante, no digo serlo pero lxs hubo y lxs hay pero lo cierto es que muchxs hicieron y dieron mucho más, y como te dije en un comienzo, incorporé los nombres que me pusieron por Mauricio Arenas Bejas, compañero que murió “solo” en argentina, lo coloco entre comillas porque nunca estamos solxs. Eso lo terminé de aprender en el hospital de Calama cuando estuve hospitalizado, en ningún momento me sentí solo, porque estaba al lado de un taxista que sufrió un accidente de auto (Carlitos) que estaba entubado y un viejito minero de mi edad. Al final estaba entre los míos, nunca solo. Bueno y Fernando Larenas Seguel, otro destacado combatiente que vive con las secuelas de una vida de lucha “solo” (nuevamente) en Suecia.
Siempre lo he dicho la intriga me mata.. de saber cómo serás cuando más grande, aparte de muy inquieto, y pillo como yo, lo único que se y barsamente del ya no estar te aconsejaría seria se lo que quieras hijx, aprende de todo, aprende lo teórico, pero lo interesante es como se lleva a lo práctico, equivócate y aprende (una pa´ los vios se dice ahora, dos pa´ los jiles)
Me despido con una frase que escuché una vez en la casa de mis papás:
“Hijo si salgo todos los días por esa puerta es para construir un mundo mejor, y si un día salgo y no vuelvo, ese mundo no existe para mí, entonces tú tienes que construirlo”
Nota del autor:
Sugiero que una vez que leas esta “historia”, incluida mis palabras textuales, en el funeral de mi hijo, así como la carta que Mauri le dejó a Darío…sugiero que hagas la prueba de leer la historia dando el orden que desees a las 5 páginas…
Título: ¡Hasta siempre!
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