En lo que soy realmente bueno es en hacerme las preguntas con las respuestas más difíciles. Respuestas que dependiendo del contexto, persona, la cultura, la religión… pueden tener una gran cantidad de interpretaciones. ¿Cómo se creó el universo? ¿Existe la reencarnación? ¿Por qué existe la maldad? Estas son preguntas que los más ilustrados de toda la historia de la humanidad se han hecho y han tratado de responder. Pero existen otras que son más cotidianas, más naturales y, aun así, responderlas es todo un desafío. ¿Alguna vez has pensado en que es lo que más miedo te produce? Llevo mucho tiempo preguntándome esto y cada vez que lo intento la respuesta es diferente. Empecé con algo profundo, la muerte. Morir es la incógnita más grande de todas, jamás vas a saber que se siente morir, si no hasta dos segundos antes de tu partida. Pero cuando me preguntaba, descubrí que no le tengo miedo a morir, es el proceso de la “vida”, es el fin del ciclo natural: “nacer, desarrollarse, reproducirse y morir”. No hay nada que pueda hacer saltar ese ciclo, todos nacemos y todos morimos. Así que llegue a la conclusión que morir no es el punto, lo que produce miedo es la forma en que llegará. Cada día que pasa desde esa pregunta estuve imaginando todos los casos posibles en los que me daría miedo morir. ¿Ahorcado por suicidio? Pasando los últimos segundos de mi vida, quejándome de lo fracasado que fui. ¿Asesinado con arma de fuego? Delirando, viendo mi propia sangre mientras cada segundo que pasa, la vida me grita “se acabó”. O algo peor, siendo asesinado con un cuchillo. Sintiendo el filo frío entrando a mi cuerpo… perdiendo la respiración mientras le pido a la vida un poco más de tiempo. ¿Teniendo una enfermedad terminal? Postrado durante mis últimos años en una cama, con mi cuerpo rindiéndose a la muerte, sin que mi mente pueda hacer algo para evitarlo. O simplemente morir de anciano, lo cual para mí es peor, porque de todas las opciones es la que más tiempo lleva, te pueden asesinar de joven, con diez… quizá quince años. Una enfermedad te puede matar a los treinta. Pero morir de anciano representa aproximadamente ochenta años de espera para resolver la gran incógnita. Y si durante tu vida fuiste un fracasado, te la pasaras en ese último momento de vida maldiciéndote y preguntándote por qué no moriste antes.
Surgió algo peor, algo que de verdad puede llegar a ser muy tenebroso para ciertas personas y es la sensación de ver morir a alguien que amas. El sentido de la palabra “vida” se pierde por completo entre gritos y lágrimas y en medio del descontrol emocional, tú sigues teniendo esperanza, dudando y confiando, en que no sea cierto, que eso no estuviese sucediendo. Pero actúa la razón y te das cuenta de que es la probabilidad más absurda posible. ¿Tienes la suficiente fuerza para que el miedo no te tumbe mientras ves morir a tu madre? ¿A tu padre? ¿A tu hijo? Solo piénsalo por un momento y si tienes solo un poco de amor real hacia estas personas te aseguro que de solo imaginarlos siente como tu corazón se acelera… fue de tanto pensar en estos casos de la muerte en que me di cuenta de que en efecto puede ser el mayor miedo de la humanidad.
Sin embargo, no era mi respuesta final, no sentí que abarcaba el verdadero miedo. Así que seguí pensando y para darme un descanso de semanas enteras imaginándome como mi madre moría, decidí pensar en algo no tan trascendental, pero que puede generar temor, y es ¡El amor! En las preguntas existenciales este tema siempre debe estar. Desde jóvenes siempre estamos dispuestos a encontrar el amor, y no importa de que tipo sea, amor verdadero, un amor pasajero, un amor solo por sexo, en fin. Solo nos fijamos en lo bien que nos puede hacer sentir esa persona por la que sentimos amor, solo nos preocupamos por la tranquilidad, los momentos divertidos, las locuras compartidas, un apoyo incondicional, tener a quien contarle tus problemas y saber que tus secretos están a salvo. En definitiva, sentir amor por alguien y que ese amor sea correspondido con muchas otras buenas cosas es simplemente bonito. Sin embargo, el estar enamorados nos quita la razón y no nos deja pensar que existe la posibilidad de que no dure para siempre, y a las personas les asusta el fin de una relación. Les asusta que haber entregado tanto de sí mismo ya no valga para nada y solo sean recuerdos de días que no volverán a suceder. Les asusta una traición, conocer su verdadero ser, de una no correspondencia, de decepcionarse completamente de esa persona por la que antes dabas la vida, de preguntarte ¿Cómo fue que me enamore de el/ella? O, por otro lado, no contar con la misma suerte de los otros y jamás encontrar amor, jamás encontrar a alguien con quien tu vida sea mejor y pasar años y años con la soledad. Sí, exacto, miedo a la soledad.
Y pase otros días pensando en más opciones. Típicos miedos, llamados Fobias. A las alturas, oscuridad, animales, a fenómenos naturales, condiciones humanas, infinidad de fobias que solo representan un miedo mucho menor al verdadero miedo de la vida. Así que por fin llego mi respuesta, increíblemente de la manera menos esperada, solo tuve que sentarme en un parque a observar a las personas. Ver lo que hacían, ver sus expresiones, como visten, observar porque el viejo está sentado mirando el cielo, observar como para los niños el cansancio no existe. Descubrí entonces que la calle, la cotidianidad de los parques es el mejor escenario para ver el miedo. Cada uno huye de lo que teme y cuando salimos a la calle tratamos de evitar ese miedo con rutinas, planes, conversaciones, etc. Así fue como descubrí que lo que más me produce miedo, lo que hace fallar mi respiración y lo que me inquieta en las noches es desalinearme de mi propia naturaleza. Cada uno de nosotros tiene un propósito por el que nació, un camino por el que tendremos caídas, nos levantaremos y seguiremos adelante, pero siempre por el mismo camino. Me da miedo no seguir mi plan de vida, y me produce aún más temor saber que puede llegar al final de camino y no encontrar mi destino. No cumplir mis metas personales y desviarme del camino. Mi naturaleza ya está pactada en esta vida, un trato que se hizo hace veinte años y que el único que lo puede romper soy yo. Me da miedo terminar mi carrera y no saber qué hacer, equivocarme en mis decisiones y renunciar a lo que me hace bien. Me da miedo alejarme de personas fructíferas para mí, pero me genera el doble de temor acercarme a personas malas. Me da miedo escoger la decisión incorrecta, porque siempre será un cincuenta cincuenta. Escoge la droga, escoge ser un patán con las personas que te aman, escoge una cerveza cada sábado y un guayabo cada domingo, escoge tener sexo con quien quieras, escoge tu Instagram, escoge ser un perezoso, escoge ver el futbol antes que leer un libro. Escoge esto, o algo aún peor, pero no culpes al destino. Cúlpate a ti de haber permitido que el miedo te ganara y te convirtiera en eso que siempre querías evitar. Y a ti… ¿Qué es lo que más te da miedo?
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