Hoy sentí que te olvidé y me partió el corazón. Me dio tanto dolor que deje todo lo que estaba haciendo para sentarme a recordarte de nuevo, y no hay mejor forma de hacerlo que no sea escuchando “Berthica y Nicolas” de tu sobrino músico mientras me desahogo escribiendo. Te recuerdo porque eso te mereces. Fue solo una foto tuya la que vi, pero me detuvo el tiempo, recordé de nuevo ese momento. Esa tarde en que te tomaste esa foto, y me sorprendió que, aunque la he visto cientos de veces, hoy sentí que la vi por primera vez. Tú me enseñaste que siempre debo pensar en mí, que las personas van y vienen y que todo lo tenemos que superar. Pero contigo no quiero eso, no quiero superarte, no quiero olvidarte, quiero que estés presente en mi vida en cada segundo. Hoy quiero decirte que te extraño, que sigo pensando en como sería mi vida contigo y de como de felices seriamos todos nosotros si estuvieras aquí sentada en tu silla de madera dirigiendo la familia. Quizá la razón por la que te sigo escribiendo tanto es porque jamás te dije algo bonito en vida, lo único que recibiste de mí fue la misma frialdad que le doy a tu hija. Pero tú siempre supiste que esa era mi forma de ser y que por dentro te amaba con locura. Tú siempre lo supiste, tus ojos me lo decían, tu sonrisa me lo contaba y tus consejos me hacían sentir especial. Y como no me iba a sentir especial si siempre sabias qué decirme, siempre encontrabas las palabras perfectas y si no eran tus palabras, era tus abrazos los que hablaban por sí solos.
Hay un momento que jamás olvidaré y que me mata todo el tiempo, era un día de semana como todos, en las tardes te tenía que cuidar, me tenía que quedar en la casa contigo, hacerte compañía y ayudarte a caminar de ventana a ventana cuando tú me lo pidieses. Cuando tenías que entrar al baño siempre era de mi mano para que no golpearas con la puerta estrecha que teníamos. Quitarte las canas mientras me contabas cosas de tu pasado y por supuesto, cuidando que no te quemaras mientras me hacías café ¿Ya era todo un ritual no? Era la rutina que más he disfrutado durante mis años. Pero ese día estallé, mis amigos me habían invitado a salir, estaba empezando mi adolescencia y otros pensamientos ya estaban en mi mente. Yo quería salir, pero tenía que estar contigo. Reprochando como si mi vida dependiera de ese día, hablé con mi mamá al frente tuyo, fui muy grosero y sin quererlo te hice sentir como si fueras un cáncer. Yo no tengo tiempo, yo no tengo una tarde libre, estoy cansado, no puedo estar con mis amigos, que la cuide otro… y otras tontas frases que salieron de mi maldita boca. Tu hija callada observando la escena no dijo que sí, pero tampoco dijo que no, así que lentamente y dejándolas en la cocina, fui dirigiéndome a la puerta y justo cuando iba a salir me apuñalaste con dos palabras que jamás olvidaré: “perdóname hijo”. Tuvo que pasar mucho tiempo para que entendiera de verdad lo que dijiste, y desgraciadamente lo entendí cuando partiste de mi lado. Tú siempre fuiste fuerte, llegaste desde Ecuador con el único propósito de ser feliz. Tu vida nunca fue suficiente donde estabas y con la fuerza que siempre te caracterizo te hiciste tu propio camino hasta nuestra casa. Sufriste mucho, pero poco a poco la vida te sonrió, ¡sobreviviste! Y te convertiste en la mejor mujer del mundo, a ti te podía faltar todo, pero nunca le podía faltar algo a tus hijos. Y eso logró que tu hija y yo estemos en nuestro ahora, forjándonos un mejor futuro con el único objetivo de que te sientas orgullosa. Eso me llevo a pensar que tú “perdóname” fue el que más te ha dolido decir porque tú perdóname fue de “perdóname por no ser fuerte”. Te volviste dependiente de mí y siempre lo odiaste, yo sé que no soportabas que un niño fuera tu apoyo, que fuera tus brazos y tus piernas. No podías verlo con buenos ojos porque para ti, tus siempre tenías que ser la que cuidara de todo el que tuviera el apellido Dorado. Tú “perdóname” fue doloroso para ti, porque aceptaste tu condición, y aceptaste que en ese momento tú todo era yo. Pero hoy, muchos años después, quiero ser yo quien te pida perdón, quiero que me perdones por ese día, y por no querer seguir siendo tu todo. Todos los días de mi vida pienso en eso porque siento que te decepcioné, me lo diste todo, una familia, la mejor madre, una casa, principios, valores, me enseñaste a leer, a pensar, soy lo que soy por ti y siento que ese día te falle. Y aunque tú me perdones, yo nunca me lo voy a perdonar. Hoy con el corazón destrozado y con los ojos aguantando que las lágrimas salgan, estoy recitando esto, que acabo de escribir esperando que las vibras, el viento, el silencio o lo que sea que me sirva, te lleve este mensaje a tus oídos, en donde sea que estés.
Te amo vieja querida. Y si no es suficiente lo diré otra vez, te amo vieja querida.
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