Hay algo que tengo que decirte. Algo que tenía que decirte hace mucho tiempo, pero que finalmente me he decidido a hacerlo.
Estoy segura, (o espero) que sabes qué es lo que tengo que decirte. Algo que siento que ya me dijiste, aquella vez en la habitación, acurrucadas en la cama, mientras abrazabas mi cuerpo frágil y besabas suavemente mi alma. Aquella vez no te lo dije. Tenía miedo. El corazón desbocado. Las palabras atoradas en la garganta.
Pronto voy a irme, y es posible que no podamos volver a vernos. Es posible que nunca podamos acurrucarnos juntas de nuevo. Es por eso que tengo que decírtelo. Sé que si no lo hago ahora, se quedará guardado bajo llave en mi pecho.
Esto es diferente a esos «te amo, princesa» acompañados de corazones verdes que inundaban nuestros chats. Este es un «te amo» sincero. Un «te amo» que significa algo. No sé si signifique lo mismo para ti. Sólo espero que en algún momento entiendas el significado que tiene para mí.
No te estoy prometiendo un «te amaré por siempre». Sólo puedo prometerte que te amaré durante todos los momentos que quieras pasar a mi lado. Ya sea como pareja, como amiga, o como hermana.
Sabes que cuando me vaya, quizá conozca a alguien. Alguien que sabes que siempre he deseado. Aún así, siempre habrá un rincón de mi corazón reservado para ti. Y espero que, tú también puedas conocer a alguien algún día. Alguien quien te ame tal y como tú quieres ser amada.
No necesito que me des una respuesta. No estoy buscando una respuesta. No voy a enviarte flores y galletas de masa de almendras con sabor a vainilla. No pienso perseguirte hasta el fin del mundo y arrodillarme ante ti suplicando por tu amor. No voy a humillarte de esa manera. Lo único que necesito es que mis sentimientos hayan quedado plasmados en estas palabras, y que tengan algún valor para ti. No importa si lees esto hoy, si lo lees mañana, o dentro de un año. Sólo espero que alguna vez lo leas. Y si no quieres volver a saber de mí después de esto, o si aceptas mis sentimientos, no importa. Únicamente te pido que después de leer esto, al menos, me dediques una última sonrisa. Es todo lo que deseo.
Eso es todo. Finalmente he librado mi corazón de aquel peso.
No quiero que pienses que esto es pasajero. No te puedo prometer que lo sea, como tampoco te puedo prometer que no lo sea. Siempre rondas mis pensamientos. Espero que hayas podido entender mis intenciones, y comprender lo que intenté decirte en esta breve carta.
Con cariño,
Un pésimo intento de princesa azul.
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