Jose soñaba con el gran golpe, no obstante conducía a la gasolinera de un pequeño pueblo, al costado de la ruta, que justo ese dia corría la maratón anual, festejando su fundación.
El plan era robar la gasolinera.
Todo estaba previsto. Dejaría el coche en una de las calles del pueblo, y, vestido con ropa deportiva, no llamaría la atención.
La policia estaba aplicada al transito, y ese lugar nunca pasaba gran cosa.
Estacionó el auto cerca de la ruta, tomó un bidón plástico, lo llenó de agua, y le echó refrigerante para Fiat 600, lo que le dió un color celeste igual al de la nafta.
Jose era un gatillero, lo hacía para evitar que lo reconocieran, pero también lo disfrutaba un poco. Ese dia no quería usar armas, por eso había pensado lo del bidón. Se acercó caminando la cuadra que lo separaba de la gasolinera. Se acercó al playero, y acercó un encendedor al agua celeste.
–No tengo nada que perder–dijo Jose al playero, con la seguridad del que sabe que no corre peligro.
–Tranquilo…Apague ese encendedor…No soy el dueño…Le daré el dinero…Pero…Por favor…
Jose le sacó la billetera, y lo obligó a entrar a la cafetería, enfiló hacia la única caja, donde una empleada lo miraba con los ojos muy abiertos.
–Es un asalto–le dijo el empleado de playa
–Dale el dinero…El de la caja.
Jose estaba metiendo el dinero en su bolso cuando escuchó un disparo que le dió en la pierna. La cafetería tenía un vigilador, y el 38 hace mucho daño desde corta distancia.
Luego de herir a Jose, el vigilador se quedó espectante, temeroso de lo que veía dentro del bidón, y temiendo que explotara, por otro lado él era un poli retirado, que nunca había disparado en otro lado que no fuera el polígono…Jose disparó tres veces sobre el pecho del vigilante. quien muró de inmediato.
La pierna le dolía horrores. Subió a su coche y condujo a 50 km, donde lo esperaba un veterinario que siempre lo curaba, a cambio de una buena suma.
–Hola Jose–dijo Tomy, el veterinario
–Hola–contestó parco, mientras se bajaba los pantalones para mostrar la herida.
–Eso está feo, te convendría ir a un hospital
–No jodas…
–Es que aca no tengo anestesia…Estaría perdido si la tuviera…Los polis sospechan…
–Aguantaré el dolor.
Jose bebió un largo lingotazo de ginebra, y al sentir el bistuí escarbando, otro. Luego gritó.
–Dame algo para el dolor.
–Solo puedo darte una receta…Y ya no vuelvas por aquí.
La receta era magistral, y había una farmacia que las preparaba. Jose fue hasta allá.
–Quiero este preparado urgente–le dijo al dependiente.
–El farmacéutico esta con otro encargo…Vaya a tomar un café y vuelva en una hora–respondó el empleado.
–Llévamela al coche–le dijo poniéndole en el bolsillo un billete de cien.
–No es posible…No puedo dejar el mostrador…Dejeme ver si puedo apurar al preparador.
Justo en ese momento apareció un flash de noticias en el televisor de la farmacia, que informaba del robo, y daba una imagen muy nítida de Jose, que auque no había la visto, la cafetería tenía una cámara. Gracias a la adicción a los celulares, nadie prestó atención a la gran pantalla pública. Jose si.
El billete había aceitado los movimientos del preparador, y pronto tuvo el medicamento, lo agarró, pagó, fue hasta el coche, tomó dos capsulas y las tragó con agua. Se recostó esperando el alivio.
El dolor no paraba, y en esas condiciones era dificil manejar. Transpiraba, y su corazón se había acelerado, y fue por eso que se le ocurrió mirar la etiqueta del preparado: ADRENALINA.
Acción alfa-adrenérgica y betaadrenérgica.
Al mirar por la ventanilla del coche, vió al farmacéutico agitando en su mano la medicina correcta…Y eso fue lo último que vió.
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