El silencio del genocida

No tiene palabra,

no tiene memoria.

Es inherente al tiempo, 

está fuera de lugar, no obedece al entendimiento.

El genocida no siempre tiene el mismo rostro,

pero su reflejo es de idéntica silueta.

Dibujada entre sombras, masticando el presagio, 

con sonrisa burlona, va convirtiendo en silencios,

lo que todo el mundo está gritando.

A sus pasos, les reclama más tarde que temprano, el tiempo,

que muriendo en un hueco, tan  callado y mugriento,

no puede hacer justicia, ni por silencio ni por lamento.

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