06-09-2017 Irma arrasa Puerto Rico

Víctimas: Al menos tres muertos. Se han registrado numerosos daños; árboles y postes de electricidad caídos, más de un millón de personas se han quedado sin electricidad y más de 220.000 sin agua corriente. Unas 7.000 personas están refugiadas en albergues”.

Inmaculada, Inma, como le gustaba que la llamaran, era un verdadero torbellino: impulsiva, apasionada donde las hubiera y, sobre todo, muy descerebrada. Se guiaba, mejor dicho, nada ni nadie la guiaba, creo que ni siquiera ella misma dominaba sus actos; simplemente iba donde le llevaran sus tacones. Siempre llevaba unos altísimos para suplir su corta estatura. No es que fuera bajita, le calculo uno sesenta, y para una mujer es suficiente; pero ella, imagino, quería estar lo más cerca de las estrellas.

Siempre iba corriendo, allá donde fuere; si las calles que transitaba no hubieran estado asfaltadas, sabrías por donde andaba tan solo siguiendo el polvorín que dejaría tras ella, y sobre todo por la estela de su rubia melena ondulada, siempre al viento. Lo surcaba, mejor, lo atravesaba a tal velocidad que, si escuchabas con atención, eras capaz de escuchar un leve silbido. Y qué decir de su perfecta dentadura, resaltada más si cabe por el rojo carmín de sus labios. Nariz pequeña y unos negros y vivaces ojos que iluminaban su camino. Ni que decir tiene que nos tenía a todos encandilados, pero ninguno de los que la frecuentábamos la merecíamos, no estábamos a su altura.

¿Y sus curvas? Eran como las de una carretera de alta montaña, te mareabas solo al ver como se contoneaba. Siempre iba con vestidos o pantalones muy ceñidos, dando a entender todo lo entendible. Salivar era lo único que podía permitirme; era preciosa, encantadora, un ángel con un toque de diablesa; esto último se vislumbraba al percibir algunas de sus miradas lascivas que se le escapaban, y yo atrapaba. Desde que entraba en mi campo de visión no existía nada más; todo se oscurecía, se desvanecía. Mi mirada se posaba en lo que un gran foco alumbraba: en ella; además de acercársele un micrófono conectado directamente a mis oídos, pasando a ser sordos para el resto de conversaciones, ruidos, música; su voz era mi canción preferida y bailaba a su son. Me embelesaba de tal forma que me convertía en un verdadero lelo. “¡Vamos, espabila. Estás ‘pasmao’!” me dijo más de una vez mi mejor amigo cuando me encontraba en ese estado, pero, por mucho que lo intentaba, me era imposible no rendirme a sus encantos.

Y un día ocurrió lo que me parecía imposible, lo que anidaba en lo más alto de mis sueños. Su mirada, su haz de luz me deslumbró al fijarse en mí. ¡Sí, en mí! Yo que siempre me consideré como una sombra más que aguijoneaba con sus tacones. Y, ¡no cabía en mi asombro!, me habló; ¡sí, a mí!, el que solo escuchaba como su voz se dispersaba en todas las direcciones excepto en la mía, era su receptor por primera vez. Ni que decir tiene que no escuché lo que me decía, tan solo oía la musicalidad de su tono al salir de sus carnosos labios tras mover aquella tan deseada lengua. Imagino que estaba acostumbrada a causar ese tipo de reacción y, con la mejor de sus sonrisas, que dicho sea de paso me provocó una gran erección, insistió:

¡alucinante!

— Sí, por supuesto, mejor que nunca — le contesté cuando pude articular mis palabras.

— ¡Ah, vale! Es que parecía como si estuvieras en las nubes— en las nubes dijo, como si leyera mi mente. Aunque solo acertó ligeramente, me sentía mucho más arriba.

— Ya sabes, pensando en mis cosas. Perdona, ¿qué me decías? — la pregunté.

— Es que Jesús me ha dicho que te gusta bailar, y que lo haces muy bien. Y… pues eso, esta noche quería ir a bailar y había pensado que podrías acompañarme. Como sabes hay pocos chicos que bailen. Claro, que si tienes algún otro plan lo dejamos para otro momento — para otro momento dijo, pero si aquel era el mío; aunque mi propia madre estuviera en el lecho de muerte no dejaría de atender una cita con mi gran diosa.

— La verdad, no tengo ningún plan para esta noche — le contesté con parsimonia, intentando reprimir las ganas de saltar y de gritar; tenía que guardar la compostura.

— ¡Qué bien! ¿Me recoges a las diez? Ah, por cierto, ponte bien guapo, quiero que esta noche deslumbremos a todos —deslumbrar, pero si yo necesitaría gafas de sol.

07-09-2017 el huracán arremete República Dominicana y Haití

Hay inundaciones en gran parte de la República Dominicana. Más de 19.000 personas han sido evacuadas, entre ellas 7.500 turistas. Más de 100 viviendas han quedado destruidas.

En Haití, además de las consabidas inundaciones, hay cortes en las carreteras en el norte del país. El Gobierno preparó 793 refugios temporales. La ONG Oxfam teme que se produzcan rebrotes de cólera y estima que un millón de personas se verán afectadas por el ciclón.

¡Cuántas veces rememoré aquella noche! ¡Incontables! Apenas dormí en toda la semana para poder hacerlo una y otra vez. Ni me duché en varios días, lo hice cuando su fragancia se desprendió de mi piel. Me mesaba las manos continuamente intentando percibir de nuevo su tacto, su cuerpo a través de aquel vestido sedoso. Recuerdo que bailamos y bailamos como un único torbellino. Hablé muy poco, me encantaba escuchar su voz. ¿Qué me contó? La verdad es que me dio igual, tan solo estaba pendiente de cómo la presión de sus palabras impulsaban a su aliento y éste acariciaba mi oreja. Era lo más sensual que nunca he vivido. Tuve que separarme de ella muchas veces para que no notara mi pene que pugnaba por salir por su cuenta, provocando que me sonrojara.

Tan solo deseaba volver a verla, y las horas previas a la quedada de todos los sábados con el resto se me hicieron eternas. Según me alcanza la memoria es la espera más larga y de mayor sufrimiento que se albergo en ella. Y, claro, sumando a mi cara aquella agonía casi perpetua a lo maltrecha que estaba por no dormir lo necesario, pues…

— ¿Te encuentras bien? — ¿por qué todas nuestras conversaciones empezaban igual? — tienes ojeras y mala cara. Seguro que cogiste un catarro la semana pasada. Estabas muy acalorado y, al salir, seguro que cogerías frío — me dijo guiñándome un ojo y con una sonrisa picarona —. Cuando te recuperes podríamos quedar de nuevo. ¿Quieres? — que si quería, pero si lo estaba deseando más que a nada en el mundo. Aunque tenía razón, no estaba en situación óptima para dar mi siguiente paso… intentar conquistarla. ¿Una locura? Pues sí; pero en aquel entonces la sinrazón me dominaba hasta la médula.

Durante la semana utilicé todas las técnicas conocidas para relajarme e intentar recuperar la cordura. Hice hasta deporte a diario: algunas flexiones y correr durante media hora. Tenía que estar en la mejor forma posible, no sólo física sino, sobre todo, mentalmente. Y creí que lo conseguí, y digo bien: ‘lo creí’. A los hechos me remito.

08-09-2017 Irma azota Cuba

Evacuación de civiles y de 10.000 turistas hacia regiones más seguras. Fuertes lluvias y ráfagas de viento que ganan intensidad.

Sí, efectivamente, parece que mi aspecto mejoró notablemente y el sábado siguiente me propuso que la acompañara a bailar. Y, cómo no, lo hice sin dudarlo. Pero aquella noche, imagino que por mi estado algo más normal, empecé a percatarme, no mucho, pero sí lo suficiente, de lo que acontecía alrededor nuestra. Me di cuenta, por ejemplo, que había más gente bailando en la pista, muchos otros en la barra, sujetándola para que no se callera, e incluso que los preciosos ojos de ella, una y otra vez, se dirigían, en particular, a un punto de aquel habitáculo repleto de gente. Seguí como un verdadero sabueso donde se posaba su mirada y comprobé que iban directos a los ojos de un joven, que tampoco le quitaba los suyos de encima. Percibí una especie de conversación silenciosa utilizando solo los gestos de sus caras. Por supuesto, no conseguí descifrar el código que utilizaban, pero era más que evidente de qué iba el encriptado diálogo: ella estaba intentando dar celos a aquel muchacho y, según el cómo sus facciones se endurecían al inspeccionarme de arriba a abajo, parece que estaba consiguiendo su objetivo. Y, claro, al no estar seguro tuve que ingeniármelas para cerciorarme.

— Tú vienes mucho por aquí, ¿no? — intenté que la pregunta sonara natural.

— A veces, me gusta este sitio y la música que pinchan, ¿por qué lo dices? — Ella se sobresaltó tras salir por un momento de su estado de ensimismamiento.

— Por nada en particular. Imagino que conocerás a los más asiduos.

— Uf, que va. La gente va y viene — sus ojos la delataron al moverlos nerviosamente.

De pronto irrumpió en nuestra conversación aquel energúmeno, lo de muchacho lo dejó atrás. Cogió a Inma de un brazo con brusquedad y la separó de mí. Yo intenté evitarlo, pero ella me paró poniéndome su mano en el pecho y diciendo un simple: “Tranquilo, le conozco”, Tras soltar esa simple frase desaparecieron entre la multitud. Yo me quedé perplejo, como un pasmarote en mitad de la pista mientras todos me observaban.

No me quedó otra que desaparecer. Salí rápidamente de la discoteca y cuando me dirigía con paso rápido hacia mi casa un impulso me obligó a dar media vuelta. Y así lo hice. Me planté en la salida a la espera de que ella saliera con o sin compañía. Pasaron los minutos y ni rastro de ella. Pero, cuando me estaba replanteando mi estrategia, ¡estrategia, ¿para qué?!, ella pareció dejando tras de sí su ‘tic-tic’ de sus tacones.

Corrí tras suya hasta alcanzarla. La agarré de un brazo, intentando ser lo más delicado posible, y comprobé como su cara estaba llena de chorreones del rímel. Fue la primera vez que la veía vulnerable, mi diosa se había vuelto terrenal. Tras comprobar que era yo, me abrazó fuertemente haciendo sus sollozos más sonoros. Mi blanca camisa se puso perdida con aquellas ennegrecidas lágrimas, pero, en aquellas circunstancias, qué importaba mi camisa recién estrenada. La apreté con mis brazos lo más fuerte que pude para intentar consolarla sin conseguirlo. Lo único que se me ocurrió fue decirle: “¡Vámonos de aquí!” , y, sin dejar de agarrarla, la hice caminar en dirección al metro.

09-09-2017 el huracán baja de intensidad tras entrar en Florida

Irma impacta con fuerza y arrasa la zona de los cayos y el área metropolitana de Miami. La evacuación asciende a 650.000 personas en el condado de Miami-Dade, la mayor de su historia.

Y allí estábamos, en un vacío andén, sentados en un frío banco de mármol, esperando el último metro. Sus lloros no cesaban y retumbaban, sobre todo, dentro de mi cuerpo tras entrar por mis oídos. Por muchas vueltas que le daba no sabía cómo consolarla. Estaba claro que le habían desgarrado el corazón a la par que el mío, y una rabia descomunal me invadió ofuscando mi sentido común. Mi cara se encendió y de mis ojos rezumaba odio, no hacia ella; ¡cómo iba a odiarla si era lo que más amaba en el mundo! Cuando el sonido de los vagones irrumpió en el andén la ayudé para que se incorporara y nos acercamos al borde. Y, justo, cuando el metro emergió del túnel, me tiré a las vías sin dejar de agarrarla. Su chillido fue lo último que recuerdo de aquella noche, lo último.

14-09-2017 Irma sucumbe por fin en el interior de EEUU

Las autoridades norteamericanas, tras el paso del huracán, las consiguientes evacuaciones masivas, inundaciones, cortes eléctricos y el despliegue de la Guardia Nacional, evalúa los cuantiosos daños.

Y aquí estoy, contándote un breve instante de mi existencia, el que direccionó el resto de mi historia, a la espera de que sea lo más corta posible; aunque no me lo permiten. ¿Tú qué harías si estuvieras asido a una silla de ruedas al carecer de piernas? ¿Cuál crees que sería tu estado de ánimo al observar cómo la vida pasa a través de una ventana de este hospital de salud mental?, porque llamarle manicomio está mal visto. ¿Qué sentirías al saber que tu amor, tu verdadero amor, ha sucumbido por tu culpa; y lo peor, sin conseguir acompañarla en esa travesía, que era tu objetivo? ¿Recobrarías la cordura si rememoraras una y otra vez lo acontecido? Mi pasado, la vida que tuve antes de lo que te acabo de narrar, se me borró de la memoria. Lo único que me queda es esto, nada más. Pasa por mi mente una y otra vez, como una cinta autor reverse.

Creo que mi castigo es merecido, y lo único que espero es llegar al fin para poder reencontrarme con ella y saber si ha conseguido perdonarme. ¿Tú crees que lo hará? Pues… eso mismo pienso yo. Aún así, ansío poder volver a verla y ser pisoteado de nuevo por sus largos tacones. Prefiero mil millones de veces ese sufrimiento.

FIN

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