La noche es cruenta,

roza y asfixia la pesadumbre.

El espíritu cuelga de un perchero,

y la sombra hace eco con el sombrero de copa.

Las lágrimas se arrinconan en los pies de la cama;

soccorridas por los zapatos huecos,

desparramados por allí y por acá.

La noche es bélica y Pasífae. Traiciona y miente

con un mejor amanecer.

Las caricias mojadas empapan las luces del ayer.

El insomnio se anuda la corbata y sirve el café del olvido.

La noche es fantasmagórica, llora y grita cual espíritu en pena.

La noche se sienta en mi lugar y me invita a irme por ahí,

dejando mis preocupaciones en ella.

Camino el mundo, sintiéndome noche.

Y recojo suspiros de poemas rotos, boleros chorreados

de alcohólicos abandonados; y orgías de camas vacías.

Los perros callejeros orinan

sobre mi rocío; y los acantilados, plagados de ratas,

me señalan con el dedo, acusándome de su desdicha.

Qué triste es ser la noche, quiero volver a mi vida terrena.

¡Noche, devuélveme mi vida! ¡Te lo suplico!

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