Roca con alma propia

Roca con alma propia

j. m. ramallo

20/09/2019

Las moscas, la invalidez, la congestión nasal,

y el silencio.

«Cambiando el ángulo de las noticias – me apabulla
el noticiero del mediodía – un hombre violó
y asesinó a su hijo, porque era gay».

¿Cómo pueden pasar estas noticias – me pregunto –
a la hora del almuerzo?
¿Cómo pueden pasar estas cosas – me reformulo
la pregunta – en el mundo?

Miro el espejo y el reloj. Nadie habla acá.
Ni mi reflejo, ni el paso del tiempo.
(Solo este aparato del infierno, que lo dejan
prendido, para que yo no me aburra).

El silencio, la congestión nasal, la invalidez,
y las moscas.
A la inversa. Asco me da igual.

«Reposo absoluto y medicación» – dijo el médico.
¡Estúpido! Lo vi sonreír con sarcasmo, cuando dijo:
«Reposo».
Si tan solo me pudiera mover.

La invalidez, la congestión nasal, las moscas,
y el silencio.

Da igual. Todo da igual.
El mundo es una mierda.

Las moscas gobiernan el mundo.
Así es. Por eso todo es una mierda.
Porque las moscas adoran la mierda.
Luego de lamerla y devorarla con placer,
vuelan y se apoyan en mi cara.
¡Con todo su olor a mierda!
(Y yo que no puedo moverme)

Las moscas.

Ahora parece que va a llover.
A mí me gusta la lluvia.
Me trae placer, o acaso será paz,
que es algo diferente al placer.
La lluvia hace ruidos que irrumpen
este sepulcral silencio.

A veces me pregunto cómo se sentirá
correr debajo de la lluvia.
O, al menos, que alguien me llevara
y me dejase debajo de la lluvia.
Creo que cuando llueve Dios está pidiendo
perdón por la creación del hombre.
Me gustaría recibir sus lágrimas
de redención, para obtener el perdón
y empezar a caminar.
Soy un discapacitado motriz,
no puedo mover ninguna parte de mi cuerpo.
Si acaso pudiese hacerlo, me pondría de rodillas,
uniría mis palmas y en una plegaria le preguntaría
qué mal hice, para que Él me castigue
con esta enfermedad.

Pero no puedo.

La invalidez, las moscas, el silencio,
la congestión nasal.

Todos se han ido. Tienen que trabajar, por supuesto.
Habrá que esperar a que regresen, así me podrán
dar de comer y cambiar el pañal.
No me gusta comer, porque me ahogo fácilmente.
Además esta congestión nasal me quita el hambre.
Me cuesta respirar. Preferiría morir. Pero no me dejan.
Me cuidan.

Por las noches mis piernas se acalambran.
No puedo moverme, no puedo hablar.
Tengo que aguantar, hasta que el dolor explote
en un grito y todos vengan a ver qué me pasa.
A veces, también, por las noches tengo convulsiones.
Es horrible. Pareciera que mi cuerpo va a explotar.
Los músculos se contraen, las pupilas ascienden
hasta lo más alto, los impulsos me hacen gritar,
y todo junto conforma un movimiento involuntario.
Es un descontrol en el cerebro.
No veo nada. Estoy ausente.

Luego de ello, poco a poco,
desde lo lejos escucho que me llaman.
Y entonces me doy cuenta

que ya voy recuperando la conciencia.
Quedo jadeando.
Veo que aún sostienen mi cabeza y mis manos.
Lo hacen para que no me golpeé.
Me cuesta respirar.

La congestión nasal, la invalidez, las moscas,
y el silencio.

Cuando todos duermen, yo permanezco despierto
por un poco de tiempo más.
Sucede que por las noches no solo lloro y grito,
sino que también, a veces, me rio a carcajadas.
Y es que, luego de las convulsiones, escucho voces
y percibo imágenes.
No es ningún integrante de mi familia.
Mucho menos la televisión.
Supongo que han de ser mis Ángeles de la Guarda,
que bajaron para ver por qué yo gritaba tanto.
Giro mi cabeza, extiendo mi mirada, pero no veo nada.
Sé que están ahí. Entonces comienzo a reír.

Nadie entiende por qué me río así
(siquiera yo).

La gente que se queja de todos sus problemas,
nunca entenderá lo que significa
nacer dentro de una roca. Inmovilizado.

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