Anoche no pude llamarte

Anoche no pude llamarte

j. m. ramallo

03/08/2019

Anoche no pude llamarte;

se me cayeron los ojos.

El análisis de la autopsia

arrojó un resultado inapelable.

¡Cómo me hubiese disgustado

no haber tenido la oportunidad

de conocerte, antes

de que aquello sucediese!

Anoche no pude llamarte;

se me cayeron los ojos.

Todos tus datos personales

atestiguaron en las necrológicas.

¡Qué infame he sentirme

a partir de mañana, cuando sienta

que me falta tu presencia y que

carezco de facultades para continuar

disfrutando del correr de los años!

Anoche no pude llamarte;

se me cayeron los ojos.

Maldije a Dios, el universo

y a toda la humanidad.

Al revés de tu vanguardia positivista

lloré a mansalva la descuartizada imagen

de tus labios siempre humedecidos.

Anoche no pude llamarte;

se me cayeron los ojos.

La alfombra aún estaba mojada

cuando entraste por aquella puerta.

Me pregunté en qué lugar colocaría

todos tus deseos de que juntos

fuésemos felices para siempre.

Anoche no pude llamarte;

se me escapó tu sonrisa,

y, desde entonces,

quedaste muy seria.

Las luces se fueron apagando

y con ellas los latidos

de tu corazón.

Me sobraron los argumentos

para no contradecirte

y acepté maquillarte,

para que no te vieras pálida.

Anoche no pude llamarte;

se me escapó tu sonrisa

y arrecostaste tu mirada

como si una desilusión

profunda te hubiese

clavado sus garras.

Sangraste la pena,

por tus orificios nasales

y yo te supliqué

que me perdonaras,

por no saber cuidarte.

Pero me desgarré de dolor

al razonar que no fui capaz

de pedirte que te quedes,

más que pedirte que me perdones

(¿Acaso me importabas, en verdad?)

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