Las flores de ella

He recordado a veces cosas que han perdido el orden y los números. He recordado siempre. Hasta que el recuerdo es más largo que el tiempo de las cosas.

Porque viajados, rutinarios, encontramos el nosotros, dejamos de ser cada uno.

Y yo me expliqué tus libros, y supe qué cosas son a veces, porque tuve, me acerqué a tu siempre.

Tú me sirves de costado. Marchas conmigo y yo te cuento estas cosas eligiendo las palabras como las frutas.

Había siempre un espejo donde aprendernos. Sentados hacia nosotros, estuvimos comiéndonos los gatos que giraban en nuestros arrabales.

La tarde era hermosa, tan hermosa que podían ser hermosos los cementerios.

La gente del domingo que hace lunes sobre los ómnibus, me servía sin costumbre para la costumbre.

Hoy le llevaba flores. Una vez las flores, recuerdo… Ella no había dicho nada.

Cuando di la vuelta, el panteón que siempre me servía de orientación, dejó de seguirme.

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