La Segunda Vez en ese Dichoso Bar.

La Segunda Vez en ese Dichoso Bar.

LLVA

05/12/2022

La Segunda Vez en ese Dichoso Bar.

Esa tarde Alexander no tenía otra alternativa que ir nuevamente a ese bar, era consciente de lo improbable de encontrarla allí, pero, solo estar en ese ambiente una vez más quizás le ayudaría a entenderse, a tener claridad en lo que debía hacer. A una cuadra de ese bar recuerda que antes de entrar debe fijarse en su nombre, pues, la primera vez no le prestó atención y teniendo claro que lo que le sucedió allí lo marcó, sentía que era una cuestión de respeto poder guardar debidamente ese lugar en sus recuerdos. Bar California, así se llama, pensaba él mientras observaba los detalles del letrero de la entrada, con una mirada brillante y nostálgica a la vez. Al entrar conocía lo que iba a beber, sabía que allí estaba disponible, como esperando por él, incluso que 3 tragos serían lo suficiente, así le pidió al barman un Jack Daniel’s (sin hielo), le gustaba sentir su sabor puro sin que el agua del hielo derretido lo contaminara. Llevaba pensando mucho tiempo, en su consideración, en lo que le había sucedido en ese lugar, sentía la necesidad de contarle a alguien, precisaba ayuda, pues, por más que trataba no llegaban a ningún sitio sus pensamientos. Pero no le resultaba fácil partiendo del punto de que conocía la posible respuesta de en quienes confiaba, algunas de ellas le agradaban, pero las consideraba poco confiables por estar parcializadas por el cariño hacia él y otras simplemente prefería no escuchar. En ocasiones incluso estando rodeado de personas que sabes que te aman inexplicablemente nos sentimos muy solos. Necesitaba de alguien ajeno a él, alguien que le pudiera dar una respuesta imparcial, pero dudaba, también se avergonzaba de ello, quizás por aquello de inevitablemente verse débil ante alguien desconocido.

Justo finalizando el primer trago y disponiéndose a pedir el segundo escucha el comienzo de esa canción tan especial para él: “Can’t Help Falling in Love” en voz de Elvis, no dudó en interpretarlo como una clara señal de que era el momento de expresar aquello que tanto lo martirizaba. Le miró los ojos fijamente a aquel hombre sentado casualmente a su lado, de edad madura con estereotipo de intelectual, que bebía muy paciente y pensativo su trago de whisky escocés, y le preguntó: ¿Quizás usted me pueda ayudar? Y sin esperar respuesta le dijo: ¿Dónde estará la cordura? ¿En empeñarse en luchar por algo que hoy mismo todo indica que es una causa perdida, pero que aún la esperanza te embelesa y como en un cine te muestra el éxtasis atemporal que fuera la vida si triunfas o en ser práctico, eliminar el barniz sentimental de la razón, endurecer el carácter y buscar otra causa por la que luchar? Aquel hombre que lo había escuchado bien en ese momento desvió la mirada hacia un punto incierto detrás de la barra, inmutable por unos segundos, tomó un sorbo de su preciado whisky y encendiendo un cigarro lo volvió a mirar y le dijo: mira teniendo en cuenta que es un hecho que esa interrogante lo agobia y seguramente no le deja dormir, que por más inteligente que el ser humano sea el futuro siempre nos será abstracto e indescifrable, que en la realidad a veces suceden cosas que parecen sacadas de una novela de ficción, le daré mi consejo y opinión, pues respuesta a su pregunta sólo Dios. No se guíe ciegamente por la razón sin tener en cuenta su corazón, no conozco hazaña del hombre en la historia que no comenzara como un sinsentido, nadie ha obtenido algo realmente valioso sin ser guiado por los sentimientos. No hay sufrimiento peor que el que produce el remordimiento, el saber que pudo haberlo intentado de otra manera. Justamente si aún usted no tiene respuesta para su pregunta es porque aún esa lucha merece calor, esfuerzo, paciencia, cuando termine sea cual sea el resultado sentirá muchas cosas, pero dudas no. Dice un libro que le recomiendo que: «Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado». Se inclinó hacia su portafolio sacó un libro usado y le dijo: mira este es: «El Viejo y el Mar». Se lo regalo, ahora usted lo necesita más que yo, tomó el último sorbo de su whisky, apagó el cigarro, dejó el pago de su cuenta, le dio dos palmadas en el hombro, lo miró con una mezcla de deseos de ánimos y compasión y se marchó. 

Quién pensaría que en un lugar desbordado de chistes, risas y conversaciones banales también pudiera existir un coloquio sobre temas tan profundos que llegan a definir el camino a seguir por alguien, en verdad nunca sabemos en qué lugar o momento puede llegar un giro total en nuestras vidas. Esa respuesta era la que Alexander necesitaba, era la razón que le faltaba para convencerse en hacer aquello que ya milimétricamente había planificado. Después recordó que ni siquiera le había preguntado el nombre a ese señor, una vez más queriendo etiquetar y ordenar debidamente sus memorias. Quizás por eso lo tomó después como esas benditas veces en que un desconocido aparece en nuestras vidas, como un ángel en el momento preciso, a decirnos justamente lo que debemos hacer borrando en un instante toda inseguridad. Decidió que un tercer trago ya no era necesario, se sentía lleno de euforia optimista, pagó sus tragos, tomó el libro ya ansioso por leerlo y salió no sin antes volver a fijarse en el nombre de ese dichoso bar.

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