El hombre enjaulado

El hombre enjaulado

Rodrigo Ahumada

17/09/2021

                                                                   El hombre enjaulado

Esta es la historia de un pequeño hombre, tan minúsculo como la
arena más fina que se acerca las orillas del mar, nadie sabe de él, ni se
merecía lo mejor de la vida o es eso lo que pensaba, sentía, se dejaba llevar
por el mal momento del clima, oscuro y gris, así pasaba sus días solo como la
flor que nace en la estepa, árida y doblegada ante la incertidumbre de lo
incierto, hasta que todo cambio por un momento de luz que llegó a su vida.

Eran cerca de las tres de la tarde, vio su reloj y dijo: Diablos,
si llego tarde, jamás podré saber. El hombre continuó a paso apresurado, sin
medir el mal tiempo. Lo único que importa es saber – se decía – salvo que no
quiera decir nada y me tome como un tonto, apresurado por el bendito saber. Cuando
se estaba acercando a aquella casa del gran hermano, vio que se tenía una
pequeña cascada artificial, desde los metros de distancia que aún quedaban por
llegar aquel lugar, podía sentir en su ser una paz, que no sentía desde hace ya
mucho rato.

Una vez en la puerta, leyó el cartel que decía: Palabras para
todos y para nadie. Qué curioso pensó. Acaso este hombre llamado el gran
hermano, será un fanfarrón o un loco aturdido. Miro la calle y se percató que
la única casa que tenía color era de este gran hermano, las demás eran humildes
y se notaba que la precariedad había llegada hace mucho en aquella zona, donde
solo se podía visualizar una tiendita de abarrotes y al lado de ella, señores
hablando de la incertidumbre política, voces que se les hacía tan común
en su vida, se encontraba hastiado y solitario.

Bien, está es la dirección y solo tengo que tocar la puerta, el
hombre se llenó de valor y toco, en el primer toque no hubo respuesta, la
ansiedad empezaba a aparecer y el ceño se arrugaba cada vez que tocaba la parca
tabla de madera que daba por puerta, hasta que en el último toque, se escuchó a
lo lejos una voz, peculiar y algo ligera, se abrió la puerta y le dijo:

-Muchacho, cuánto tiempo, ven pasa se te nota agotado. La
bienvenida del gran hermano, mermó en la sien del hombre.

Una vez ingresado, la paz se sentía por los aires, no sentía un
ruido alguno, salvo el sonido de la cascada artificial que daba como cauce en
la pileta en que los goldfish nadaban entre sí, cierto momento noto que este
señor no usaba una túnica, todo lo contrario vestía de un buzo oscuro y un polo
blanco, a pesar del frio que hacia, este extraño hombre se la pasaba de lo mas
bien en su curioso hogar, se acerco a él y le dio una taza con agua de hierbas-
le dijo: Es para el buen ánimo, bebe y siéntate conmigo.

– Te deje de muy pequeño, y has crecido, eres un hombre de bien,
pero tu rostro dice todo lo contrario, que te perturba, mi buen amigo. Dijo el
gran hermano

– Disculpame, por venir tan de pronto y no avisar con tiempo, pero
necesitaba de tu voz. La voz se le escuchaba apagada, como un niño que busca
ese juguete que perdió y no sabe cómo volver a recuperar.

-Por favor, no te disculpes, para eso estoy, mi tiempo ahora es
tuyo y lo que importa es que estas aqui, vives y eso para muchos no es gran
cosa, ¿cierto? preguntó el gran hermano. La respuesta no se hizo esperar: Pues
la verdad que me siento como un caballo de carreras, no adonde voy, ni donde
estoy, es un desastre por que los pensamientos me llenan de trampas en cada movimiento
que hago, pienso que estoy bien, hago los viajes, tengo amigos, bueno si es que
se pueden llamar así, pero no duermo, deseo tener mi mente ocupada, para no
dejar de sentir que vivo.

La mirada de este hombre que se desahogaba era muy similar a los
de pájaros enjaulados, que solo despiertan y ven rejas, impidiendoles de una
libertad, que fue arrebatada y no tienen derecho a reclamar. Las lágrimas
brotaban, mas su orgullo lo aniquilan.

El gran hermano, hecho unas flores al regazo de este y le
preguntó:

-¿Puedes ver y apreciar los colores?

-Si, claro son de color rojo mesclados con un amarillo con
puntitos negros.Respondio el hombre.

Ya veo, mas aun tu crees que lo que ves es real ¿cierto?- Pero
claro dijo el hombre, si lo estoy viendo, tiene que ser real. El gran hermano
sonrió y le dijo, pues no es del todo verdadero, porque en si el hombre vive
tan lejano de la realidad que el verbo mentir no tiene un antónimo. Lo que
estás viendo es una ilusión óptica, pero crees que es real, sin embargo no deja
de ser una ilusión como tal.

El hombre se echó a reír, y le dijo: Viejo loco, sigues con esas
palabras tan fuera de sí, que por eso vives así.

El gran hermano, llevó su mano al viento y le dijo: Pues eres tú
el que viene a buscarme. La realidad en que vives, creó una ilusión y te
hace creer que debes vivir así apurado, alocado, con ir a tras del éxito,
cuando este último en sí es relativo, la felicidad es efímera y no la
disfrutas, ¿donde quedo tú león? ¿y a donde dejaste ir al niño de tu interior?
O cierto, la diversión, los viajes y todo lo que se creó para que te hagan una
comodidad te nublo la mente y nunca más te dejo ir. ¿acaso no te das cuenta del
vacío que hay en ti?

El hombre se sintió pequeño y vulnerable.

Regresa a tus raíces, tu ser, existen muchas circunstancias que te
suceden ahora para sentirte amado y dichoso, es cierto que cada acto tiene una
consecuencia, ¿pero acaso es de genios preocuparnos por lo que no sabemos, y es
acaso noble arrepentirse del pasado? Tú sabes la respuesta.

La semilla vive en ti, y solo tienes que regarla, nuevamente,
porque todo árbol torcido con amor y dedicación se puede volver a enderezar,
así como el dejate llevar, toma de tu mano y disfruta del camino, porque nada
hay bajo el sol que no tenga solución.

El hombre le dijo, gran hermano, estoy listo para volar.

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