Mi maestro en 6 días.

Día 1.

Mientras volaba una cometa por la orilla de la ciénega, se sentó en una canoa cercana y se dirigió a mi diciendo: ‘Tal como el cielo es hevel, la vida es hevel, todo es hevel’ (Sombra, humo). Habló de la vida de Job cómo representación de que todo es hevel, la evidente fragilidad y efemérides humana. Mas, ‘de la vida venimos y a la vida vamos’, añadió. Así que hablamos de ‘El principito’, de Saint-Exupéry. ‘Al final -decía- parecerá que morimos, pero no será verdad. Vamos demasiado lejos, no podemos llevar el cuerpo allí. Es demasiado pesado. Pero será como una vieja corteza abandonada, no son tristes las viejas cortezas’, citaba. Poco después, me comentó lo que sentía al abrazar los árboles. ‘Abrázalo todo hará que te eleves, lo que nos colma nos hace más leves’, fué su conclusión. ‘Hay que dejarse vivir’, citaba. Me comentó como se dejaba vivir de artes como la pintura, esculpir, origami, y más. Comentó que había danzado y tocado ritmos africanos. ‘Es sangre de mi sangre que corrió por otras venas’, decía, y ‘el arte me parece, sobre todo, un estado del alma’, agregó. Después, hablamos de la concientización y sensibilización de nuestra historia y origen ancestral en el marco de nuestro autorreconocimiento, identidad, autenticidad, y esencia. Comentaba que en su pueblo todos son familia, y tal vez eso hace casi axiomático el respeto y cariño entre todos. Empero, me contó también sus experiencias con la violencia, lo que sufrió en colegio, las calles, y en su familia misma. ‘Vi toda la gente con infiernos internos, herederos de infierno, a veces cambiando el infierno vivir por un poco de alcohol seol. Algunos siéndolo tanto que infernaban; peleando con otros que eran su reflejo infernal; Son esas personas – decía- que infernan la vida de sus parejas e hijos; del vecino. De su suelo, su agua, y su aire; Infernan la vida de toros, gallos, e iguanas’ – manifestaba. Sin embargo, habló de buscar la Ataraxia (La ausencia de toda perturbación), desde Epicuro. De que se es feliz no deseando los placeres más intensos, sino evitando el sufrimiento, lo dijo desde el suso dicho, y Schopenhauer. Hablaba de que los amigos de verdad como los únicos que te dan la posibilidad de no sufrir en la vida; más que cualquier bien material, parafraseaba. ‘¿Prefieres tener mucho dinero y no tener amigos?, O ¿Tener amigos, aunque no tengas un peso?’, me instó. Me contó de sus amistades, hablamos del poder en la gente, hablamos del amor a la tierra. ‘Qué bonita es mi tierra, con su suelo caliente, su gente sonriente y su brisa de mar’, resumía en un canto leve. ‘Oh, nada es de nadie porque todo es nuestro, y todo está en ti, porque todo está en todo’, dijo. Comentaba que cerraba los ojos al escuchar a sus abuelos y bisabuelos, ‘¿Que otro estado merece ello?’, me refirió. ‘Lo esencial es invisible a los ojos’, citó. Comentaba lo que experimentaba en el sabor de las frutas, lo pescado, lo recién cosechado; Los alimentos, per se. ‘Los alimentos son la vida encapsulada’, decía, incluso, habló de alimentarse, en sí, como, quizá, un arte. ‘Ay de mí si al sumergirme en el agua siento disolverse las barreras entre mi cuerpo, mi alma, y ella’, comentó. Hablando de la flora y fauna, reflexionamos el hombre como un ser que venera a un Dios invisible y masacra una naturaleza visible, sin saber que esta naturaleza que el masacra es este Dios invisible que él venera. Tras una quietud muda, me recomendó películas como ‘Mi vecino Totoro’, ‘Tierra de osos’, y ‘Coraline’; me comentó de lo poético y espiritual que sintió con en ellas; y que el stop-motion, le parecía fascinante. Poco después, me habló de enseñanzas en libros cómo ‘La culpa es de la vaca’, ‘¿Quién se ha llevado mi queso?’, y la Biblia. ‘Los mensajes nos encuentran cuando estamos preparados’, dijo. Hablamos de las enseñanzas del artista Tyrone González (Canserbero). Hablamos de que a la humanidad le hace falta soñar. Hablamos de que todos necesitan esperanza, ‘La esperanza es el sueño de los despiertos’, citó de Aristóteles. Habló de la esperanza como el único sentimiento que no es verdaderamente nuestro, sino que le pertenece a la vida; es la vida misma defendiéndose. Habló de la Felicidad cómo el bien supremo, la máxima virtud, y que le hemos de cultivar. Dijo que: ‘All we need is love’, (Todos necesitamos es amor), mas, aclaró que ‘El equilibrio del espíritu está en el amor, pero no el amor de uno a otro, sino en un amor mayor’. Me habló de las enseñanzas de Teresa de Calcuta, Dalai Lama, Lincoln, Mujica y Mandela; De la ‘No violencia’ (Ahimsā) desde Gandhi, Luther King, y el jainismo. ‘Notarás pues, que de la abundancia del corazón habla la boca’, dijo tras ello. Hablamos del imperativo categórico desde Kant, parafraseando me dijo: ‘Obra según aquella máxima que pueda ser una ley universal, por ejemplo, no quieras para los demás lo que no quisieras para ti’. Hablamos de la sabiduría; ‘Al final, el conocimiento no es de quién lo posee, sino de quién lo necesite’, me dijo. Suspiró luego: ‘Oh, vender mi alma quisiera a un precio altísimo (…) Hambriento está mi pueblo. Noche y día sacude su grito doloroso mis tímpanos. Quisiera (a cambio de mi alma) quinientas mil coronas. Podría de ese modo darle al pueblo alimento, hasta que lleguen días de abundancia y aliento’, tal como Catalina en la obra de Yeats. Callamos nuevamente… luego, me comentaba que su sentido de vida era convertirse en un maestro, cultor de vida, cómo Jesús, Buda o Sócrates. ‘Solo se pierde aquello que no se da’, comentó. Ello, nos llevó a hablar de personas con más necesidades que nosotros, y de quienes necesitaban voces de aliento. ‘Si puedo evitar que un corazón se rompa, no viviré en vano; Si puedo aliviar el dolor de una vida, o aliviar un dolor, o ayudar a un petirrojo que se desmaya a volver a su nido, no viviré en vano’, recitaba. Me comentó que su primer peldaño sería estudiar psicología. ‘Toda voz interna, antes fue una voz externa’, dijo. Sobre su sentido, dialogamos sobre lo moralista que se sentía todo eso. ‘Cuestiona todo’, me dijo. ‘Hay que mirar más allá de lo que ves’, añadió. Habló que definirse es limitarse, citando a Wilde, y desde Jodorowsky, decía que incluso nuestros nombres nos limitan, que la vida no tiene nombre, excepto lo que es, vida. También, me habló de las peores experiencias como las que nos permiten conocernos a nosotros mismos. De la adversidad como la mayor fuerte de la virtud. De la superación de obstáculos como lo que nos hace sabios; desde los Estoicos. ‘No estamos exentos de nada’, profirió. Hablamos de que no vemos las cosas como son, sino como somos. Me sugirió que respirara, que el pasado es historia, el futuro un misterio, pero el hoy es un regalo, por eso se le llama presente. ‘¿Cuál es el sueño de un barco?, ¿Navegar o llegar a puerto?’, preguntaba. Habló de que hay que vivir ‘Hakuna-matata’. Me explicaba como para Epicuro para ser feliz, basta con no pasar hambre y no pasar sed. Me habló de Diógenes, desde la filosofía Cínica. Me habló de Seneca, desde el estoicismo. ‘Nada de lo que poseemos es necesario, hay que volver a las leyes de la Naturaleza’, citaba. ‘La salud, en particular, prevalece sobre todos los bienes exteriores al punto de que un mendigo sano es más feliz que un rey enfermo.’ añadió. Tras ello, tarareaba aquella canción que dice ‘Busca lo más vital, no más, lo que es necesidad, no más, y olvídate de la preocupación’, luego abrió la boca y pronunció desde su voz: ‘Busca lo más esencial, sin ambicionar nada más’. Hablamos del dinero, ‘Inventamos una montaña de consumo superfluo; y hay que tirar, y hay que vivir comprando, y tirando… Y lo que estamos gastando es tiempo de vida. Porque cuando compras algo, no lo compras con plata, los compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata. – decía -, pero he aquí la diferencia: La única cosa que no se puede comprar es la vida. La vida se gasta, y es miserable gastar la vida para perder libertad’. Luego hubo otros minutos de silencio, ya debía marcharse, me habló de que la vida es perdonar y agradecer. Del perdón, dialogábamos que siempre hemos de perdonarnos a nosotros mismos, y el perdonar a otros viene por añadidura. Me comentaba que ella no tenía nada que perdonar, por qué, decía que todo es sufrimiento, más el origen del todo sufrimiento es el deseo, nuestras propias expectativas, y que la cesación de ese sufrimiento está en la extinción del deseo; en la dejación, liberación, no dependencia; Me enseñó esto, citando a las 4 nobles verdades del budismo, el Epicureísmo y a Schopenhauer. Por otro lado, hablábamos de la gratitud. «Nadie nos debe nada. Nos debemos a nosotros mismos, y tampoco debemos nada a nadie. No merecemos -decía- los buenos o malos tratos de nadie. Sin embargo, esas personas que nos trataron mal o bien, siempre dejan un aprendizaje, -dijo-, y eso es suficiente para yo agradecer». ‘El desagradecimiento es, quizá, cómo decía el Quijote, el peor de los pecados’, comentó, y es que ‘Cuando no puedo pagar las buenas obras que me hacen con otras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando estos no bastan, -decía-, las publico, porque quien dice y publica las buenas obras también las recompensara con otras si pudiera.’ Me comentó que, quizá, Dios es dador sobre todos, y no pueden corresponder las dadivas del hombre a las de Dios con igualdad, por infinita distancia, y esa estrecha y cortedad en cierto modo la suple el agradecimiento. Poco después, hablamos de ‘El código da Vinci’, de Brown. Conversábamos de Jesús como un posible mortal. Hablamos de iconografía y simbología. En esa linea, conversábamos, que, si el mal no es responsabilidad de lucifer, sino del hombre, quizá el bien no es responsabilidad de Dios, sino, también del hombre. Dialogábamos si una persona ‘buena’, podría ser feliz en un paraíso consciente de que, mientras, familiares, amigos y conocidos, estarían condenados sufriendo eternamente. Dialogamos sobre el Dios bíblico (Judeocristiano), sobre porqué si siempre quiso perdonarnos, no envió a Jesús poco después del pecado de Adán y Eva. Sobre porqué espera tanto para ‘castigar a Lucifer y sus demonios’ y no lo hizo después de que se revelaron. Hablamos, sobre si ‘El ángel caído’, ‘Lucifer’, ‘La serpiente antigua’, y más nombres, corresponden al mismo personaje. Hablábamos sobre porqué a sabiendas de quienes se salvarán o no, no adelanta todo lo que ocurrirá y nos coloca ya en un paraíso terrenal, celestial, o el infierno, -según corresponda- para estarlo viviendo ahora, pues sabe todo lo que decidiremos antes de actuar. Me contó que, durante su vida, asistió a varias iglesias católicas y protestantes (También llamadas algunas ‘evangélicas’, ‘adventistas’, de testigos de Jehová, etc.) y que, por ello, sentía tener una visión más panorámica. ‘Por ejemplo, algunos cristianos -decía- interpretan los santos como ‘idolatría’ o ‘adoración de imágenes’, mientras para otros no es eso. Ellos solo ‘Adoran’ a Dios, para ellos es claro, y ‘veneran’ a los santos; y si les preguntas, te explicarán como ambos conceptos no son lo mismo’. Finalmente, hablamos de todas las religiones como, quizá poseedoras de cierto grado de verdad en su interpretación sobre Dios, mas, solo en la unidad y compresión mutua de estas, se podría armar y entender el gran mensaje real. ‘La armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias’, citaba. Entonces me sonrió, se puso en pie, y antes de irse, habló de que, tal vez, debemos ser un poco como los escépticos, que basaban su vida en la práctica de la ‘Epojé’ (Suspensión del juicio), id est, estar al tanto a las cosas que pasan, pero no pronunciarse sobre la realidad. ‘Ellos no aspiraban nada más que al silencio, para no separarse de la realidad de las cosas que pasan. Se limitaban a observarlas’, dijo. Hablamos de «La metamorfosis» de Kafka, y que el padre del protagonista tal como todo humano en la realidad,, no debería ser juzgado en términos de «malo o bueno». Me comentó que últimamente estaba accediendo a ver videos en la Deadweb, y al final, ver tantas muertes, necrofilia, pedofilia, y mas, tan explícito, termina recordándole que, es un espectador, todo es hevel, y que, no sabemos nada.

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