Silencioso como el tiempo en el que ella se desviste

como el aire colgando en esos momentos

en  algún tendal de ese espacio

como el espejo del armario y  los pensamientos guardados

recogidos al moverse las piernas y las manos

Silencioso como el viento ya sin fuerzas

Silenciosa como la respiración de los zapatos que yacen en el suelo

como la ventana que da a ese cuarto, siempre callada

como la piel que baja el vestido, despacio

como la voz del hilo que la aguja enhebra

y entra por su ojo hueco, sin remedio

Silenciosa como la conversación de las sábanas blancas,

guardadas y olvidadas hace años en un armario

Tan silenciosos…

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