Mi amigo Rogelio

Recuerdo todavía la emoción del primer día de clases de primer grado. La alegría era por partida doble: ese día empezaría mi camino de aprendizaje de letras, y por la tarde, de notas musicales, ya que también sería mi primera clase de piano. Y como el título de la película Letra y Música así empezó mi vida. 

En julio se celebraba el mes del amigo y la señorita Marta nos hizo hacer una tarjetita. ¡Mi primera tarjeta del día del amigo! Teníamos que dibujar el regalo. A las niñas nos tocaba regalarle a un varón y viceversa. La maestra nos dio una letra a cada uno. A mi me tocó buscar un nombre de varón que comenzara con la letra R. Busqué en la lista que traía el libro de clases: Raúl, René, Ricardo, Rogelio y Rubén. Me detuve en Rogelio, me pareció simpático y amigable. 

Al otro dia todos estabamos muy ansiosos. Uno a uno mostramos nuestra tarjeta. La mía decía: Para mi amigo Rogelio. Y le habia dibujado un cuaderno y lápices. Luego hicimos un rollito y lo atamos al globo que inflamos. Y venia lo mejor. Fuimos al patio y cuando la seño dijo : 1, 2 y 3 todos soltamos nuestro globo. La emocion desbordaba mi pecho. Ese globo llegaria a mi nuevo amigo y podria leer mi tarjeta. 

Y el globo viajaba y viajaba al ritmo de la música y bailaba con el viento. Bailaba tango, cuarteto, chamame, y siguió subiendo al ritmo del candombe uruguayo. Después se detuvo sambando por todo Brasil y se demoró buscando a Rogelio. No era cualquier Rogelio. Tenia que amar la escritura y por sobre todo la poesia. Tener un corazón puro y sensible al arte. Era un ser especial. Pero no lo encontró ahí. Siguió mi globo viajero bailando salsa, mambo y chachacha. Y se acercó a Cuba. Pero no encontró a Rogelio. Le dijeron que habia partido a la tierra del chotís. Y dejó el globo viajero la rumba y la conga para jugar y bailar un vals entre cruceros y vientos, y tambien salpicarse con las olas del mar. 

Viajando y danzando llegó a Madrid. Estaba muy emocionado. Se paseo por la Gran Via feliz. Se sentó en un banco del parque del Retiro porque ya se sentia cansado de tantos años que buscaba al tal Rogelio. Y de pronto lo vio. Corrió para alcanzarlo. Vio su mirada de paz, su andar tranquilo. Todo su ser se mostraba como un artista. ¡Era él! Al fin lo encontraba. Sacó fuerzas antes de desinflarse del todo y  dejó caer la tarjetita en sus manos. Su misión estaba cumplida. 

Y Rogelio leyó y fue a su ordenador, entró al Club de Escritura Fuentetaja y leyó esta historia, y se dio cuenta con alegría que era la misma persona. Era de Gaby, su amiga cordobesa. Y le dedicó un poema precioso lleno de calidez y cariño, porque mi amigo Rogelio es un verdadero artista, es POETA. 

 

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