MI Novia Kyo

MI Novia Kyo

Joven Nube

06/02/2018

Piloto

La suave brisa de un nuevo día de primavera golpeaba mi rostro al salir de mi casa. Di dos vueltas de llave y marché a paso ligero hacia el instituto, por suerte para mi sólo un colectivo me dejaba en la puerta en cuestión de 15 minutos, la parada de este se encuentra en la esquina de mi casa, donde se puede apreciar la avenida con su ir y venir de autos tan habitual.

Antes de continuar creo que tengo que contarles una cosa, pero no es más de lo que puedo contarles, ya que hasta aquí es que mi mente me deja decir, escribo esto en un diario en mi celular. ¿Ridículo no? Es decir, ¿quien lo verá? Creo que solo es para mantener mi cordura Lo más aferrada posible…
Lo que iba a contarles, o contarme mejor dicho, es que tengo una novia que se llama Kyo. Creo yo que es de esos amores que no se van, esos que tantos escritores relataron y crearon en tinta, que superan Hasta la muerte sólo con su lazo de sentimientos verdaderos.

En fin, ya me estoy bajando del colectivo, la entrada al instituto es tan habitada por jóvenes como siempre. Sus rejas altas y de un estilo gótico, con gárgolas sobre las dos columnas que enmarcan el rejal enorme, el cual está abierto para la entrada de estudiantes o almenos para la mayoría de ellos. De aquí en adelante Lo sigue un bastó jardín con caminos de baldosas, y algún que otro árbol que nos brinda su sombra para reposar de nuestros estudios.

Como si todo esto no importara un mensaje llega a mi celular, uno del cual tuve el ingenio de copiar y pegar aquí, para tener pruebas, a falta de testigos, de cómo me cambio la vida ese día.

Empezó con un mensaje que decia así:

Destinatario: Kyo~♡
Kyo: ¡Holaa! Buen comienzo de clases ^-^ [09:35AM- 7/3/2017]
Kyo: Realmente te extraño, pásate luego. [09:36AM- 7/3/2017]
Kyo: ¡Te Amo! ♡ [09:36AM- 7/3/2017]

No conteste ningúno de esos mensajes y solo prosegui tan natural como podía, quería no creer lo que vi. Y en logaritmos e historias de guerras mi mente se despejó y volvió en si. Solo mi mano parecía estar viva al anotar como de forma mecánica lo que escuchaba del profesor.
Al sonar la campana que anunciaba el fin de las horas de los cursantes matutinos yo me dispuse a guardar mis cosas, me sorprendi demasiado cuando note que al borde de mi cuadernillo había escrito «Kyo» y un corazón acompañándole. ¿En que momento lo escribí? ¿Será que inconscientemente anote debido a los mensajes leidos? … No me gustaba la Idea y menos aún al ver que esa caligrafía no era típica de mi, era un estilo mucho más limpio, más suave y formal.

Mis pies cansados y cargando con el peso muerto de mis preocupaciónes se adentraron al gran patio protegido por sus enormes muros, y aguardado por un silencio de misa. Ya hace una hora me fui de mi instituto, pasar los pasillos con casilleros y gente riendo, salones a los costados y cuadros de gente importante que los alumnos deveran recordar siempre, o que quizá no puedas olvidar.

Ya en mi habitación, acostado y analizando los hechos me centro en no pensar, y dormir. Opte por no comer, ya en la mañana lo recompensaria con un lujoso desayuno.
Pero antes de cerrar mis ojos por última vez mi celular vibró en su posición junto a mi almohada. Nada importante creo.
Pero por curiosidad lo leí… Un sonrisa se escapo de mi rostro al ver el ultimo mensaje, pero apage el celular al ver un mensaje anterior que no había visto. Y en una forzada y fingida quietud me quede hasta dormirme.

Estos eran los últimos mensajes:

Kyo: Gracias por dejarme verte ♡♡♡ estas muy guapo ^w^ [06:38PM- 7/3/2017]
Kyo: Buenas noches~♡ [11:07PM- 7/3/2017]

Cartas de amor

¿Recuerdan esos tiempos en los que el celular no existía? La gente se confesaba y expresaba en cartas, o para los más valientes; en cara a su amado/a. Aún así hay varias maneras, uno puede dejar un mensaje Hasta en la ventana o en el cielo con esos aviones que escriben el techo azul de la tierra con su delicado y tan vigorosas curvas y maniobras.

Quizá los mensajes más simples que recibí son los que a su manera te generaban una serie de cálculos en la mente, buscando respuestas complicadas, que muy en el fondo sabía que no existían.

Este es el segundo día, yo había tenido la esperanza de que esto seria algo temporal, como un mal sueño. Pero sin falta esa mañana mientras desayunaba mi celular, como si fuera un verdugo infiltrado en mi vida, me entrego estos dos mensajes, que para mi horror, eran sumamente dulces y cariñosos.

¿Por qué para mi horror? No es que sea antipático ni un malhumorado, pero sentía que esas tiernas palabras, me devoraban por dentro como un parásito malicioso.

Estos fueron los mensajes:

Kyo: ¡Buenos días! >w< [08:34AM 08/03/2017]

Kyo: Esperame hoy iré contigo 😉 [08:36AM 08/03/2017]

¿Vendría conmigo? Realmente debo estar mal. Ya no recuerdo como fue que llegue al colectivo, solo sé que lo hice y trataba de relajarme en este vehículo tan abrumado de gente.

Antes de bajarme pude escuchar muy claro que alguien me llamaba, pude escuchar mi nombre, pronunciado de los labios de una niña de no más de 17 años.

A todo esto olvide decirles, o decirme, como me llamo. Bien solo diré mi primer nombre, ya que lo demás es totalmente irrelevante, soy Will. Entonces ya aclarado esto puedo asegurarles de que Kyo me dijo «Will» segundos antes de bajarme.

¿Dije Kyo? Lo siento, la confusión, ya que podrían tener la misma edad deduje que fue ella, algo imposible realmente.

Ese día al entrar al salón no pude haberme sorprendido más. El pizarrón tenía escrito en grande las iniciales K y W, adornadas dentro de un corazón, y con multitud de flores dibujadas a los lados, similar a las flores rosas y amarillas que venden a unas cuadras de aquí. ¡Pero vamos! ¿Podrían ser cualquier tipo de flores no?

Nadie le dio mucha importancia, incluso el profesor, cuando entro sólo dio un reproche de que los niños de ahora hacen macanas y juegan en todos lados. Ya que bueno después de todo ese salón era usado por mucha gente, incluso a la noche solían usarlos el curso de química para unos ensayos con sus líquidos burbujeantes y muestras de quien sabe que.

No paso mucho tiempo en mi pupitre cuando vi que en la mesa, de entre todos esos dibujos y anotaciones que hicieron traviesos alumnos durante el pasar del tiempo, había una frase reciente, y una muy clara, decía : «Sentemosnos juntos»,no decía nada mas, ni una inicial o una fecha, solo eso. Y no parecía contestar ninguno de los otros textos en la vieja madera.

No quise pensar que era para mí, pero mi mente no se podía centrar, aunque intentaba prestar atención No logre retener nada de la clase, de poetas y de ecuaciones, mi mente simplemente estuvo ausente en ese periodo.

Ya en el primer receso todos salían a estirar las piernas o comprar algún bocadillo, solo algunos se quedaban a charlar de su vida, de la serie y la novela, o del chisme más reciente sobre alguien del instituto.

¿A cual grupo pertenecía yo? A uno pequeño de 5 personas que se quedaban dentro charlando y haciendo tiempo, lo componían dos amigos Sebastián y Raúl, que habían invitado a Nay y Melanie a nuestro humilde grupo, todo porque ellos dos discutían de quien se quedaría con Melanie, pero por suerte ellas eran más sociables y amistosas de lo que parecían. Yo no destacaba mucho, solo compartía risas y algún que otro comentario sobre lo que estuvieran hablando.

A pesar de que no soy del tipo que le gusta socializar y perder el tiempo, me habría gustado que eso siga así mas tiempo, pero no pudo ser así. Cuando estábamos saliendo vi por la entrada del rejal enorme que da a la calle, a una joven que saludo y se dio la vuelta, no pude notar mucho más ya que en ese mismo instante en que se dio vuelta un autobús paso a toda velocidad y borro su imagen de mi vista… Y no me refiero a que paso detrás de ella, no… juro por lo que vieron mis ojos que la arrastró del camino, quise acercarme a ver pero el celular estaba sonando como loco, no se hace cuanto, pero sentía que debía atenderlo. Esa llamada me despertó de un shock para llevarme a otro.

Del otro lado de la llamada se escuchaban pájaros silbando y gente hablando, muy de fondo el paso de los vehículos por la avenida, colge al pensar que era una broma pero gire mi cabeza al escuchar el trino de unos pájaros en un árbol junto al camino de baldosas, en el cual un grupo de estudiantes hablaban y reían sobre algo que no me incumbía… Me habrá llamado alguno de ellos? No conocía a ninguno, pero me decidí a marcharme al ver unas cuantas flores amarillas en las raíces del árbol, al parecer celebraban la primavera o algo así, no me importaba y solo me dirigí a la salida, esperando encontrar multitud de gente por el accidente ocurrido, pero no había ni multitud, ni accidente.

El pavimento de las calles sólo contenía la suciedad de las ruedas que pisan frenéticamente y sin faltar ni un día ese rocoso camino.

Llegue a mi casa como si hubiera cometido un robo, y miraba hacia todas las direcciones esperando ver, o mejor dicho, no ver a nadie ni nada.

Sólo entre y tome una ducha mientras deje el celular apagado en la mesa.

Como dije antes, las cartas de amor, o mejor dicho, los mensajes, se pueden dar de varias formas, un dibujo te transmite algo, una obra de Picasso por ejemplo estaría llena de emociones y pasión. Pero… Como en las obras de teatro o películas, los hechos también transmiten algo. Algo que quizá es demasiado profundo para llegar a entenderlo sólo la primera vez.

¿Que es un sueño?

Aún no estoy seguro de porque hice esto, quizá fue la adrenalina de lo ocurrido durante el día, o algún tonto impulso de valentía, que se vería destruido tan rápido como vino.

Luego de bañarme y sentarme a comer note que mi celular estaba encendido, estoy muy seguro de que lo había apagado, pero bueno quizá un pequeño descuido y no lo hice realmente. Pero en seguida me di cuenta del porque estaba encendido, porque un mensaje, como si fuera dueño del móvil mismo, llego a este y probablemente hizo que se encendiera, no me sorprendería, o al menos no en este momento.

Como desafiando a mi miedo invisible, tratando de reírme en su cara como cuando un niño pasea frente a las rejas de una casa en la que habita un perro rabioso , mientras el niño pasa un palillo frente a el terreno del can y este a su vez se desespera y ladra eufórico y furioso. Así me sentía yo, sentía que podía provocar a ese alocado animal de tinieblas, porque sentía que unos barrotes de realidad me protegían. Que ingenuo es aveces uno, como te falla la ciencia y lo correcto, ya estas perdido en un sueño donde todo lo que se mueve y crece en ese lugar es producto de lo imposible, en ese lugar ya nada de lo que sabes te sirve, ya que nada de eso es real allí.

¿Se preguntan qué hice? Fácil, respondí el mensaje, y para mi sorpresa mantuve una conversación normal.

Kyo: ¿Por qué ya no quieres verme? :'( [10:54PM 08/03/2017]

Yo: Fui a verte, lo hago muy seguido [10:54PM 08/03/2017]

Kyo: Sólo dejas flores y te marchas [10:55PM 08/03/2017]

Kyo: Creía que eras mi novio [10:55PM 08/03/2017]

Kyo: que me amabas :'( [10:55PM 08/03/2017]

Yo:… [10:56PM 08/03/2017]

Kyo: ¿Es por lo que paso? [10:56PM 08/03/2017]

Yo: Yo te sigo amando… [10:57PM 08/03/2017]

Kyo: ¿Y seguirás siendo mi novio? [10:58PM 08/03/2017]

Yo: si, siempre… [10:58PM 08/03/2017]

Kyo: Te Amo aunque seas un idiota x3 ♡ [10:59PM 08/03/2017]

Yo: y yo a ti [11:06PM 08/03/2017]

Sin darle muchas vueltas me dirigí a mi habitación, y sin pensarlo dos veces me tire en la cama como un peso muerto que cae al mar. Reposando mi cabeza en las suaves almohadas blancas intentaba dormirme, no por miedo, realmente pensé que eso había salido bien, aún así me generaba una extraña mezcla de inseguridad y de tranquilidad. Estuve como mínimo 20 minutos tratando de colocar mi mente en la nada, pero eran intentos en vano, parecía tan imposible como caminar sobre el sol,¿Por qué ya no podía dejar mis pensamientos en blanco? Pensar esto solo me dificultaba más la tarea, así que algo resignado me dirigí al sillón en el comedor, el cual dejo posicionado frente al televisor, cómodamente encendí el aparato y cambié dos, tres veces el canal hasta terminar en una de esas películas de ciencia ficción, viajes en el espacio y un espectáculo de guerra de luces mortales. No estoy seguro de haber estado absorto en la película, pero si de que de alguna manera me mantenía libre de otros pensamientos.

Interrumpiendo mi trance de hipnosis en la película sonó y vibró mi celular, estaba junto a él sillón en la mesa de luz. No recuerdo haberlo dejado allí, pero era innegable que estaba ahí. Lo tome para ver de que se trataba, me habían contestado un mensaje que no recuerdo haber enviado. Iba así:

Yo: Te extraño [01:10AM 09/03/2017]

Kyo: voy a estar siempre contigo♡ [01:11AM 09/03/2017]

Para siempre… usamos esas palabras tan cotidianamente que olvidamos el significado, que olvidamos lo que significa, y que es algo que un ser tan frágil y de vida tan limitada no puede tener. Deberíamos ver mejor esas pequeñas cosas, aunque «sólo sea una palabra», esa palabra tiene un gran significado, un gran valor, que te viene en contra con el doble de importancia, y ya no cómo un valor, si no cómo un fantasma del pasado, un pecado que cometiste al fallar a tu propia boca.

Me despertó de esta reflexión el atormentante vibrar del celular, un nuevo mensaje, que pronto me dispuse a contestar. Quizá por querer pagar mis faltas, por querer sentir que hacer eso me daría seguridad, o por fingir que era un mensaje normal. Sin importar el porque, lo hice, y eso fue lo único que importó.

Kyo: Tenemos que vernos [01:20AM 09/03/2017]

Yo: ¿Ahora? [01:22AM 09/03/2017]

Kyo: Estoy en el colegio ^-^ [01:22AM 09/03/2017]

Yo: ¿Qué haces allí? [01:23AM 09/03/2017]

Kyo: Tú también estas aquí bobo

[01:23AM 09/03/2017]

No pude evitar el sudor que recorrió mi frente y levantar los ojos hacia arriba lentamente, como si esperara un asesino.

Me levanté bruscamente y tumbe la silla en la que estaba sentado, era una silla de pupitre, frente a mi se hallaba la mesa en la cual apoyo mis útiles cuando voy al instituto. Mi casa no estaba, mi televisión no estaba, me encontraba sólo y inmerso en la oscuridad de un gran salón de clases del cual podría haber sido mi instituto.

En el pizarrón que encaraba a todo la habitación había escrito con tiza blanca letras y símbolos al azar, y por las ventanas podía ver la luz entrante de los faros que se encuentran en el jardín fuera.

Esto tenía que ser un sueño, no podía ser otra cosa, pero entonces ¿Todo lo que me paso últimamente fue un sueño? No hay nada que me asegure lo contrario, si tratara de guiarme por lo que parece más real, entonces seguiría en un sueño absurdo. ¿Qué es un sueño?

Sólo esa pregunta caminaba en mi mente mientras mi cuerpo aún permanecía inmóvil y de pie, como un soldado al presentarse su general, como una víctima al encarar a su depredador, asechante en su bastó reino de oscuridad.

Aunque el celular me anunciaba un nuevo mensaje, yo no podía detenerme a verlo, aún estaba paralizado por mi ridícula forma de intentar enfrentar algo que no conozco.

Kyo: ¡Encuentrame! :3 ~♡[01:31AM 09/03/2017]

*Laberinto de culpas*

Conocen la historia, o mejor dicho mito, del Minotauro ¿No? Una bestia mitad toro y mitad hombre, sedienta de sangre y violencia, que fue origen del amorío entre una reina y un toro concedido por los dioses. Encerrado en esos laberintos ,devoraba a quienes entrarán, y solo un héroe fue capaz de dar con el y matarlo.

¿Alguna vez pensaron que las personas somos laberintos vivientes? Con capas y paredes de protección vamos creando poco a poco un complicado sin fin de pasillos y pasajes. ¿Todo para qué? Para encerrar nuestra bestia, nuestro mal, nuestras culpas, algo que si dejáramos libre no podríamos convivir con el resto de personas. Solo gente muy virtuosa y paciente es capas de entrar en nuestros laberintos y ver la monstruosa bestia, y si se queda con nosotros aún después de verla, significa que la ha derrotado, y a esas personas uno las debería amar con todo lo que tiene.

Quizá yo fui preso de mi propio laberinto, atraído hasta el laberinto de una pobre alma que perdió a su héroe, y en una fusión de estos dos pilares de confusión termine donde estoy ahora. ¿Tendré que vermelas contra mi propia bestia? ¿La del otro? O quizá encontrar al héroe perdido, que después de pasar tanto tiempo encerrado allí se convertirá en el monstruo que solía combatir.

Aún inmerso en esa inexplicable situación me veía obligado a actuar, no podía quedarme quieto en mi lugar y esperar a que simplemente todo pase, como cuando un niño teme a la oscuridad y ruidos ocasionales en la casa y se tapa para sentirse seguro. Somos adultos, o al menos casi lo somos, si escuchamos un ruido podemos pensar que solo es el viento, o podemos levantarnos y investigar. Y yo así empecé a caminar hacia el salón sin antes agarrar mi celular. Por más que intentaba encenderlo el móvil no funcionaba, que curioso, que el objeto que me comunico con está situación, sea a lo que quiera aferrarme como respuesta ahora, y más irónico aún que el aparatito no quiera prender.

Para mi suerte las luces del lugar parecían funcionar, caminar a oscuras no es bueno para mi moral ni para evitar accidentes. Como no vi nada mas que el vacío de mesas y sillas pensé en lo más razonable, salir de allí. Mis pasos resonaban a un ritmo inquietante, solo veía el pasar de puertas que parecía No tener final, ya debería haber llegado a la salida pero no veía el fin, iba encendiendo las luces en cuanto divisaba el interruptor pero aun así no lograba ver nada distinto.

No fue hasta segundos antes de que perdiera la paciencia que vi una sala con las luces encendidas, el cartel encima de la puerta marcaba que era la sala de computación. Al ser la única luz prendida quizá había alguien allí, o quizá solo quería ir para no seguir en ese infernal pasillo sin fin. Me decidí a entrar y se veía la habitual sala con sus 20 computadoras en escritorios compartidos, todos apagados a excepción de dos, uno con una estática extraña que no respondía a ningún comando ni movimiento del mouse. La segunda luego de unos segundos de estática mostró una ventana con un juego online, una pestaña de eventos y esas cosas, aunque todos sus iconos y llamativos textos se encontraba dañados, rayados y mezclados, como si se hubiera partido e intentado volver a armar, note también en la esquina inferior derecha uno de esos sitios viejos de conversación Online. Hubiera dejado la computadora y seguido mi camino si ese chat no hubiera tenido el nombre de «Kyo». Por curiosidad quise ver que había allí, y me encontré con un mensaje del emisor que decía «Hola», por jugarle una apuesta a mi suerte, la cual se reía en mi cara últimamente, conteste y por resultado obtuve mi respuesta:

Tu: Hola…

Kyo: ¿Estas feliz?

Tu: ¿Por qué?

Kyo: hace tiempo no jugamos tanto juntos ^-^

Tu: Creo… Que esto ya no debería ser así.

K^y¤~: ¡¿Por qu $!@@e lo dices? !#

Creí que seria un error del programa, las letras se mezclaban con símbolos incoherentes, pero creo que eso solo fue una señal.

Aunque intente contestar nada respondía, todo se volvió loco y la maquina comenzó a hacer ruidos extraños e hacer un intervalo de blancos, grises y negro a una velocidad que agitaría a un epiléptico, las demás cajas informáticas siguieron al unisono el extraño comportamiento de la primera y así la sala entera se lleno de luces parpadeantes y sonidos que asimilaban el agonizante llanto desgarrante de criaturas atrapadas en esos aparatos enloquecidos.

Por instinto intente salir de allí pero las puertas no cedían a mi fuerza. Como si estuviera en la oscuridad un director de orquesta, que a sus ordenes tuviera una legión de malvados instrumentos de tortura psicológica, quizá pudo ver en mis ojos la desesperación, y a su gusto aumento la tonada…

En todos los monitores se veía la sombra de una mujer ahorcada, y el sonido eléctrico e insoportable de esos demonios invisibles que gritaban desde la caja gris empezaron a aumentar hasta estallar y dejar en completa oscuridad la sala de nuevo, nuevamente atrapado en esa vacío oscuro de confusión y horror.

Parece estúpido y casi cómico que en ese momento recuerde como conocí a Kyo, en esos grupos que hacíamos en el instituto de jugadores de un shooter online muy famoso, recordar ese pequeño fragmento de mi vida fue suficiente para hacerme empujar con toda mi fuerza la puerta y correr nuevamente al pasillo.

Antes de intentar superar el laberinto de las otras personas debemos ver el nuestro. ¿Cuántos pecados levantamos como paredes? ¿Cuántas culpas sirvieron de ingeniero para crear esos ingeniosos artilugios de pasajes y caminos?

¿Cuántas culpas cargamos? son las que algunos luego afrontamos, y nos muestran que el verdadero monstruo aquí, fuiste tú. Y quizá comprendiendo a aquella criatura mitológica encerrada en la antigüedad, quizá no vimos lo que él veía, se veía amenazado por extraños que invadían su prisión, él odiaba su prisión, él no pidió estar ahí… Y sin embargo así siempre tuvo que soportar su existencia, hasta que uno de esos extraños que tanto temía se llevó su vida, su laberinto y sus culpas.

*Un beso de espejo*

Hay quienes creen que un espejo es un portal a otra dimensión, o a la tierra de entes paranormales, que tan vagamente llamamos fantasmas. Incluso hay gente que les teme, ver su reflejo durante un largo rato detenidamente provoca que la imagen comience a distorcionarse, y no es algo inventado, es real, por un efecto reflejo del ojo. Sin embargo, no nos damos cuenta de lo obvio, estamos mirándonos a nosotros mismos, ¿A qué le tenemos miedo? A nuestro propio conocimiento, nadie sabe más de nosotros que nosotros mismos, vaya forma de repetir palabras.

¿Saben por qué ese miedo? A que el reflejo se mueva por si solo, o hable, o abandone su lugar del otro lado del cristal y camine libremente entre nosotros. Nos horroriza que alguien ocupe nuestra existencia, o que haya algo por allí que sepa cada cosa que hicimos, cada gota negra de fallo que tiñe nuestra conciencia. Eso para cualquiera debería significar que esta expuesto a los ojos del mundo, y amenos que tu vida haya sido el ejemplo de un santo religioso, dudo mucho que quieras dejar que extraños y conocidos divagen por los hechos que construyeron tu vida.

Volviendo a la realidad, o al menos a la realidad que estaba viviendo yo en ese momento.

Me encuentro corriendo por el pasillo en la dirección de la cual había venido originalmente.

Mi susto no pudo haber empeorado, ¿Por qué mire atrás? Cómo si estas en un precipicio y miras hacia abajo, quizá te de adrenalina o un sentimiento de superación increíble, o como a mi, te llene de pavor el ser tragado por ese cráter de miles de metros de vacío.

Lo que se hallaba a mis espaldas, a unos cuantos metros por suerte, era un ser horripilante, con sus extremidades deformes, de forma pobremente humanoide, su piel pútrida y corrompida como si miles de ratas hubieran carcomido su carne y dejado sus detestables marcas de dientes en casi toda su estructura. Pero su cara… Su cara era algo que casi me congela, que de no ser por saber el inminente peligro que me rodeaba mis piernas no hubieran respondido.

Solo pude ver uno de sus ojos, el doble de grande que uno normal, amarillento y apagado, su cara entre vendas mal puestas y muy sucias y rotas, con una lengua que salía de ellas que parecería el tentáculo de un alíen de ficción.

Mi cabeza giro rápida y violentamente hacia adelante y aumentando la velocidad de mis piernas, ignorando la agitación y el dolor divisé una puerta al final del pasillo, a la cual entre de un golpe y la cerré con la misma fuerza al tirarme al suelo. Era el suelo de mi habitación, esa puerta que asedio mi escape era la puerta que daba al baño. Podía sentir la densidad de las telas de mi alfombra en las manos, reconocer cada cuadro y mi cama con sus roperos y mesa de luz. Aún así no salí de mi estado de shock, con la espalda apoyada en la esquina que marca el límite de dos paredes de mi habitación, con mi pecho hinchándose a lleno y exhalando bocanadas de aires a una velocidad insana, con todo mi tembloroso cuerpo a la espera de mi colapso, quizá para detener todo y no sentir más nada, o quizá para descansar forzadamente mi mente. Mi mente ya no podía mas consigo misma, sentía que me derretía por dentro, un nublon en mis ojos y el calor que sentí en mi cuello y nuca terminaron con mi conciencia.

¿Recuerdan el calor de un beso? Ese que te daba tu madre en la frente cuando estabas triste o te lastimabas. El beso de un ser querido en tu mejilla al despedirse, el beso de la primera chica que besaste, el rubor en tu cara, y la emoción de algo tan nuevo. Ese calor que robamos dulcemente de los labios del otro.

Aun así, los besos no son sólo de amor, el beso de la muerte, tan conocido entre mafias italianas.

O el beso del invierno, que castiga las cosechas y viste los árboles con hojas secas, o desvistiendolos totalmente.

Los besos entre amantes o parejas son algo muy practicado, algo normal para quienes saludamos así en la mejilla. Y algo vergonzoso y gracioso para los niños. Nunca podríamos recrear lo que se siente que en ese húmedo contacto de bocas transmite una persona que da su entrega absoluta de amor a ti.

Por ejemplo a mi esa tarde me despertó un beso, y una cálida voz femenina. No pude hacer nada ya que aún estaba medio dormido y volviendo de mi estado de sueño, pero aun así recuerdo muy bien, esa calidez en mi frente de los labios de una dama, el movimiento de la cama al levantarse alguien, y las dulces palabras con las que me dijo:»Buenos días cariño, ya levántate» . Levantarme con retardo fue lo que hice al darme cuenta de que había alguien mas en mi cama y yo no recordaba, pero para cuando levante mi vista no había nadie, ni rastros de otra persona, solo la otra mitad de la cama desecha, en la que se que durmió. La puerta estaba cerrada con llave y por dentro, no había ventanas forzadas ni me faltaba nada.

Sólo me recordó toda mi travesía nocturna el celular con una nota que decía «¡¡¡Te amo!!! Kyo- ♡»

Algunos consideran que dormir acompañado es reconfortante y te pone de muy buen ánimo, más siendo si es tu pareja, pero no podía sentirme cómodo, al menos no del todo, me lleno de alegría escuchar su voz, si, pero de horror y de dudas también.

La gente cree que nacimos con un rol o propósito, quizá mi rol aquí sea el de ser un buen novio, uno atento, uno al que se le dio una segunda oportunidad.

Pero viendo del otro lado del espejo, es un ser que esta cumpliendo la condena de haber fallado su primer oportunidad, y sufrir la pérdida de sentimientos e ilusiones que dejó en su camino.

Me hubiera gustado cambiarme y dar una vuelta a dejarle rosas, pero me desperté, nuevamente, no estaba en mi pieza, era alrededor de las 6 de la tarde, y yo me encontraba en ese jardín extenso con rocas, en su mayoría uniformes, que estaban de pie presentando sus respetos, quietas y en su lugar hasta que alguien las remueva de allí.

Arrastre mis pies lejos de esas altas paredes que custodiaban el jardín de rocas, diría que sin rumbo, pero casi inconscientemente estaba yendo a mi hogar.

Pensé por un momento quitar todos los espejos de mi casa, realmente estaba comenzando comenzando a odiar cualquier tipo de superstición y objeto que se relacione con lo del mas allá, con lo terrorífico y lo incomprensible.

Realmente confieso que amo a mi novia, pero aun así hay cosas que no se pueden tomar tan fácil, hay cosas que aunque parezcan arregladas están destruidas por dentro. Hay besos que quiero recuperar, esos cálidos besos de mujer, de mi niña, pero ahora solo tengo estos fríos besos de espejo, besos de realidad y de reflejo, besos que saben quién sos y que hiciste, que como el invierno a un árbol te desnuda con su llegada.

*Bosque de recuerdos*

Caperucita roja se adentro en el bosque por el camino sabiendo que encontraría al lobo ¿Nunca pensaron que en realidad ella quería ver a esa feroz bestia? Verla y ser su compañera, o disfrutar de la emoción de verle la cara a el peligro y el salvajismo mismo. Pero después de tanta aventura término comiéndose a su abuela y metida en una carnicería fatídica por parte de la bestia del bosque.

Nuestros bosques son tan antiguos como nuestra memoria, desde que nacemos se planta la primera semilla y es la planta que nace la parte más profunda, a la que ningún ser humano quizá nunca llegue. En el pasar de nuestra vida este bosque va creciendo constantemente, sin parar y expandiéndose en su totalidad de verdes y anaranjadas hojas. Tenemos cerezos o rosales, tenemos recuerdos hermosos o dolorosos. Tenemos también los árboles que más visitamos a menudo, y otros que se perdieron en la espesura y oscuridad de la arboleda. Incluso aveces un árbol se cae, o nosotros mismo lo talamos, aunque es una tarea difícil y de gran riesgo.

Yo estaba en mi bosque de recuerdos, sin saber que era el lobo. Sin saber que deje a una niña caminar y observaba mis pinos de memorias, y que al final del cuento termine devorando.

Por eso creo que es importante para todos los hombres, y al igual mujeres, aprendan algo de caperucita roja y sepan que el bosque de los otros es algo en lo que hay que andar con cuidado, evitando encontrarse con la casa del lobo y sus más tétricos árboles que lo rodean.

Es viernes, y el sol radiante del verano invade mi habitación tan temprano como se le permite, pero para su suerte yo ya estaba despierto, acomodando un bolso y ropa dentro de el. Un poco de ropa ligera y deportiva fue mi vestimenta mientras mojaba mi cara en la canilla del baño para quitarme los aires de dormido que me quedan.

Antes de salir de mi casa me asegure de apagar mi celular y dejarlo bajo llave dentro de un cajón en mi mesa de luz. Luego de este encierro del aparato que fue, y podría seguir siendo, cómplice del mal, me fui de mi casa.

Llegando a la puerta de mi instituto me encontré con Sebastián y Raúl, que como era de esperarse estaban tan tirados encima de Melanie que hacían incómoda la situación para la pobre de Nay que se acercó a mi como queriendo huir de ese incómodo intento de coito forzoso de dos animales hacia una misma hembra.

Haríamos un viaje de campo hacia una cabaña en un bosque muy famoso por la zona, como punto de encuentro nos encontraríamos todos en el instituto donde abordaríamos el autobús que nos dejaría en nuestro destino.

El viaje fue realmente tranquilo, nada que acotar, todos cantando canciones actuales o típicas de viaje, como el «acelerele chofer» y otras tantas más. Yo compartir el asiento con Raúl hasta que esté me jugo una traición al cambiar su lugar con Nay y dejarnos a ambos charlando. Todo fue plan y pensado por Melanie y mis otros dos amigos, que en una situación normal hubiera mantenido una conversación normal con mi compañera, pero uno ya sabe porque hacen esas cosas los amigos y fue por eso que al principio estuvimos incómodos ,hasta que al cabo de un rato sólo eran risas y criticar a nuestro infantil grupo de amistad.

Me sentía relajado, la brisa que entraba por las ventanas y acariciaba tu rostro con fuerza pero suavidad a la vez, y le da a uno la sensación de estar en el cielo mismo. Un poco adormecido y sabiendo que aún quedaba tiempo para llegar ,me repose en el cristal de la ventana y intente relajarme mirando el hermoso paisaje de trigos que nos rodeaba en la ruta. Pero rencorosamente el mal no descansa, nuestra oscuridad no duerme, y la bestia que me persigue no olvida, y aún peor, no creo que perdone. La visión de un ser desfigurado fue lo que vi en el reflejo del vidrio, y por su conveniencia me hizo caer en una oscuridad absoluta y eterna, no pude ver que había pasado con mis compañeros o con el resto del mundo. Solo estaba yo cayendo hacia la nada, hasta caer y dar un golpe contundente a un piso de madera vieja. Poco a poco la oscuridad se fue aclarando y dejó a la vista un pasillo decorado por cuadros a los costados. Me dispuse a caminar pero mi conciencia me reprimía cada ves mas y mas, todos esos cuadros portaban la foto de Kyo, la misma que hace compañia en el instituto al retrato de tantos próceres históricos. Apresuré mi paso para llegar al final pero me detuve en seco al ver la figura de una joven, la misma que me saludo y se disperso en el pasar de un colectivo aquel día, y aún mas sorprendido, al estar mas cerca pude notar que era Kyo. Solo una mueca de su sonrisa fue lo que pude ver, estaba de espaldas y apenas movió su cabeza hacia la derecha, me enseñó ese rastro de su boca alegre fue lo que pude ver, ya que después empezó a correr y gritar «nadie nos ve aquí» «nadie nos ve aquí», una y otra ves mientras se alejaba por ese largo pasillo. Por instinto comencé a correr detrás de ella y intentar alcanzarla, seguía el resbalar de su camisa que tomaba giros en los pasillos que probablemente sólo ella notaba. Solo al pasar unos segundos de seguirla note que las paredes de material que componían el pasillo comenzaron a cambiar mientras mas corría, ya no eran paredes de concreto, eran murallas levantadas por arbustos y raíces con aspecto húmedo y un poco brilloso, todo esto teñido en la oscuridad abrazadora. La perdí de vista al meterse en una cortina de hojas y ramas al cual dude si entrar, ya no la escuchaba ni había un solo movimiento en esas hojas secas. Tenía que arriesgarme, pase lentamente una mano, con miedo a que cualquier cosa pase, como si intentará tocar fuego, y con la fuerza de mil hombres hambrientos una garra se fundió en mi muñeca e intento sumergirme en su territorio, en el tiroteo de fuerzas pude sentir la sangre brotar de mi mano cautiva, pero no me detuve y me lance con todo mi peso hacia atrás, cayendo al suelo y sobre mi, el ser deforme y preso de vendas que solo dejaban ver un amarillento ojo, brillando de hambre, mirándome como mira un gato a un pez en una pecera.

Tener esa criatura encima, que parecía delgada pero guardaba un gran peso, me hizo entrar en un pánico indescriptible, sentía su respiración hedionda y veía de cerca su carne pútrida y desgastada. Intentaba no mirar pero la criatura alzó sus brazos y me tomo de los hombros, me sacudió, me sacudió, me sacudió y me desperté, Nay me estaba intentando despertar, diciendo que ya habíamos llegado. Me baje del transporte algo agitado y nervioso a lo que Mi compañera pregunta un poco preocupada

— ¿Una pesadilla?

Ojala fuera algo tan simple como eso, eso deseaba, pero ver en mi muñeca moretones y signos de heridas recientes me hicieron desear aún más que esto siga siendo una pesadilla y aún no haya despertado.

—Si, algo así,creo que debería dejar de ver películas de terror.

Oculte mi herida y reí embromado para calmar el ambiente. Suerte que Raúl y Sebastián se sumaron a nuestra charla y Melanie se llevó a su amiga a hacer cosas de chicas supongo.

El resto del día estuvo lleno de excursiones y risas, pasar entre caminos de flores, que a los más sensibles hacia estornudar, la cascada, tan pacífica y relajante, a la cual ninguno resistió de tirarse y combatir el calor en los brazos de los que la naturaleza les brindaba. Llegada la noche todos comimos en un gran comedor de la cabaña, toda muy de leñador, desde el piso hasta el techo construida a base de madera. Al terminar un delicioso plato de carnes asadas y postre de frutas que recogieron algunos chicos anteriormente nos fuimos a nuestras piezas a intentar dormir. ¿Por qué intentar? Porque todos se la pasaron hablando, cotilleando, sacándose fotos y aprovechando que eran habitaciones unisex, la mayoría apostando sus más practicados piropos para ver el ligue que conseguían. Después de animar a Raúl para que se declare a Melanie, y que esto termine en un rechazo y en risas de todos, inclusive Raúl, nos acostamos y nos dimos por vencidos al sueño.

Pensar que tanto jugo de manzana me pondría una trampa mortífera en mis propios riñones… Es increíble como las furtivas ganas de orinar esa noche me condujeron a otro bosque más del que había planeado visitar.

Como dije anteriormente me entraron ganas de visitar el baño, lo cual hice, solo salía de mi habitación y la puerta al fondo me conduciría a mi tan deseado destino. Luego de terminar lo mio salí y me volví a dirigir a la puerta que daba a donde estaba mi cama junto a la de mis compañeros de habitación, pero al abrirla me encontré con un páramo de naturaleza nocturna, una que abría camino hacia una luz lejana, probablemente por una fogata. Mire hacia atrás para volver pero la puerta No estaba, solo más árboles amurallando mis salidas y solo dejándome como opción ese camino con una luz en su final. La seguí, hasta encontrar una pequeña fogata, en la que se encontraban sentadas a su lado dos muñecos de trapo, del tamaño de un zapato aproximadamente, raramente estos frotaban sus manos sin dedos, que solo lo componían telas y trazos de hilo. Ver eso era perturbante, pero no parecía hostil, pero si macabro, mire a los lados si había algo más que encontrar, y vi a lo lejos un lago, en el cual se reflejaba imponente la luna.

Camine hacia ese espejo lunar y al asomarme un poco al agua tan calma vi un reflejo tenebroso en el, donde debería estar mi rostro se encontraba la cabeza de una mujer sonriente, una sonrisa descomunal que iba de oreja a oreja. No pude huir despavorido por que del lago salieron unos tentáculos medio negros y medio rojizos, no pude ver su color claramente por la escasez de luz y por la velocidad en que estos me atraparon y rodearon en sus húmedos y pegajosos dominios. Me hundieron a lo más profundo, mientras veía la luz desaparecer cada ves mas cerca, al igual que mi conciencia. Mis gritos mudos se ahogaban en la profundidad y mi imagen cruda desaparecía en la oscuridad.

Solo una parte de mi mente seguía funcionando, solo vi un árbol, uno muy grande y hermoso, un roble que había visitado el año pasado en la anterior excursión. Allí en la noche estaba con Kyo, habíamos arreglado encontrarnos allí después de comer, todo esto comunicado en unos papelitos que nos pasábamos durante las excursiones. Al encontrarnos allí ella dijo que le gustaba, y que me amaba mucho, yo estoy sonrojado y algo nervioso, realmente Kyo es muy hermosa y me gustaba mucho también. Pero las palabras no salían de mi boca,

Así que ella hablo.

—Will, tu me gustas mucho, nadie nos ve aquí sabes. Así que, quisiera saber si yo te gustó, o si al menos aceptarías pasear conmigo cuando regresemos.

Ella se veía un poco triste al pensar que yo no me interesaba en su confesión.

Solo reaccione por la fuerza y me acerqué y la abrace, puedo sentir el dulce aroma de su cabello negro, sentir su pecho oprimido al mio, y sus brazos comenzado a rodearme.

—Me gustas mucho— fue lo único que pude decir y al mirarnos a los ojos un instante me acerqué cerrando mis ojos y nos sellamos con un beso. Sus labios tan suaves y húmedos en los míos, su pelo chocando en mi cara, y ese árbol siendo testigo de nuestro encuentro.

Fue la primera vez que bese a Kyo, la visión estaba cambiando, yo ahora estaba en un tercer plano observando un poco distanciado como nos abrazábamos, pero el viento atacó con violencia y la imagen comenzó a cambiar,la figura de ella se desvanecía, la de el apenas permanecía, y aquel hermoso árbol de roble se tornaba oscuro y sacaba sus raíces bordo y marrones a la superficie, reencarnado al de una película de terror, y dejando en su sombra a el joven sólo y hundiéndose en la tierra.

Me desperté y estábamos de vuelta en el colectivo, estábamos volviendo a nuestro hogar. En mi hombro reposaba Nay medio dormida, de fondo escuchaba la melodía de risas adolescentes y motores a toda marcha. En mis pensamientos sólo escuchaba ese árbol moverse con el viento, solo veía ese bosque, que entre tantos árboles me dejaba siempre en el mismo, siempre en el mismo recuerdo, sin importar cuanto trate de talarlo, de quemarlo, ese árbol tiene sus raíces en mi alma, y en mi alma es donde la joven que plantó ese árbol se perdió, devorada por un lobo feroz y de andanzas penumbrantes.

*Castillo de Pesadillas*

Dentro de muros y muros de roca gris oscura, separados por una línea levemente clara que intenta darle forma geométrica a sus uniones, subiendo escaleras amplias y de pasos enteros, detrás de una puerta de madera con vigas gris y refuerzos de metal. ¿Que hay allí? Los cuentos nos acostumbran a decir que una hermosa princesa, sumida por la tristeza y manteniéndose fuerte con su rayo de esperanza que le susurra al oído que su apuesto héroe la rescatara. El viejo y mancillado castillo no retiene sólo a la dama, sino a un feroz dragón que lo custodia y devoró, destrozo e incluso quemo a cualquiera que se atreviera a poner un pie dentro. ¿Por qué la Princesa esta allí? Primero en principal, no era una princesa, era un hombre, o una mujer, desesperado y aterrado, perdido en sus propios miedos, y decidido a no enfrentarlos más y encerrarse en la sala más lejos de ellos. ¿Qué hace el dragón allí? Es producto del miedo del cautivo de sus temores, como no huyó sólo lo alimento y transformó más con cada pesadillas que tenia… Eso, el dragón no es más que su propia pesadilla, cada noche que llora va creciendo y transformándose en algo aun mas aterrador. Pero aún así, el no nos devora, el ataca a cualquiera quien se acerca, ¿será que no quiere dejar que nos rescaten? No, él es nuestro miedo latente, el nació de nosotros, es parte nuestra y no nos devora porque quiere que nosotros mismos salgamos de allí, quiere que sepas firmemente que no temerás lo que se viene. Y los que fallaron en su misión son los que al ver tus miedos no supieron lidiar con ellos ¿y vale la pena estar en los brazos de gente así? Ya sabes la respuesta, ya sabes que nuestras pesadillas son el puzzle de miedos y dudas que nosotros debemos terminar, después de todo nosotros lo creamos, y si ni nosotros podemos pues no vale la pena dejar que alguien más ocupe tu tarea.

Mis días en el instituto pasaron rápido y pronto me estaba graduando ¿Hubiera sido hermoso que sea así no? Pues no, apenas pasaron dos días del viaje a las cabañas, me había vendado un poco la muñeca para tapar las marcas de una violencia, con la cual no puedo explicar, al menos sin que nadie me trate de loco.

A pesar de que mi cordura vaya en decadencia, frente a mis amigos mantenía mi misma actitud amigable y divertida. En la clase de Derecho y Humanidades hice mis habituales anotaciones, escuchaba a un hombre de edad promedia con una igual de promedia barba negra, hablando de derechos y leyes que solo con ver 10 minutos las noticias sabes que no se cumplen. Para mi sorpresa estuve en estado de suspensión durante casi media hora, si no fuera porque Nay chasqueo sus dedos frente a mis ojos como si fuera un hipnotizador liberando a su voluntario experimental. Le dirigí una sonrisa y obtuve otra de ella, nos levantamos y nos juntamos con el resto de nuestros amigos para irnos de allí. A la salida del instituto propusieron ir a un parque de atracciones cerca de allí, a lo cual nadie se negó, ni yo, estar con gente sonaba mil veces mejor que abordar sólo un verdadero tren fantasma. Mi única condición fue que antes de ir pasaría por la iglesia a dejar unas cosas y luego los alcanzaba, Nay se ofreció a acompañarme de manera muy amable y quizá por no parecer un gruñón o un raro cedí a que vaya conmigo. En el camino hablábamos casualmente y algún que otro chiste referido a temas frecuentes, antes de llegar entre a la florería que tanto visitaba, ya que el vendedor sólo con verme me trajo el ramo de preciosas flores amarillas, las cuales nunca me aprendí su nombre, y en el pago de estas me saludo como a un amigo, notándose así la frecuencia con que yo iba. Quizá fue la mirada alegre del vendedor hacia mi al ver que iba con alguien mas, o solo el hecho de saber a dónde nos dirigíamos, pero la caminata estuvo más lúgubre, con un respetado silencio mi amiga seguía a mi lado. Pasamos frente a las puertas de la humilde capilla que aguardaba a la entrada del jardín de los fallecidos, se escuchaba como por dentro entonaban cantos hacia su santidad, probablemente estaban celebrando una misa, «celebrar» una palabra así para algo tan lento, pero bueno, concuerdo en que celebrar algo no es necesariamente algo ruidoso y llamativo. Mis pies iban con naturalidad y casi guiados por un imán entre las placas de nombres clavadas en la tierra viva pero muerta. Al llegar con Kyo le deje sus flores que tanto le gustaban y por un instante sólo sonreía mirando su nombre, Nay hizo lo mismo y puso su mano en mi hombro en señal de apoyo.

—A ella seguro la hace muy feliz que tu la sigas queriendo.

Eso fue lo que me dijo mi compañera, pero solo le di mi amable silencio y una sonrisa. Ojala hubiera podido aclarar tantas cosas, ojala pudiera ser lo que quería ser para ella, y ser la persona que soy ahora por ella.

Nay noto que había una pequeña llave entre los pastos cerca de las flores que deje, la levantó y me aterre al verlas, pero no deje que lo notará, la guardo pensando que podría ser de alguien que la perdió y que según ella traería suerte.

Nuestra tarde se convirtió en noche, por el pasar de mil juegos mecánicos que te hacían girar en todas direcciones, de arriba a abajo, de los lados y dentro de platillos gigantes, uno pensaría que al ser humano le gusta ser revoleado y mareado mediante incontables giros y fuerza bruta de una máquina gigante, aun así no se puede negar que la sensación que te regalan esos malabarismos humanos acompañados de cachetadas del viento a uno lo hacen reírse hasta mas no poder. Comidas llenas de azúcar y más juegos de competencia por un oso de peluche, el cual ninguno de los cinco ganó, así se consumió la tarde, y así fue la señal de que ya cada persona serándeada debía regresar a su hogar. Luego de un saludo y algunas fotos me dirigí a mi casa, al bajar del colectivo la calle vacía y iluminada por faros me esperaba, por suerte nada mas que eso. Introduci la llave y darle dos giros para que la puerta abriera pero esta no cedió, intente forzarla un poco pero no resultaba, me dirigí a la ventana del comedor que estaba en la parte trasera, mi única forma de entrar sería como si fuera a asaltar mi propia casa, y realmente así me sentí… del otro lado del cristal vi a Will sentado con su novia, mirándo el televisor y riéndose mientras se atacaban tiernamente a cosquillas. Me congele, realmente me congele, cada fibra de mi cuerpo quedó paralizada como si la misma Médusa me hubiera petrificado con su mirada. Para empeorar la cosa Will salió de la habitación y dejó a su novia sola un rato, en lo que ella mira a la ventana y me observa algo confundida, intento reaccionar y entrar pero ella se ríe y alcanzó a escuchar que dice : «No me asustes así idiota» su voz desapareció levemente a diferencia de mi entrada brusca, al colarme por la ventana me enrede con algún cable y termine con la cara pegada al suelo, al levantarla no había nadie, ni Will, ni Kyo, solo yo… El verdadero yo, no hay otro así! Repetía esto en mi cabeza constantemente para intentar calmarme a medida que encendía las luces. Fui a revisar porque la puerta no quería abrir, esta vez

estaba del lado de dentro así que vería algo que antes no, al acercarme a la mirilla me encontré con el ojo verde de otra persona que se encontraba del otro lado, del susto caí sentado al suelo, el suelo de piedra y rodeado de pastos bien cortados. Frente a mi; mi casa, sus ventanas del frente y las luces dando su luz desde dentro, y conmigo la oscuridad y la brisa nocturna de una inminente lluvia. Intente abrir la puerta creyendo que volvería a negarse a dejarme entrar, pero no fue así, se abrió normalmente y entre cerrando con llave y acostándome en mi cama, decidido a dormir, y entre mil gotas de sudor y algo de confusión conquiste el sueño. No podía aguantar mi propio cuerpo mojado por la sudoración de mi preocupación, me levanté y con algo de furia tome una ducha, el agua tibia cayendo en mi rostro y mi cuerpo fue algo relajante, tanto que por un momento olvide lo que me asediaba, salí del baño con los pies mojados y tocando yuyos algo crecidos y fríos, y al ver mi habitación, ahí estaba yo durmiendo, sin bañarme, quizá el ruido que hice lo despertó y este dirigió su mirada hacia la puerta en donde yo estaba, rápidamente me oculte en la oscuridad y corrí, volviendo a sentir el pasto en mis pies y chocando con una pared que vaya uno a saber de donde salió. Ese golpe de realidad o no realidad me despertó y dirigí mi mirada hacia la puerta de mi habitación donde me pareció ver a a alguien que se asomo y se oculto en la oscuridad del pasillo, tome una linterna y me acerque a investigar, al llegar al comedor sólo vi a Kyo jugando con goma eva y otros tantos útiles con los que armaba flores artificiales, sin mirarme me pide que le alcance las tijeras, las cuales estaban en mi mano, la misma mano que estaba sosteniendo mi linterna. Le acercó las tijeras y al querer tocar su hombro e intentar exclamar su nombre se deshace en cenizas, dejando sólo en medio de ese polvo una flor amarilla. Mis ojos no podían evitar dejar soltar una lágrima al ver como la perdía de nuevo. Tomó la pequeña rosa amarillenta y súbitamente las luces comienzan a fallar, y alrededor mío, como si fuera una fogata humana, se acomodaron unos cuantos muñecos de trapo a frotar sus manos inexistentes, y yo desesperado en la confusión tome la postura de un feto, teniendo en mi pecho la flor de Kyo, mientras a mi alrededor la oscuridad me consumía.

La vieja historia del castillo y la princesa, las viejas historias del monstruo bajo la cama y nosotros, nuestros miedos a la altura, al mar, a la oscuridad, a confiar en otras personas… Y nosotros, sembrando tanto de nuestro propio veneno en nosotros, que terminamos envenenandonos. Tanto creció ese temible dragón, que al salir de nuestra habitación de confusión y dolor, este se nos revela y nos muestra su forma de héroe, tan valiente y fuerte como nosotros mismos nos construimos después de tanta miseria.

Pero esta vez… Se que si me pierdo en mi castillo será sólo un sueño. Pero esta vez estoy solo y tengo miedo, así que te pido que me rescates de mis pesadillas.

No sé en que momento el dragón y el castillo se convirtieron en una sola cosa, pero mi héroe no puedo ser yo mismo, ya que no pude salvar ni a mi propia princesa.

Los rayos de la mañana alumbran mi cara y al despertar siento la mirada de alguien en la puerta de mi habitación que se esconde rápidamente cuando yo llevo mi mirada allí. Pero mis miedos siempre están conmigo, son parte de nosotros, que mientras miraba el televisor recordaba cada noche con Kyo jugando videojuegos, recuerdo esas noches en vela, recuerdo mi noviazgo con la persona mas dulce que entro a un castillo tan lleno de maldad y vacíos.

Fui a buscar unas últimas cosas a mi habitación cuando vi sobre mi cama una flor amarilla, con la cual debí haber dormido.

*Abrazo oceanico*

Nuestros pensamientos y sentimientos aveces se alejan tanto de nuestra vista que creemos que caen y desaparecen en un vacío de inexistencia, como en la antigüedad la gente veía a los barcos alejarse desde la costa y creían que estos caían al fin del mundo. Pero la realidad de ambos casos es que no se perdieron, que están en una lejana tierra, que llegaron más lejos de nuestros ojos, pero que aún así podemos recuperarlos si nos atrevemos a viajar por ellos.

La vida comenzó, o así dicen, en el agua, pero no me refiero yo a esos seres celulares que evolucionaron con el paso del tiempo. No, yo hablo de nuestra vida como un pequeño charco, o una lágrima, que fue creciendo y creciendo. Podríamos decir que nuestra mente es así, ya que esta crece en conocimientos, recuerdos, funciones, y vida, que como todo océano tiene valientes piratas navegando en nuestra mente, pero que por desgracia estos saquean todo lo que tenemos y se marchan a otras aguas que descubrir. También cada mente tiene un trastorno o un mal dentro, como una criatura marina que si tienes la mala suerte de encontrarte te hundirá y dejara muy dañado. En la inmensidad de nuestro océano, de este lugar tan frío y profundo, que uno nunca sabrá con que se encontrará en el fondo, allí también hay alguien naufragando, somos nosotros.

Nosotros estamos perdidos en nuestra mente, remando apenas con lo que tengamos, y así nos la arreglamos para conquistar cada centímetro de nuestro poderío, aunque nunca lo logremos.

¿Nunca oyeron del triángulo de las Bermudas? O de el Kraken, sirenas y otros tantos misterios que ondean esa capa de agua extensamente infinita. Aveces pienso que todo eso nos espera para que lo descubramos, pero que es un viaje de ida sin retorno, que como en el tan endiablado triángulo, al entrar ya no podamos salir, ya nadie sepa nada de nosotros, ya ni siquiera sabremos donde estamos, o si siquiera estamos.

Ir al punto sin retorno de una persona significa ir a su mismo infierno, y probablemente quedarse en su mundo, y no porque quieras, sino porque ya no puedas salir. Sabios eran los navegantes que para realizar estas travesías en las oscuras y frías aguas consultaban a las estrellas, a seres tan luminosos y bellos, tan altos e inalcanzables.

Mi relación con Kyo siempre fue en buena marcha, realmente no recuerdo una discusión sería, a excepción de la ultima. Siempre estábamos riendo o tonteando, la primavera de la juventud lo ponen así a uno, todos esos sentimientos floreciendo y creciendo, toda esa calidez de encontrarse en el otro, y todo ese afán de querer ser para siempre así. Pero no deberíamos olvidar que el otoño apaga todo este festival de alegrías para abrirle paso a un crudo invierno, un abrazo frío de realidad, un abrazo tan profundo y helado como el océano mismo.

Mi receso escolar ya había comenzado, de hecho comenzó el mismo día en que salimos a ese parque de diversiones, pero olvide mencionarlo. Se comenzaba a sentir la pérdida de calor en el ambiente, y también en los corazones de la gente, como si fuera que nos robará la felicidad. Mi habitual muestra de flores a mi novia se veía también afectada, ya que estas no florecían y solo me sentaba junto a ella en silencio, dejando que el viento me acompañe en mi lúgubre cita. Cerré los ojos como para centrarme en recuerdos y en una paz que el ambiente muerto en silencio te regalaba. Mis ojos ahogados en la oscuridad se sintieron pesados y algo fríos, tan fríos como los brazos que sentí rodeándome desde mi espalda y que en un repentino abrazo me hicieron perder el aire ante tanta agua que me rodeaba. Salí de un río a duras penas y observe lo que me rodeaba, como un hámster al que apresan en una pecera y este inspecciona cada milímetro mientras siente la mirada de seres gigantes y para el intimidante, así me sentía yo, perdido, encerrado y vigilado por algo que me superaba, algo que me tomaba y me dejaba en la pecera que el quisiera, en la jaula que me mereciera. Solo había unos pocos árboles delgado rodeando el río y unos pasos encima pude observar un puente sobre el camino de agua. Para mi suerte era un atardecer apagado, bastante oscuro, pero con luz al fin y al cabo y de eso no podía quejar. Sobre el puente no había nada mas que unos hilos y agujas sobre la barandilla, el viento soplaba fuertemente y el hilo de manera extraña no se volaba. Unos tirones en mi pantalón hacen que miren en mi espalda, pero no había nadie. Nuevamente otros tirones y admire, junto a mis zapatillas, un muñeco de trapo que apenas superaba mi tobillo, este con sus ojos abotonados miraba mi rostro horrorizado. Este escaló Hasta la barandilla y tomó el hilo y la aguja roja y comenzó a caminar hacia la izquierda del puente donde sus semejantes y tétricos compañeros se juntaban en una especie bulto en la tierra.

Esa alarma brusca que te despierta de un sueño, ¿entienden ese sentimiento de arranque no es así? Que te saquen de un agradable sueño para traerte de nuevo a la realidad, a mi me despistó de mi pesadilla que hipnotizaban a mis ojos para que le vea la cara a otra pesadilla más, igual de surrealista. La criatura tan aferrante a mis miedos con sus vendas sucias y su ojo endiabladamente amarillo, tan brillante como un farol, alumbrando mi balsa entrante a un remolinos de torturas hirientes. Clavo sus profundas garras en mis dos hombros y me lanzo con la fuera de diez hombres hacia el ritual de muñecos tejedores. El dolor me consumía y sentía la sangre tibia recorriendo mi cuello y abdomen, intentando retomar la compostura y ponerme de pie pero al momento de sostener mi cuerpo con una mano otra mas salió de el bulto de tierra que rodeaban los trapos vivientes y entrelazo sus dedos con los mios. Era el brazo gris de un cadáver femenino, pero no alcanzaba a ver más de su codo, el resto estaba hundido en la tierra, la tierra que danzaban esos pequeños seres portadores de hilos rojos y con agujas incrustadas en sus pequeñas espaldas. Mi primera reacción fue liberarme de esa pálida mano que me apresaba pero la fuerza aplastante del monstruo de la pudredumbre no me lo permitió, me sostuvo en el suelo mientras los muñecos clavaban sus agujas y cosían cada centímetro de mi mano y dedos a los del cadáver que intentaba escapar de sus raíces. El dolor punzante de cada puntada me hacía gritar y soltar una pobre lágrima que quiso escapar de mi cuerpo curtido en el dolor, sentí como la fuerza del muerto aumentaba y sacaba su cuerpo a la luz, viendo una Kyo zombieficada que me sonreía ruborizada y se acercaba a mi rostro con el suyo cubierto de heridas y piel engrisesida, se acercó hasta llevar sus labios a los mios y sentir su fría saliva mezclarse con la mía, mientras que su otro brazo libre me rodeaba y me abrazaba y me hace a sentir su helada piel. Su cuerpo desnudo, visible sólo hasta la cintura se me aproximaba hasta lo que se le permitía, y sin soltar mi boca los muñecos sellaron nuestro beso en cientos de hiladas rojas para que no nos separarán, y así me hundió en la tierra con ella, en un océano que no era de agua, en un océano que no es océano, pero que era igual de helado que el mismo atlántico.

Abrí mis ojos para verme aún en la tumba de Kyo, y sentir el dolor insoportable de las agujas que no estaban pero se hacían sentir, mi boca y mi mano estaba entumecida y agonizante. De mi boca saquen un pequeño hilo rojo que me dispuse a guardar, me hizo recordar cuando con mi pequeña niña acampamos en una hermosa reserva natural, junto a un río, y ella y yo jugamos con un pacto hermoso de amor, donde dentro de un muñeco de trapos que ella había armado guardamos una carta que cada uno escribió para el otro junto a un mechón de pelo, y cerramos al pequeño hombre cofre con un hilo rojo de amor, que sin importar distancias cruzará hasta el más infinito de los mares y océanos.

*El tren al final*

Una vez escuche de una vieja creencia en donde un tren fantasma pasaba por una estación pérdida en un viejo bosque a recolectar las almas que abandonaron esta vida y se marchaban a quien sabe donde. Y en muchas ocasiones los trenes son metáfora de tantas cosas, como cuando decimos que no perdamos el tren del amor, refiriéndonos a una oportunidad para conquistar la persona que nos tiene locos. Esta anécdota será rápida, como el pasar de un tren, que si lo pierdes no trates de subirte a el, porque te desgarrara la esperanza y te dejará mal herido, tal como lo haría uno real.

Vivir todo esto seria un sueño para Poe, y material de una buena película para algún director retorcido de cine, y aun mas viendo lo que voy a hacer ahora. Es tarde, la luna tiene total dominio de esta ciudad, desterró al sol y protege su reino nocturno con un ejército de estrellas. Frente a mi en una mesa esta la rosa que reencarnó el alma amarilla entre las cenizas de Kyo, atada a ella el hilo rojo que se encontraba en mi boca, y en la mochila en mi espalda un bidón de gasolina. Mis bolsillos sólo estaban llenos por miedo convertido en valor y un encendedor comprado esa misma tarde.
Camine bajo el amparo de una luna llena desde mi casa Hasta llegar a una lejanía en la ciudad donde hay algunos árboles y que al atravesarlos encuentras las vías del tren que pasa por allí sin faltar nunca a sus fieles horarios.
Camine en línea recta por los rieles Hasta llegar a donde unas viejas cintas amarillas de policía se mantenían desgarradas en las ramas y arbustos, trayéndome recuerdos de lo ocurrido ese invierno pasado, que vuelen como el sol luego de una larga noche de oscuridad y tinieblas, vuelve el sol para aclarar todo, lo que vivimos esa noche pasada…

Esta noche estoy con Kyo en unos árboles a unos metros de las vías, ella tiene su cabello largo y negro ondeando en el viento, sentada de frente a mi en los pastos verdes del bosque miniatura. Estábamos hablando de un viaje que ella tendría que hacer, al cual Kyo estaba totalmente en contra, no quería abandonarme, ni yo a ella. Pero por su bien y su futuro creí que seria una gran oportunidad para ella, y si realmente la amo debería dejar que vaya y aspire por un gran futuro, pero lo importante es lo que ella quería.

-¿No me amas? No quiero nada que me parte de tu lado, no importa las oportunidades, si lo que yo quiero es esto no puedes estar en contra. ¿No?

Me recriminaba mi dulce niña con ojos cristalizados por lágrimas que querían salir disparadas pero la fuerza del orgullo las retenían todo lo que podían.

-Por amor es que quiero que tengas lo mejor… – hubiera seguido hablando pero mi novia me corto el habla con un abrazo inesperado, uno que sostenía fuerte con su rostro en mi pecho para ocultar sus lágrimas que finalmente habían escapado.

-Realmente no puedo dejar irte…

Después de todo la pequeña se salio con la suya, y con sus inundados ojos verdes me miró directamente Cómo rogando una señal de promesa eterna. Antes de decir nada la abrace muy fuerte y sentía el aroma de su cabello, la suavidad de sus brazos y el viento relajado acompañándonos.

-¿Aún tienes los muñecos no es así?
Pregunté mirando su mochila marrón gastada, a lo cual asoma su mano y saca un pequeño muñeco de trapo que habíamos hecho el fin de semana pasado en unas cabañas, este contenía dentro dos cartas y un mechón pequeño de nuestro pelo, como su fuéramos brujos que nos atáramos el uno al otro. Bese suave su mejilla y le dije algo que se escapo de mi boca. «Juntos por siempre» fue lo que dije, a lo que ella respondió con una mirada tierna y una sonrisa satisfecha. Tenía en mi bolsillo una sorpresa, un flor amarilla en cristalizada, del tamaño de una goma de borrar, algo precioso que sabía que le encantaría, y así fue, al dárselo su rostro no pudo llenarse de más felicidad, me abrazo y me lleno de besos que tuve que frenar con un ataque de cosquillas donde terminamos rodando en el pasto, a la orilla de la tierra levantada que hacía un mini acantilado de unos metros hacia las vías. Con una cadenita la ayude a colocarse el pendiente en el cuello y me quede encima de ella observándola, como brillaba bajo el brillo de la luna llena y como sus labios me llamaban…
-Will… Te am-
Sus palabras se cortaron por el ruido del tren que se aproximaba y su vibración más nuestro peso hizo colapsar ese pequeño montículo de tierra. Kyo me apartó para que no cayera y yo la sostuve a duras penas a su mano, pero que está se había clavado con las agujas del muñeco que sostenía y que dejó caer junto a las vías. Su mano no resistía el dolor y antes de que pueda sujetarla con mi otra mano se resbaló con su propia sangre y cayó al unisono en que el tren paso.
Will… Fue todo lo que dijo segundos antes de que desapareciera en la luz y el cruzar de ese vehículo fugaz que arrastró su cuerpo cientos de metros de mi, dejándome rastros de sangre y su mano, mi Kyo, estaba desparramada por toda la vía aún cuando el tren paso, mi Kyo solo era una mano y trozos de sangre en mi rostro y en todo el área.
No podía aceptar eso, grite y la llame, estaba horrorizado y junto a las vías con la mano de mi princesa, vi cerca del muñeco en las vías la flor en cristal que le di, rota y bañada en sangre de su dueña, mientras repetía una y otra ves «juntos por siempre, juntos por siempre» con lágrimas que me nublaban la vista y no cesaban de salir. Abrí el vientre del muñeco y con el cristal roto corte mi mano para acompañar la sangre de mi novia en ese regalo y guardarlo en el interior de este trapo humanoide. No se porque lo hago, mi mente esta en shock y ya ni se lo que pienso, solo quiero a mi novia, solo quería eso, pensaba eso mientras oprimía su mano y su juguete en mi pecho.

-Nunca me dejes – dije entre lágrimas y temblores de mi cuerpo.

-Nunca – respondió una voz familiar al mismo tiempo que me abrazo por la espalda y provocó que me desvaneciera perdiendo la conciencia.

Al llegar la policía me despertaron y hicieron mil preguntas, les dije lo de su mano y el muñeco pero dijeron que no encontraron nada de eso, solo el cuerpo de Kyo a 200 metros de donde estaba yo. No fui culpado de homicidio porque el conductor de tren vio como yo intentaba subirla de nuevo y de hecho fue el quién llamó a la policía.

Eso paso aquí hace un tiempo, eso vengo a terminar. Tome una linterna de mi mochila y busque entre las cercanías del riel aquel muñeco que se había llevado mis recuerdos. Escuche unas risas un poco lejos entre los pastos altos que estaban tras pasar las vías y las seguí, alumbrando esos yuyos que alcanzaban mi hombro con su altura, hasta dar con el tan endiablado muñeco lo tome y me asegure que te tuviera lo que yo había dejado, dos mechones, dos cartas y un cristal rojo con una flor dentro. Mire a los lados por si había alguien o algo, no me sorprendía nada a estas alturas. Como no me encontré nada saque el botellón de gasolina y me dispuse a echarlo en el trapo de Recuerdos, pero de entre esos enormes pastizales salieron 5 figuras idénticas entre sí, todas de un ojo amarillo y con vendas y su cuerpo curtido por desgarros y carnes deformes, todas ellas intentaron detenerme al alzarse contra mi, pero esta vez no me ganarían, arroje rápido el combustible y este se desparramo por todo el suelo. Las criaturas me presionaban contra la tierra pero la gasolina ya había llegado hasta mi, solo tome con dificultad el encendedor y lo encendí, sin importarme lo que pasaría, solo Debía terminar esto. Como símbolo de una despedida, quizá, escuché a Kyo llamarme y verla como se me acercaba entre las llamas.

El tren de la vida pasa rápido, pero el de la muerte mas aun, no quieras adelantarte a uno porque encontrarás el otro. Creo que si algo se fue tenemos que entender que ese tren ya esta lejos, quizá vuelva en otra línea, pero deberemos esperar en la estación, solos y aburridos Hasta que llegue, cualquiera que nos deje donde queremos llegar.
Lo que está al final de las vías no se sabe que es, ya que nadie vuelve del tren que te lleva allí, no parece haber un tren de vuelta, el tren de la muerte es unidireccional, solo en una dirección.
Esa noche el tren se retraso por un incendio junto a las vías que correspondían a su recorrido, donde no se encontró nada mas que restos de tela quemada.

Nay esta yendo a mi casa al ver que he desaparecido sin decir nada. ¿Por qué la puerta esta abierta? Eso no importa ella ya entro, ella esta escuchando mi celular sonar como loco, encuentra el mueble en el cual lo encerré, por locuras del destino se le ocurre meter la llave que encontró en el cementerio y al darle dos vueltas abre, ella toma el celular y tiene una llamada pérdida, solo ve una foto de Kyo y Will sentados en un pastizal quemado, abrazados y sonrientes con sus cabezas juntas.
Un mensaje interrumpe su sorpresa, este mensaje para mi amiga:

Will: No puedo salir, no lo pude hacer, ya no se como volver, ¡Ayúdame! [04:23PM 24/ 04/17]

FIN

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