Nada se puede esperar de una pandemia que no sea la muerte y la zozobra que la misma genera. Pero hay cosas que van más allá; la muerte (dolorosa en la mayoría de los casos), nos deja marcados cuando en esta época no puedes ver a tu difunto ya que lo más sano es no hacerlo para no contagiarte, mueres en un hospital público junto con otros tantos que formarán un número y que a su vez serán recordados como el pinchemil números de personas fallecidas por la pandemia en cierto lugar.

Sin embargo la pandemia es un tema que no solo es de salud física, muchos concuerdan en que las medidas que se toman son extremas y en muchos casos te aíslan; y en efecto, nada más cierto que el aislamiento no sólo físico y espacial que ha generado la covid. Ya anteriormente se sabía que en caso de pandemia lo mejor es alejarse de los grupos de contagio y no sobre exponerse. Sin embargo hay algo muy humano en esta actualidad y deriva precisamente del aislamiento. Mientras cuidamos con mucho recelo hasta de elegir a quién le damos los buenos días (no vaya a ser que vuele un salivazo), y preferimos ya no saludar a nadie como medida de precaución. La convivencia digital es lo de ahora, pero realmente no es tan cómoda, y desafortunadamente no todos tiene el acceso a internet.

Sin embargo y cómo lo comenté, el tema de la pandemia es muy humano ya que abarca y abraza muchas de las cuestiones fundamentales para poder vivir en sociedad, algo que por el momento se ve demasiado lejano, (a menos que seas de los que aún no creen que el covid exista); es por ello que la pandemia nos lleva a replantearnos el cómo vamos a vivir de ahora en adelante, ¿será que podamos redefinir la convivencia o pasando este drama seremos los mismos necios de siempre?

El hecho en si de no estar enfermo y tener un trabajo es un gran paliativo para muchos, sin embargo  hay que pensar en aquellos que estando en casa, su situación es meramente de soledad y aburrimiento total una vez pasada la jornada laboral. Podrá parecer menor el tema, sin embargo es una realidad que se asoma y que a su vez, -callada- hace eco en las personas que la están viviendo.

¿Qué hace una persona después de una jornada laboral en casa, donde estuvo sentado en una silla o sillón nada ergonómicos, después de tediosas y aburridas conferencias, (en donde siempre hay que esperar a uno que categóricamente le vale madre nuestro tiempo), y para colmo tener que ver las 24 horas del día tu computadora, esa que recuerda que el trabajo y sus problemas ahora viven con nosotros?

Bueno, pues lo que hace es pasar del escritorio improvisado, al sillón, a seguir valiendo madre viendo netflix y mirando por el celular como algunos «covidiotas» siguen sin respetar no solo los semáforos de la pandemia, sino los de la vida en general.  Y es que la pandemia nos ha restregado en la cara que ella decide y marca tiempos, tiempos que no imaginamos tan cercanos y que nos están acomodando en una realidad que de momento no se vislumbra alegre.

Ahí donde la jornada laboral termina y empieza lo que antes era el regreso a casa en el bendito metro tan lleno de sudor, de malos humores, de rostros cansados y hasta la madre de todo, bueno pues ahora solo sigue un sillón y un cerebro que piensa que chingados hacer con el tiempo que queda libre, no más.

Las redes sociales solo son una utopía de la vida, y el aburrimiento persiste, ¿y si leo?, ¿y si fumo?, ¿y si bebo?; y es que esas actividades de ocio también ya son rutinarias, se acaban las opciones y las horas pasan para completar un repetitivo día. Se asoma una sociedad treintañera de solitarios, de almas sin descendencia, algunos enfermos y con secuelas de un virus devastador aunado a una soledad que deja a un territorio sin hijos, <quién querría un hijo justo ahora, nadie en su sano juicio se apuntaría>. Con el aburrimiento llega la desesperación y la angustia, y de forma inmediata se atraviesa el que hacer, pero no hay mucho que hacer solo que quieras sobrexponerte y ser del grueso número de contagiados.

El aburrimiento es una forma muy onerosa de llamarle al no saber que hacer con el tiempo libre, y bueno, a muchos no nos enseñaron que hacer con el tiempo libre, llámese educación, idiosincrasia o como sea, pero no somos Newton para escribir algo tan pleno en un confinamiento.

Replantearnos, hacer un análisis de conciencia y no salir sin ser necesario se presentan como buenas opciones para que podamos volver a sentirnos libres en el absurdo mundo que ya vivíamos pero en que éramos auto declarados «libres»; aunque nunca supimos si realmente lo fuimos.

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