«APRENDIENDO… APRENDIMOS»

«APRENDIENDO… APRENDIMOS»

Susita

25/10/2020

Amo los niños. Sí. Los amo y los comprendo. Los niños de ayer y los de hoy. 


Los que, como yo en otra época, aumentábamos nuestro cúmulo de conocimientos a pura memoria, con poca o casi ninguna comprensión y con situaciones que no vivenciábamos más que en la imaginación.

Ciudades y países que sabíamos a la perfección ubicar en el mapa, pero que, de seguro jamás conoceríamos. Porque a un avión se subían muy pocos.

Los que tapábamos el cuaderno para que el compañero no nos copiara y así ser el mejor, el primero, el merecedor a fin de año de un «sobresaliente felicitado».

Los que aprendíamos con rigor y corregíamos nuestros errores con castigos, repitiendo cien veces «NO DEBO…..».

Los que íbamos al rincón de espaldas y, por conversar, perdíamos la mejor parte de la clase.

Los que repetíamos como loros lo que estaba en los textos de estudio: libros que conseguían nuestros padres en bibliotecas o con vecinos o…. compraban con mucho esfuerzo y un préstamo especial.

Los que jugábamos a la tradicional escondida, mancha, rueda- rueda, payana y bolita… el elástico, la cuerda y el manchado con pelota. Pero nunca ensuciábamos la túnica ni desatábamos la moña azul.

Los que buscábamos en revistas el «material» para ilustrar con láminas los deberes o calcábamos mapas con disán.

Los que memorizábamos durante horas las tablas de multiplicar que, antes de ir a la escuela debíamos repetirle sin error a mamá. Sólo que, después, en la clase, no sabíamos bien si había que multiplicar o dividir para resolver el problema.

Los que éramos abanderados por nuestras calificaciones en aplicación y conducta. Porque un sobresaliente en conducta lo ganaba el que jamás hablaba ni discutía.


Yo fui maestra y enseñé de otro modo. Evalué con otros códigos. 


No apliqué castigos sino «tareas de reparación » y felicité a los niños que ayudaban a sus compañeros a hacer las tareas.

Investigamos de donde salía el metro y el litro y realizamos ejercicios prácticos de medición para comprender las medidas equivalentes. 

Vimos diapositivas, películas y videos y en lugar de representar el Descubrimiento de América, leímos un historiador que imaginó «Como vieron Europa los indios que llevó Colón»

Cantamos y aprendimos poemas de memoria.

Leímos páginas en voz alta en forma continuada con todos los compañeros.

Buscamos en otros textos los temas de estudio y armamos carteleras en equipo, exponiendo ante la clase todo lo que habíamos investigado.

Fuimos a la feria y al super. Manejamos dinero «de mentira», con billetes y monedas fotocopiados, en situaciones de compra y venta en la clase.

Aprendimos a comprar en cuotas con recargo y manejar tarjetas de crédito. Pero, al contado y por supuesto, siempre aplicábamos descuentos.

Memorizamos las tablas con juegos. Por siete, los precios cuando Blancanieves tenía que regalar a sus enanos, y dividido siete cuando los enanos hacían un merecido regalo a su querida Blancanieves.

Aplicamos la propiedad conmutativa y fue más fácil. Porque 6×5 es igual a 5×6. Tiene el mismo resultado, aunque en realidad, no es lo mismo.

Jugamos y pintamos. Cubrimos la túnica con una camisa vieja de papá antes que seguro se manchara.

Armamos paseos y excursiones con otras clases y con padres que nos acompañaron y vendieron tortas para financiar los gastos.

Y a fin de año, participamos siempre con una gran actuación artística en un festival de toda la escuela.

No aprendieron tanto, pero aprendieron a aprender, a ser buenos compañeros y mejores personas.

Porque el sobresaliente en conducta lo ganaba, el que siempre aportaba a todos con respeto, un comentario con criterio muy personal.

Eso sí. Nos faltó a todos la computadora, la informática y la Internet. En esos mis tiempos, esas herramientas no existían. No las conocí, ni como alumna ni como maestra.

Quizá alguien más joven, alguien de este tiempo, les pueda contar su experiencia.

En estas épocas de pandemia mundial, cierre de fronteras y locales escolares, donde los padres han asumido desde su hogar y empleando su valioso tiempo, la enorme responsabilidad de liderar los procesos educativos de sus hijos, todo aporte docente resultará muy valioso. Por cierto.


Queda aquí, en vuestros comentarios, la posibilidad de hacerlo. Y yo misma, de seguirlos atentamente.

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