Hay un piano, me vigila desde arriba

Y me encanta oírlo sonar bien

Suena bien cuando lo toco

Cuando estoy arriba él no me ve, y yo lo veo todo

Lo oigo sonar hermoso,

Aunque nadie lo oye.

Hay un piano y me castiga desde arriba,

Llegan extranjeros a intentar tocarlo

Y desafinan las cuerdas de mi piano,

Llora, se retuerce y salen notas sin armonía

Tocadas por infantes que se visten de bazofia

Y nunca se ensucian porque ni llegan a tocarla.

Hay un piano colgado a una polea

Del otro lado cuelgo atado al cuello

Y solo respiro cuando llegamos al mismo punto

Y lo afino y lo uso hasta que el sueño me haga colgar de nuevo

El día que él me suelte

Piano y yo caeremos juntos,

Uno destrozara a otro, y los dos moriremos,

Abandonados en aquella oscuridad

Sin nadie atestiguando aquel suicidio.

Sin luz, sin techo, sin comida,

Si los dos pesáramos igual

De tanto excremento cargado encima

La polea se rompe, y con ello sus dos parásitos

Destripados en el suelo, necesitados de un infierno

Putrefactos, sin siquiera moscas orbitándolos

Hay un piano y el frío me hace encontrarlo

Entre más cómodo, más aprieta la soga el pescuezo

Y el llora porque otras manos lo golpean

Lo golpean sin amor, sin desear oírlo,

Esperando que los demás oigan sus golpes vacíos.

Ni se alcanzan a oír ellos mismos

Él es el que sangra cuando estoy cortado,

Él guarda mis órganos.

Yo soy solo piel, y algodón nada más

Yo soy de madera y él es el humano…

Etiquetas: poesia sin rima

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