Te regalé una bonita sonrisa de Joker, mientras tomabas mi pulso, e inyectabas algo en mis venas, parpadeé profundo cuando acabaste. La ambulancia iba rauda, no faltaba mucho para llegar, tu cabello lacio caía sobre tu hombro y el vaivén del vehículo hacía que la luz entrante se reflejara en tu rostro aún de niña. Tu voz parecía algo lejana, sentí como tus suaves manos acariciaban fuertemente mi pecho hasta casi hundirlo, no bastó, buscaste unir tus labios a los míos, no fue necesario hacer nada más, había exhalado el último y único quejido de amor de mi solitaria vida.

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