(Secuencia inédita e inspirada en la obra: D. Juan Tenorio & Doña Inés).

I. (Don Juan)
Mi tan querida señora,
Doña Inés de mi devoción.
¿No sabéis con certeza…
el sentimiento que siento…
exclusivamente por vos?
He llegado a la conclusión,
que deberíais sentiros…
dichosa ante lo dicho,
pues bien sabéis,
que esto que expreso,
no es fruto de…
destemplados delirios,
sino del más puro amor.
No os ofendáis,
avecilla, que revoloteáis
por mi corazón,
pues ni en sueños,
imaginándolo tan siquiera,
contendría este corazón…
la inmensidad oceánica…
de este desbordado amor.

II. (Doña Inés)
Callad, por Dios bendito,
Callad…; no digáis cosas…
tan puras, que luego…
no debáis recordar.
Bien sabe, vuestra merced,
que siempre fui prudente…
en los menesteres del querer.
No es algo que acostumbre,
pues os tengo que confesar,
y con mucho regocijo,
que las pasiones que tuve…
en la religión, fueron
de capillas y ante crucifijos.
Desconozco las artes,
si así os goza llamarlas,
de las cuestiones de amoríos,
que me costare nombrarlas.

III. (Don Juan)
Ni es necesario ni lo exijo…
que pongáis en esos labios,
lo que ya expresa vuestro rostro…
sin que os resulte un agravio.
No estimo que sea pecado,
ni que lo desapruebe Dios…
nuestro Señor,
pues el sentimiento tan puro…
que mantiene animado…
a este inerte trovador,
Estoy convencido, que forma…
parte de su armoniosa creación.

IV. (Doña Inés)
Caballero, Don Juan:
Os ruego que dejéis al margen…
de esta osada conversación,
la santidad inmaculada…
de Nuestro Salvador.
Reconozco, y muy a mi pesar,
que jamás podría disimular,
el sentimiento que me aflora…
por la gallardía…
de vuestras palabras,
sin que lo pueda remediar.
Vos sabéis mi grata entrega…
a la causa de la contemplación.
Quizás sois el mismo diablo…
que me acerca con tizón,
un veneno tan amargo…
para engañar al corazón.
Si así fuere, invoco a Dios.
Que tenga piedad,
de una ingrata sierva…
que a este cepo, se prendió.

V. (Don Juan)
Ya quisiera yo beber de ese…
veneno tan amenazador,
que hace brotar jardines…
cargados de exquisito olor.
No temáis, mi ángel,
que no vengo a arrebataros…
lo que no queráis entregarme.
Tened compasión.
Y no me veáis como un Satán,
pues lo que os brindo…
se asemeja en demasía…
con la felicidad celestial.
No os cerréis…, os lo ruego.
Daos una oportunidad.
El altísimo, ante miles…
de venerables esposas,
no echará en falta una…
que le pueda arrebatar.

VI. (Doña Inés)
Sois obstinado,
como el mar embravecido…
que golpea con sus olas…
a la roca que ha pulido.
Bien sabéis, mi señor,
que es imposible lo nuestro.
Nos separa un abismo…
que tan sólo está unido…
por el hilo del afecto.
Os rogaría que dejarais…
de visitarme al convento.
No es buena cosa.
Las hermanas se sorprenden…
de la ocasional visita…
de un caballero a una religiosa.
Haced vuestra vida, por caridad.
Pero hacedla bien lejos,
que yo pueda descansar.
No me centro en la oración…
pensando en las mieles…
de vuestras melosas palabras.
Será lo mejor para los dos,
si con tierra de por medio,
esto que sentimos, se acaba.

VII. (Don Juan)
Ni muerto desistiré…
ahogando lo que siento.
Si vos queréis pasar a la historia,
siendo una santa o mártir,
no me opondré a ello.
Pero por favor, Doña Inés,
motivo por el que respiro…
que tanta dicha me brinda,
no me pidáis que renuncie…
porque sería traicionero.
Me iré y no me veréis más.
Lo juro por mi ilustre abolengo.
Pero no ansío la felicidad…
si no me la ha de brindar,
la dama que se hallare…
en las paredes de este convento.

VIII. (Doña Inés)
No prolonguéis más esto.
Os lo ruego, marchaos ya.
Solo os deseo que halléis…
la dicha de la felicidad,
en alguna afortunada…
jovenzuela del pueblo.
Me pesa no daros…
lo que en recibo merecéis,
mejor dicho, merecemos.
Pero creed que es lo mejor.
No quiero aventurarme…
por un sendero equivocado…
y de ello, lamentarme.

IX. (Don Juan)
¿De veras me despedís así…
como quien espanta a un perro?
Pues si tan segura estáis…
de tal decisión cobarde,
solo cabe tristemente…
despedirme y asegurarle,
que mis huesos reposarán…
con probabilidad,
en alguna parte.
Adiós, mi bella dama.
Hasta siempre…
mi sueño inalcanzable.
Nos veremos algún día…
en otro favorable instante.

X. (Doña Inés)
Adiós, Don Juan.
Rezaré por vos, como os ruego…
que lo hagáis vuestra merced,
si me queréis con gran empeño,
por esta pobre mujer…
que abandonó sin pensar…
la felicidad de su sueño.

Miguel Ángel de la Cruz Gómez.
Poema Inédito. 2020
Derechos Reservados.

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