Pueblos ancestrales- Viaje a la Patagonia (Argentina)

Pueblos ancestrales- Viaje a la Patagonia (Argentina)

Desde la infancia fueron muchos los veranos llenas de vivencias familiares; Aún sin saberlo, aprendíamos sobre nuestra cultura y la riqueza de las raíces ancestrales. No encontrábamos otro motivo más que disfrutar de la estadía de lo que serían las ceremonias organizadas por mis abuelos.

Para mi familia estos viajes eran frecuentes, nos íbamos al campo de mis abuelos llamado «Ranquil Huao» que está a unos kilómetros de «El Maitén» pueblo conocido en la región por su historia ferroviaria, el turismo y la pesca de alrededor, se ubican dentro del departamento de Cushamen- Chubut, (Patagonia, Argentina).

Durante el mes que habituaba el campo coincidía con la fecha de «El Camaruco»; ceremonia realizada por los pueblos originarios durante Luna Llena, entre los meses de Enero/Febrero. Siempre se intercambia el lugar donde se reúnen, un año es el campo de mis abuelos y el otro en cercanía de Cushamen.

Cuando llega el día, se hace «la junta» donde la gente comienza a llegar al lugar en caballos, en su mayoría manteniendo las tradiciones en vestimenta y recursos: el gaucho con ponchos, boinas, rebenque. Mientras que, las mujeres se asoman con pañuelos en la cabeza, polleras arriba de un pantalón por el frío, también con ponchos y los niños «en anca» (los dos en el mismo caballo). Las personas que se acercan pertenecen al otro grupo de los pueblos que viven en cercanía, y/o los que se enteran por radio y les interesa la ceremonia. Comienzan a hablar en mapudungun para dar inicio al encuentro, se ofrece estadía en cualquier parte del campo para que instalen sus carpas, y se les ofrece comida con total hospitalidad.

Al otro día, se comienza temprano desde 05 a.m proceden a desayunar y trasladarse de a poco con todo el equipamiento al valdío donde se hace dicho evento (queda cerca del lugar y se condiciona para eso). Semanas previas, mi abuela prepara decena de pan casero, mudai (maiz con agua y azúcar), y demás alimentos para pasar dos noches y tres días al intemperie.

La jornada arranca con la ubicación de los carros, algunos trasladados con bueyes y otros con autos, todos se colocan según la bandera de los cabecillas (lideres de los grupos de los pueblos originarios del lugar), y siguiendo esa línea se colocan atrás dejando una distancia prudente, para que en el medio este el banco con las abuelas que hacen tahil (cantos en mapuche) y adelante de las cañas de azúcar que tienen la bandera, se ubican los chicos «peuchens» quiénes suelen ser adolescentes y colaboran con la mayoría de las actividades, y llevan mucho tiempo parados en el sitio.

Durante todo este evento, cualquier persona que se acerque al lugar puede participar siempre con respeto a sus creencias y con vestimenta acordé, o en su defecto que no sea llamativa. Hay momentos de «rogativa» (pedidos a Futa Chao: creador del universo) donde las mujeres lo realizan fumando o tirando con juncos el mudai de una taza, hacia los pozos de las banderas. También otra forma en qué se desarrolla esto, es cuando purruquean todos lo que quieran en ronda (vídeo), acá las mujeres se acompañan entre ellas agarradas de la mano o del brazo, y los hombres se enlazan con un rebenque de mano en mano, y dan un salto característico. Así, en varios momentos del día.

Al amanecer del día siguiente, empieza a sonar la «Chuchuca» como alarma para que toda la gente se despierte, esto a las 05:00 a.m. De esta manera se da comienzo a otro día de actividades; Durante la pausa del mediodía/tarde, ellos consumen asado pero también pueden optar por los guisos a olla que hacen las mujeres desde las carretas, el olor los invita a servirse un plato y disfrutar de ese encuentro, entre charlas y anécdotas. Luego de esto, algunos toman una siesta para descansar y otros aprovechan a buscar más provisiones para el lugar, por ejemplo agua que casi siempre es lo que escasea.

Una multitud se prepara para las carreras de caballos en círculo, es como un juego que se realiza entre varias personas. Al principio es lento, y después es cada vez más rápido y emocionante, hasta el final donde las mujeres le colocan los mudais (cerca de las cañas) y quién cumple la cantidad de vueltas, y llega a ese vaso es el «ganador» del día, un verdadero espectáculo entre polvo de tierra y adrenalina.

Al finalizar, el último día de la ceremonia toda la gente se vuelve a reunir para despedirse en la caña. Los que hablan lo hacen en mapudungun y es el momento donde dicen que actividades fallaron, cuáles faltaron y que esperan que al año siguiente sea mejor. Los abuelos se emocionan y desean que la tradición nunca se termine y los hijos como nietos la continúen.

Todo esto marco el legado mis viajes preferido, y me incentivo a seguir descubriendo cada vez más mis tradiciones, y analizar el porqué de todo lo que hacen. Me gustaría que el país fuera menos injusto para con ellos, en cuánto a los recursos vitales que precisan para subsistir, y por los estereotipos que la gente construye por desconocimiento del tema, y sus condiciones de vida. Todo esto me dio aprendizaje, valores y orgullo por todo lo que son mis abuelos. En definitiva, es una perspectiva diferente de apreciar una estancia campestre!.

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