DRÁCULA, el viaje maldito de Elizabeth

DRÁCULA, el viaje maldito de Elizabeth

Javier Artero

16/06/2018

15 de octubre de 1458, Vlad Tepes, un hombre sincero y caballeroso, duerme en su castillo de lo más frío y entremecedor que podría existir en Rumanía, aquella noche su vida cambiaría para siempre. Vlad Tepes estaba durmiendo con su esposa Elizabeth, una mujer bastante hermosa y guapa, con unos ojos claros de color como el cielo claro.

Ambos estaban dormidos hasta que de repente la ventana de su habitación rompió con mucha fuerza como si algo la hubiera roto sin más, Vlad Tepes no dudó en levantarse e ir corriendo al baúl donde tenía su escopeta de la época, pero fue tal cosa la que entró por la ventana hecha pedazos, que Vlad Tepes tiró la escopeta al suelo de tal temblor que le dio en las manos, que no pudo sostenerla, su esposa, Elizabeth seguía metida en la cama y pegando gritos, pero Vlad Tepes, le gritó:

-¡Elizabeth!, ¡sal de la habitación!, ¡y refúgiate en el salón!.

-¡Sí amor mío!-contestó Elizabeth.

Una vez que Elizabeth se dirigía corriendo hacia la puerta de la habitación, no le dio tiempo a llegar y la bestia le alcanzó, y le mordió en el cuello, y le dejó dos marcas de colmillos llenas de su sangre, la bestia era voladora y era muy peluda, con alas muy frágiles, pero resistibles.

Vlad Tepes, nada más ver aquello, rompió a llorar muy furioso y fue hacia la bestia, pero cometería un gran error, la bestia le mordió también a él, pero lo curioso fue que él no murió, una vez que la bestia hizo eso, se dirigió hacia la ventana y echó a volar lejos. Desde aquella noche nada volvería a ser igual, y Vlad Tepes se haría llamar el Conde Drácula, y se alimentaría todas las noches de la sangre de humanos que habitaban en poblados cercanos a su castillo, y así es como empieza la maldición.

Hasta que un día, una noche de aquellas repeluznantes noches en la que había luna llena, el 22 de enero de 1459, una bandilla de hombres, se ofrecieron al alcalde John Krawn, el alcalde de uno de los poblados más cercanos al castillo de Drácula, se ofrecieron a acabar con Drácula y rescatar a la esposa de uno de ellos, a la que Drácula raptó y se la llevó a su castillo. El hombre tenía esperanza de encontrarla viva, pero estaba preparado para cualquier cosa y los demás se prepararon para el viaje, con armas de balas de plata, ajos, cruces y estacas, el armamento ideal para acabar con un vampiro. Edward, el líder de la banda, les dijo a sus hombres:

-Muchachos, estad listos para la situación a la que nos enfrentamos, estad en alerta, y recordad, tened los ojos bien abiertos.

-Sí Edward, pero ahora vamos al castillo, debemos acabar con ese maldito monstruo, de una vez por todas.

Tenían que recorrer varios kilómetros para llegar al castillo de Drácula, iban con cuatro carruajes con caballos transilvanos, los más veloces de la comarca. Una vez que llegaron al castillo, a sus alrededores, ya que era muy importante que nadie les viera en las puertas del castillo, así que entraron por las alcantarillas. Una vez dentro, llegaron hasta la torre, donde se encontraba la habitación de Drácula.

-Muchachos, estad muy atentos, cualquier cosa podría estar acechándonos, incluso el mismísimo Drácula.

-Sí, Edward.

Abrieron la puerta de la habitación del Conde, y nada más entrar se encontraron al vampiro chupándole la sangre a la mujer de uno de los hombres de la banda, una mujer hermosa y encantadora. No dudó en disparar al vampiro, pero Drácula fue más ágil y rápido que él, y salió volando por la ventana. El pobre hombre se abalanzó sobre su mujer y rompió a llorar diciéndole:

-No amor mío, no me dejes por favor, ¡maldito seas monstruo asqueroso!

Drácula era un vampiro que envejeció por la vida eterna, con muchas arrugas en la cara, pero con el tiempo iba a ser más joven y guapo, algo ancestral y sobrenatural.

Cuando los hombres de Edward iban a abandonar el castillo, Drácula se abalanzó hacia Edward, pero le disparó a tiempo, con balas de plata, disparó y lo mató, y desde que mataron a ese ser demoníaco, no se volvió a saber nada más de él, ya que Edward y su banda lo metieron en el ataúd de su escondrijo del castillo, donde nadie lo encontraría jamás.

En julio de 2015, Elizabeth, una joven de venticuatro años, estaba con sus amigas Helen y Alexandra en un parque de Boston, y a Helen no se le ocurrió otra cosa que proponerles a sus maigas ir de viaje a Transilvania, para visitar el famoso castillo de Drácula. Elizabeth dijo:

-Sí claro, Helen, yo tengo unas ganas de ir a Transilvania increíbles.

-Genial, ya lo he reservado-respondió Helen.

Lo que ninguna de ellas iba a imaginar era el horror por el que iban a pasar.

Llegaron a Rumanía, un taxi del aeropuerto las llevaría al hotel. Helen, sacó tres entradas para pasar cuatro días en el castillo de Drácula.

-¡Buh!, van a ser unos días inolvidables-dijo Alexandra.

De camino al castillo, Elizabeth notaba algo raro, el taxista parecía un zombie, de lo flacucho y pálido que era, y era bastante raro. Al llegar al castillo, los aires eran distintos, habían cuervos en la fachada del castillo y todo lleno de telarañas.

Cuando Elizabeth, Helen y Alexandra entraron al castillo, no había nadie. Al atravesar uno de los pasillos, Elizabeth se fijó en el cuadro de un señor con vestimenta roja, con el pelo largo y castaño, y muy atractivo. Helen le dijo:

-Elizabeth, ese es el Conde Drácula, se llamaba Vlad Tepes.

-Vaya… pues es muy atractivo y seductor.

Cuando avanzaban, Elizabeth se despistó y se metío por una pasarela que llevaba a las catacumbas.

Y al perderse, Helen gritó:

-¡Elizabeth!, ¡dónde estás!

Eso generó que Drácula despertara, al escuchar el nombre de su amada esposa y condenando a Elizabeth para siempre.

Segunda parte, próximamente…

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