Lorenzo y Elena, niños de la industria

Lorenzo y Elena, niños de la industria

Javier Artero

16/09/2018

Barcelona, a mediados del siglo XVIII, una familia humilde, dedicada solamente a la industria, se encontraban en una casa medio en ruinas y como todo, una familia sumergida en la pobreza y en una gran depresión.

-¡Me has hecho de comer!, ¡estoy hambriento!

-Sí Francisco… por favor habla en voz baja, los niños están durmiendo-respondió Marisol, su mujer.

-Cállate, tú no sabes lo que es estar trabajando todo el santo día en la fábrica de carbón, y ahora sirveme la cena, si no quieres que te abofeteé.

-Ya voy…. lo siento….

Cuando Marisol le pone el plato de hervido, Francisco le dice que tendrá que llevarse a los niños con él a trabajar a la fábrica.

-El jefe ha dicho que necesita a niños para trabajar, me voy a llevar a Lorenzo y a Elena.

Marisol tira el vaso de agua que llevaba en la mano y empieza a llorar desesperadamente.

-¿Qué?, ¿cómo?, que son niños Francisco, son pequeños para trabajar.

-¿No lo entiendes?, vivimos de la industria, mañana me los llevaré al trabajo.

Marisol se desmayó al oír decir todo eso, y cómo no, Francisco era tan cerdo que ni siquiera se molestó en llevar a su mujer a la cama. Lorenzo estaba escuchando detrás de la puerta de su habitación todo el tiempo, él acudió a ayudar a su madre.

-Mamá despierta, mamá, por favor escúchame-dijo Lorenzo en voz baja, para no despertar a su hermana.

Lorenzo consiguió despertar a su madre y la ayudó a sentarse en la silla.

-Gracias hijo, siento que hayas tenido que verme así.

-Mamá, yo te quiero-respondió Lorenzo.

-¿Nos has oído hablar antes verdad?

-Sí, tengo miedo mamá, mucho miedo.

-Prometeme una cosa hijo, prometeme que cuidarás a tu hermana.

-Lo haré mamá.

A la mañana siguiente, Francisco preparó a los niños para llevárselos a la fábrica, muy tristes de la incertidumbre del no saber lo que sería todo aquello y lo que harían.

-Hoy será un gran día para vosotros, espero que no me dejéis en evidencia, no me gustaría perder el trabajo por vuestra culpa-dijo Francisco con desprecio hacia sus hijos.

-Sí papá-contestaron Lorenzo y Elena a la vez.

-Portaros bien mis tesoros, obedeced a vuestro padre, y haced todo lo que os digan allí-dijo Marisol.

-Sí mamá, lo haremos-respondió Elena.

Antes de irse a la fábrica, Marisol le suplicó a Francisco que estuviera atentos de ellos.

-Francisco por favor, no los pierdas de vista, tan solo tienen 8 y 7 años, son niños por el amor de Dios.

-¿Cómo?, no pienso quedarme sin trabajo por estos dos mal nacidos, y ahora tira a hacer la comida, llegaré hambriento luego.

Francisco dijo eso y pegó un portazo al cerrar la puerta de su casa. Marisol rompió a llorar después del portazo y empezó a cocinar cómo podía sumergida en la ansiedad y preocupación.

Francisco llegó a la fábrica con sus hijos en media hora, ya que se encontraba en las costas de Barcelona, y una de las fábricas más importantes de Barcelona, ya que Barcelona era una gran e importante ciudad industrial, y de las más potenciales de España en la época.

-Ahora más os vale hacer todo lo que os digan, prtaros bien, no quiero dar mala imagen-le dijo Francsico a sus hijos.

Al instante, se acercaba uno de los encargados de la zona en la que trabajarían los niños.

-Hola Francisco, ya sabes donde está tu puesto, yo me encargo de tus hijos.

Gerardo, el encargado, se los llevó a la tercera planta, donde se encontraban dos niños más como ellos trabajando.

-Aquí es donde trabajaréis todo el día, hacedlo bien, vuestros compañeros os dirán lo que hacemos con los malos trabajadores.

Tras marchar, Lorenzo y Elena observaban cómo trabajaban Fernando y Huertas, los otros dos niños como ellos.

-¿Por qué estáis aquí?, ¿y vuestros padres?, ¿trabajan en la fábrica?-preguntó Lorenzo.

-No, estamos aquí porque somos huérfanos, sobrevivilos cómo podemos-respondió Fernando.

-¿No tenéis padres?, ¿por eso estáis aquí?

-Sí-contestó Huertas.

Justo cuando Elena le iba a preguntar una cosa más a Huertas, Gerardo vió que no estaban trabajando y fue para castigarles.

-¿Qué coño estáis haciendo que no trabajais?, ¡os vais a enterar ratas!

Gerardo los cogió uno por uno tirándoles de las orejas y los encerró a los cuatro en la zona de atrás de la fábrica. Gracias a eso, Lorenzo, Elena, Fernando y Huertas conseguirían escapar de aquel infierno.

-¡Os quedáreis ahí todo lo que queda del día!

Tras decir eso, Gerardo volvió a la zona de trabajo.

-¡Eh!, ¡mirad!, hay un hueco en esa pared donde podemos escapar, detrás de esas cajas de madera-dijo Lorenzo.

-Id vosotros, nosotros no tenemos donde ir, ya no tenemos futuro-dijo Fernando.

-¡No podemos dejaros aquí!, venid con nosotros, nuestra madre nos ayudará para que escapemos de esta maldita ciudad-dijo Elena.

-¡Claro!, ¡vamos!-respondió Lorenzo.

Escaparon muy rápidamente, y poco después, Gerardo fue al patio interior donde los encerró, para llenar un cubo de agua, y enloqueció al ver que los niños se habían escapado.

-¡Maldita sea!, ¡malditos hijos de perra!, ¡se van a enterar!

Los cuatro niños se dirigieron a la casa de Lorenzo y Elena, donde le pedirían ayuda a Marisol. Llamaron a la puerta, y Marisol intuyó que serían sus hijos, ya que les diría que había comprado tres billetes para coger un tren que saldría a medio día.

-¡Hola!, mirad lo que… ¿quiénes sois vosotros?-dijo Marisol al abrir la puerta de su casa.

-Son nuestros amigos mamá, necesitan ayuda, son huérfanos, y en la fábrica los maltratan-respondió Lorenzo.

-Está bien, pasad, os daré bastante comida y agua para el viaje, tomad, tres billetes de tren para ir a Madrid, tened este dinero para comprar un billete más en la estación.

-¿Mamá y que pasa contigo?-preguntó Lorenzo.

-¡Nada!, ¡marchaos!, vuestro padre no tardará en llegar.

Los cuatro niños fueron a la estación, y antes de subir al tren se cogieron los cuatro de la mano y dijeron:

-Con la fuerza de los cuatro, venceremos a la revolución industrial.

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