Tras los primeros rayos de sol, dominando la oscuridad de una larga y fría noche, la vida empezó a despertar,  congregándose en las inmediaciones del parque de alcornocales.

Sobrecogidos, quedaron todos ante la imagen de dos enamorados que habían quedado dormidos al raso del relente nocturno. Sus cuerpos gélidos, estaban cubiertos de una capa de hielo.

Para tratar de sobrevivir a la helada, se habían abrazado el uno al otro, con la intención de calentarse, y dejando a los que observaban, atónitos por mostrar tras el umbral de la muerte, un inmortalizado beso como una instantánea petrificada de dos enamorados que en su rigor mortis, sucumbieron al frío invernal.

Triste y hermoso al mismo tiempo, ver cómo habían sido sorprendidos por la muerte y amarse hasta el último hálito de sus tempranas vidas. Probablemente, sabían que tras esa lúgubre frontera, ellos, seguirían amándose en otra realidad paralela.

El banco donde fueron encontrados, pasó a llamarse por los vecinos de la zona, como «el banco de los enamorados», donde los novios que iban a pasar el tiempo al parque, les dejaba cual una tradición ya, una manta antes de marcharse para que, allá donde se encuentre la pareja, tengan donde guarecerse del frío.

Miguel Ángel de la Cruz Gómez. Poema Inédito. 2021 Derechos Reservados. 


Tu puntuación:

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS